
lunes, 28 de diciembre de 2009
Poemas desde el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda

Poemas desde el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda

lunes, 21 de diciembre de 2009
Poemas desde el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda

sábado, 19 de diciembre de 2009
Poemas desde el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda

viernes, 18 de diciembre de 2009
Anecdotario I
El día estaba hoy tranquilo en el hospital salvo ciertas averías de módulos cansados que de tanta electricidad se me manifestaron de puro agotamiento. Les hice breve declaración de los derechos que no poseían y pronto, cabizbajos, regresaron a su labor continuada contra los incendios. Empezaron a cuadrarse mientras tanto en la mente los dibujos de los que quiero acompañar mis poemas hospitalarios hasta que a mitad de la mañana me llamó uno de mis jefes para que fuera a la cafetería del lugar porque tenía algo que darme. Era la cesta de navidad con sus vinos y sus turrones, sus melocotones y sus cajas de polvorones, sus espárragos y chorizos y otras cajitas tan bonitas que de hermoso embalsamamiento me entra cierta nostalgia su apertura. Me hizo mucha ilusión, es la segunda cesta que recibo en mi vida y siempre la guardo para compartirla con los míos, aquellos de los kilómetros de nuestra distancia, los que, no por ello, respiran junto a mí sincronizados. Le comenté a mi jefe y otros compañeros de trabajo el hecho de que la semana pasada se pusiera en contacto conmigo la redactora jefe del periódico Majadahondahoy interesada en publicarme mis poemas del hospital universitario Puerta de Hierro en su diario. No he accedido aún a la posibilidad pero el hecho de saberlo, no nos vamos a engañar, me hace ilusión; a pesar de los árboles que nunca quise taladrar en mi nombre; yo, el olivo estornino, yo el tronco sin corcho a medio abotargar.
Nada más poner los pies en la calle donde los coches aún mantenían compungidos la escarcha de los fríos, me llaman desde la dirección general de la juventud que ha sustituido las oficinas de artejoven para declararme el encuentro del dossier que hace tiempo entregué para adjudicármelo de nuevo ante la terrible pérdida que ha supuesto que ya la comunidad de Madrid no se preocupe de la extensión de los artistas jóvenes en términos pictóricos, pero sí, menos mal, poéticos. Llego a casa tarde y con el cansancio acumulado de toda la semana. Nada más encender el ordenador encuentro muchas posibilidades poéticas que me encantaría acompañar pero que de puro agotamiento me son imposibles. Me apetece escribir, me apetece dibujar, me apetece hacer todo aquello de lo que hace poco me he desprendido para serme aún más autosuficiente y me culpo de avaricia. Me he dado cuenta en los ocho vértices de mi tristeza alegre de hoy que me estoy dejando robar las inspiraciones, que me estoy permitiendo gratuitamente el desnudo para vestirme de otros ropajes que para nada reconozco y que la pintura ya no es lo que era y que la poesía ya no es lo que era y que el sueño ya no es ni atisbo de lo que fue. Todo eso unido a la marcha de mi compañero de piso que hace poco se me fue se me ha atragantado hasta la médula y casi me echo a llorar con el hambre de los senegaleses y la caída del andamio de todas las patrias neorrabiosas; o sea, de ningún estornudo territorial, y he visto tan de cerca toda la tierra que no me pertenece, he visto tan concretas las banderas que no celebro que me he derrotado en el sofá de todos mis infiernos hasta quedar dormido de tristeza. Nada más sobrevenirme he escuchado la entrevista que le hicieron a Batania en Poetas en el aire, el gran programa vallekano que rescata de los suelos las letras más hermosas y actuales que nos suenan y eso me ha levantado el ánimo. En seguida me he obligado a crear hasta enternecer algo tan hermoso que pudiera derrotarme de nuevo pero esta vez de felicidad. He colocado el Sueño de amor de Liszt tan estridente como para volver locos de amor a todos los vecinos y me he decidido a dibujar. Dibujar es fácil si lo que te motiva rompe con sus cúspides todos los equilibrios y no dudé un instante, elegí a Ivonne.
Ivonne es una chica a la que di clases de Dibujo Técnico el año pasado; relatar el minúsculo encuentro de la primera vez que la vi me llevaría décadas así que me limitaré a decir que contiene en sus ángulos la exquisitez del martillo de Miguel Ángel y que sus ojos guardan los secretos de Leonardo; no estaría de más sumar a los torbellinos que El Bosco enloqueció de Apocalipsis al mirarle la doblez de los labios y que el pelo caído sobre los delgados hombros tiene la textura dorada de Klimt. Y, aunque me quedo pequeño en las exageraciones, debo decir que tan glorioso entusiasmo no podía dejarlo pasar así que me encaminé sin pensarlo en la tarea que supone plasmar tanta belleza en los papeles que tengo vacíos de mí y que, como los módulos incendiarios, se me habían declarado tiempo atrás en huelga de hambre. Para intuirle la silueta es requisito indispensable escuchar la Sonata en claro de luna de Beethoven, y así hice. Para amenazarle las cejas no hay nada como el Summertime de Janis Joplin y quedarán perfectamente perfiladas si además Jimmy Hendrix acompaña con su guitarra. Para sonsacarle los lóbulos de la nariz era imprescindible el Gymnopédie de Satie e imposible tarea la de tararearle el mentón si no es por el All Dressed Up de Damien Rice. Luego están los ojos y para atreverse con tal cosa uno sólo puede armarse de valor dando un largo sorbo al Ribera de Duero mientras suena el Do en Sostenido Menor de Chopin. Los labios son otra cosa, por mucho que se busque no hay melodía capaz de atreverse con tal amenaza, sólo Broken Glass de The Gathering o la canción de la que se acompaña Vukusic en el videobook de Guerra de Identidad: Closer de Kings of Leon, permitieron que el lápiz afilado se adjudicara ciertos aciertos en tal aglomeración. Una vez condensada la inquietud artística en la representación en perspectiva cónica de los rasgos impresionantes de la arquera me decidí a escribir y aquí me tenéis.
Sí, sé que en este momento se está presentando el cuarto número de Pro-vocación en el Bukowski o que Déborah Vukusic seguirá respirando o que el cabronazo del Batania estará maquinando en sus energías los despropósitos de todos los versos que me arruinarán, pero yo me esfuerzo por cosas así, yo soy mi propia pandemia por los contagios que ellos me suponen y pienso adquirir sus edades con los metabolismos que los mantienen en pie. Yo los admiro y un poco, sólo a veces y a través de gente como ellos, me admiro a mí y miro mis lienzos como si verdaderamente fuera yo el que los hubiera trasladado a la planicie, también me levanto de infecciones al reconocerme sustitución de los entrecejos.
La poesía ha vuelto y Batania tiene la culpa.
La pintura ha vuelto y Vukusic ha sido la culpable de la identidad.
Nino ha vuelto y es Ivonne, la Iratxe batánica, la Vukusic croata, la que me usurpa.
Yo sólo encendí el flexo y me dejé rodar.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Peluca

soy agotamiento
y mis recursos rechazan
los trasplantes.
Nos extinguimos
pues toda persona es
unicidad.
Me parece que eso es
estado,
sólo abunda el agua
en lo copulativo.
Aunque rodean a la calvicie
los corros de las alopecias,
la poesía es el sustrato
de lo yermo.
Cada verso
es un cabello
de conquista.
Detesto la caspa de los mapas,
la poesía, la alegría es peluca.
Poemas desde el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda

miércoles, 16 de diciembre de 2009
Aceituna

la aceituna,
el liguero del lienzo por suturas,
la herida del roce del carmín.
Contra todo pronóstico:
el abuelo,
la envoltura que suda los trigueros,
el alma despejada del botín.
Y ante toda macedonia:
la historia
con sus hombres rezumando los barbechos
y sus dientes apretando el carmesí.
El aceite del telón es un teatro
donde vienen a sudar las argollas,
y las mamblas son esteras, son miserias
donde se ocultan las dunas, las lunas.
Y contra todo pronóstico:
el abuelo, el sincero, él,
con su niñez de harina y de cortijo,
con su pobreza de andamiaje sin sartén.
El Jeromo de las mil telenovelas,
el acariciado de látigos, el bestia
de los vinos, el manso de borricos,
el sin velas, el sin ajos ni huevos ni bien.
El de la guerra de todas las ignorancias,
el inocentado a fuerza de almocafres,
el cafre de valentías, el callo de los cayos,
el lacayo del callista, el callado a puntapiés.
Contra todo pronóstico:
el capacho,
el mareo del rodeo de los barros,
el trillo del grillo del revés.
El del hijo minusválido, el de capitana mujer,
el que de corazón celebra los homenajes
a los encajes sin malajes y sin trajes
y dormido oye la hierba crecer.
Contra todo pronóstico:
la aceituna,
condecoración de ladrón de lagunas,
espalda del abuelo de Jaén.
Para mi abuelo, Sebastián Rosa Moya
lunes, 7 de diciembre de 2009
Poemas desde el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda

domingo, 6 de diciembre de 2009
Poemas desde el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda

Una estrella de mar les tapa
la meditación,
no tienen boca ni nariz
los cirujanos.
Con todo
parecen árboles
de Navidad.
Tanto verdor es la menta
de los salidos;
es decir,
de los dados de alta;
es decir,
de los dados que saltan.
Los cubiletes
afilan
los bisturís.
No me cabe el musgo
en la sala de operaciones,
mis cortezas arriendan los belenes,
nada puede hacerse con mi dolor.
Está demasiado extendido,
tengo el corazón enmohecido,
mi pecho es un jardín de champiñones.
Soy el más enfermo
de todos los enfermos
de todas las habitaciones.
Un poema
me recita,
me receta
el doctor.
Un relato: La antena

- Seguro que sha desorientao, deberíamoh acercarnoh pa decirle que eh aquí.
- Sí hombre, se asuhtaría y en la vida me perdería ehto de veh una cigüeña.
- Bueno, noh turnaremoh, ahora tú la mirah un rato y yo te cuento cosah. Luego yo haré lo mihmo. Ademáh eh tu hermano, asín que tú empiezah.
- Venga vale.
Los ojos de Floren se abrieron de tal manera concentrados en la contemplación, que una pequeña brisa de aire se le metió entre las cuencas e hizo que las preciosas esferas coloreadas de miel en su centro se cerraran nerviosamente sin perder en ningún momento la perspectiva hacia la que se orientaban. Era la primera vez que tenía un hermano, estaba deseando de que naciera y, aunque le daba un poco de asco, se prometió que ayudaría a su madre a lamerlo nada más llegar, como había visto hacer a las vacas.
- No sé si sabeh Floren que la cigüeña... bueno... no te lo he contao antes pa que no tasuhteh...
- ¿El qué...? Dime.
- Pueh ná, que la cigüeña eh máh mala que un demonio. Cuando nació mi hermano mi madre daba unoh gritoh que paqué.
- ¿Y eso... por qué gritaba tanto tu mama?
- Se ve que el pájaro pues le coge cariño a loh niñoh que lleva y luego al final se arrepiente.
- Pero... ¿qué mah le da? Si casi tol rato están naciendo chiquilloh en toh laoh.
- Ya, yo que sé, a la vecina le pasó iguah, así que dile a tu madre que cuando venga el Alfonso que grite mucho y veráh cómo el bicho se va pronto.
- Vale, se lo diré.
Floren se levantó dejando a Ace a cargo de la vigilancia. Le daba un poco de apuro acudir al dormitorio de su madre cuando les habían dicho que esperaran en el escalón vigilando a la cigüeña, pero le quedaba la tranquilidad de que su mejor amiga estuviera al tanto de los acontecimientos. Subió tan rápido como pudo las escaleras y cuando alcanzó el último escalón se dio de bruces con su padre.
- ¿Ande vah...? ¿No temoh dicho que te quedeh allí abajo con la Ace?
- Ya papa, pero eh que tengo una cosa mu importante que decihle a la mama.
- Bueno, pueh dímelo a mí, que tu madre está mu nerviosa ehperando con la Catalina.
- Dile que cuando llegue el pájaro que grite, que grite mucho, y que no se preocupe, que como se lleve al niño la Ace y yo noh tiramoh a por ella.
A Sebastián se le quedó una cara entre la risa y la condescendencia, se dio media vuelta mientras con el rabillo del ojo veía a su pequeña dando saltos al compás de sus coletas mientras bajaba los peldaños.
- Floren, Floren... la víhgen, ha pasao un tractoh al lao y ni sasuhtao ni ná. Eh enohme.
- ¿Pero no sa movio...?
- Ni chihpa.
Los ojos oscuros y alargados de Ace se estiraban cada vez más buscando el enfoque que le impidiera perder ni un segundo del punto que vigilaba. No era la primera vez que trabajaba con tanto ahínco en los andamios de su curiosidad; tiempo atrás ya se había embarcado en la búsqueda de satisfacer sus inquietudes, pero era más pequeña y no contaba con la compañía de su amiga, ahora sabía que no se les podía escapar. Las dos estaban nerviosas y contentas, no sólo por la nueva vida con la que podrían jugar a ser madres sino por la ilusión de ver las alas enormes del pájaro que les traería ese nuevo ser.
- Bueno... ¿y cómo se lah apañará la cigüeña pa traeh chiquilloh que ademáh se parecen a sus padreh?
- Anda que tú también... pueh mu fácih, a veh... ¿tú no le pedihte un hermano al niño Jesúh?
- Pueh claro.
- Pueh el niño Jesúh lo ha hecho parecío a tuh padreh. Mi mama dice que mi hermano es igualico que mi papa y que yo me parezco máh a ella.
De repente y a través del portal les llegaron los gritos de Juana, la madre de Floren y ambas se asustaron.
- ¿Véh... ? Con la tontería noh hemoh dehconcentrao y ya no hemoh visto a la cigüeña.
- Siempre me pasa lo mihmo.
Las dos muchachas se asustaron mucho y se dieron la mano, sabían que tenían que seguir las órdenes de los mayores y permanecer a la espera. Aprovecharon para mirar a través de la ventana donde estaba la madre y no vieron nada, luego fijaron sus miradas al cielo pero ni sombra del pájaro. Entonces a Floren le dio por mirar al punto desde donde se alzaba la antena.
- ¡Mira nena! La cigüeña sha ido al mihmo sitio.
- No veah qué rápida.
- El llanto de un niño se expandió a través de toda la casa y el altavoz del portal emitió sus chillidos hacia la calle donde las dos niñas se abrazaron y dieron saltos.
- Lo ha conseguío, mi mama ha gritao tanto que no ha durao ná.
- ¡Qué bien, qué bien, amoh a vehlo!
De pocas zancadas atravesaron la calle, se metieron en la casa y subieron las escaleras. Al abrir la puerta del dormitorio Juana sostenía a un niño empapado en sangre entre sus brazos. Crearon tanto alboroto que los borregos del patio de al lado se pusieron a balar descontrolados dando así la bienvenida al pequeño Alfonso. La madre estaba tan apurada entre sudor que Floren pensó que debió gritar como una descosida y se sintió orgullosa de que venciera al pájaro malhechor. Miraron al niño con los ojos entre la niebla y las ascuas, Se tumbaron en la cama junto a él y empezaron a lamerlo.
- Anda niñah, iroh un rato a la calle, que Juana tiene que dehcansar.
No les gustó mucho la idea pero obedecieron sin rechistar. Regresaron al escalón de sus encuentros y miraron de nuevo el horizonte. La cigüeña seguía en el mismo punto con sus aires de flamenco.
- Nena, ¿tú creeh que querrá venih de nuevo pa llevarse al Alfonso?
- Puede seh.
Y allí quedaron hasta que los ojos se les cayeron de sueño y las cabezas se les juntaron de cansancio en el apoyo de los miedos que compartían. Impasible, la cigüeña ficticia las miraba desde su metálico pedestal. No iban a dejar que les quitaran a su Alfonso.
Tarde, muy tarde las fueron a recoger.
Por la noche soñaron con antenas.
sábado, 5 de diciembre de 2009
Ninorrabioso

jueves, 3 de diciembre de 2009
Poemas desde el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda

A Carlos Muquitay también le importan los pepinos

lunes, 30 de noviembre de 2009
Helicóptero

domingo, 29 de noviembre de 2009
Exposición Houston, tenemos un poema en Centro Cultural Pilar Miró
sábado, 28 de noviembre de 2009
Les importa un pepino

Soy muralla, llevo las pinzas del poema clavadas en el escroto de la desconsideración.
Reconozco el verdor de vuestras manos,
el ronquido de azufre del invernadero,
sé que llenáis hectáreas de plástico
para manteneros en la pobreza.
El vino de la costa adormece el rencor
y aún así madrugáis a las cosechas
y regáis las tierras secas
y de las raíces cuelga el desamparo.
Verde que te quiero paro,
verde el cobre del pepino,
las playas mecen los subsidios
del Motril de los desgarros.
Tanta tonelada sin destino,
y tanto grito jornalero,
las murallas son excesos
del clamor del desatino.
Mirad a los hombres asesinando sus plantas,
con qué gracia acribillan sus regaderas,
fijaos en el aullido imposible de sus pancartas,
sus tractores abren su llanto como la flor.
Si sus kilos ya no son de la peseta,
y el céntimo les place el resquemor
y la mentira se multiplica por cincuenta
y aún así, maldita sea, dan gracias al señor.
Jornaleros de Motril, armaros
más allá de la paciencia,
mirad los surcos de las manos,
armarios, cajones de inocencia,
salid a fuerza de disparos
poned tomates de trincheras
y dadle patadas al señor.
Que aún nos quedan señoricos
que se llenan la barriga de pobrezas,
que se limpian de los dientes las lentejas
que vuestra espalda cultivó.
Y sí, acumulad vuestros años de estrategas,
que se metan los pepinos donde les quepa,
que vuestro silencio les arrugue la corbata
y manchen de justicia vuestra hoz.
Mandad el conformismo a la mierda,
alzad vuestras azadas al hedor,
les importa un pepino vuestra queja
de apocado y derrotado agricultor.
Os reconozco el verdor hermanos,
la estrechez de vuestros bolsillos,
os mando la cúspide, el ánimo
de vuestra pirámide de pepinos.
Y que no desfallezcan los látigos
ni las rebabas
de los cuchillos.
viernes, 27 de noviembre de 2009
jueves, 26 de noviembre de 2009
Terapia
jueves, 19 de noviembre de 2009
Manías

Yo no sé por qué abres los ojos de esa manera,
qué manía por comerme,
qué fijación por el huracán,
qué te habrán hecho a ti las tejas.
Yo no sé por qué ciernes tanto los labios,
qué manía por verme,
qué fijación por la pestaña,
qué te habrá hecho a ti mi boca.
De verdad que no sé por qué no me quieres,
si tienes esa puta manía
de hacerlo y ocultarlo,
qué te habrá hecho a ti mi sangre.
Bébeme
y calla.
Entrevista a Elena Moratalla en Poetas en el Aire

Aquí podéis escuchar la preciosa entrevista que Sebastián Galán y Martín Lozano hacen a Elena Moratalla el jueves 18 de Noviembre en el programa Poetas en el Aire de Radiovallekas. Acompañados por la música de José Luis Pardo, cantautor manchego que hace que la poesía vibre con su guitarra.
A la coordinadora del grupo Poekas, fundadora de TintaViva no le tiembla la voz en su defensa de los espacios que permiten los derroches del poema y sale triunfadora llevando como chaleco su tremenda bondad y simpatía. Un placer y una sonrisa supone escucharla.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
5 dibujos para 5 haikus
El pasado jueves 5 de Noviembre hablé de poesía japonesa en el programa que emito en More than Words, sala de cultura de ozú. Al final del programa prometí regalar un dibujo al mejor Haiku que me llegara, total, que sólo participaron cinco personas y decidí que cada una de ellas recibiera su premio. No son grandes obras, pero lo que importa es el detalle. Los cinco intentos más o menos acertados de Haiku fueron los siguientes:
SIRONA:
Cual serpiente
resbalo por tu piel
amado mío.
MAKEKA:
Sueños ausentes
tus suaves movimientos
en gran desorden.
ALMADELUNA:
Luna callada
perdida en un llanto
cantando al sol.
JADEL:
Entré de noche,
me quedé en silencio,
feliz he sido.
ENTIERRADENADIE:
Alfombra de hojas,
cielo de velo oscuro
eres otoño.
martes, 17 de noviembre de 2009
Atentado

pondrían su foto en las ventanillas,
y los poetas dejarían de escribir
acribillados.
Su ojo vale más que el Machu Picchu,
su estación es un metro sin paradas;
París sin ella es una escoria
y el Prado una colección de sabandijas.
El Tibet existe para escapar de su amenaza,
el Ying y el Yang eran tres pero la retiraron,
la brisa suena como una de sus maldiciones
y ni me hablen de comparar su pelo con el mar.
Y yo no tengo la culpa
de que le hayan puesto
en los labios,
en los radios,
bidones de amonita.
Ni tengo por qué dar las pistas
sobre el paradero del Santo Grial
(que es una, la más triste, de sus bufandas).
Ra era ella una noche de pijama
y La Meca una ceja sin peinar.
Tan guapa que hace que las manzanas
atraviesen las flechas por el corazón
y que sus equivocaciones le pidan perdón
antes incluso de arrollarse.
La bubónica del Decamerón,
la de los grados del cartabón,
la que infringe electrocardiogramas
y los llena de corcheas,
la que cuando toca el piano
es el piano el que la toca;
la clave de sol es su firma
y el eclipse de sol es su enojo
Un ovni es ella y un candil,
al del anís le dijo mono
y lo marcó para siempre,
a mí me dijo hola
y entendí los monumentos.
Tan guapa que mis dos se separaron
y las Kio se doblaron un día que pasaba
ella por su centro,
a los ventrílocuos les duele el ano
desde que los muñecos
probaron sus metralletas.
Y yo no tengo la culpa
de que le hayan puesto
en los cuellos,
en los vuelos,
hexanitrato
de matinol.
Ni tengo por qué saber la forma
de
excomulgarme.
Me basta con saber que el corazón
es el mar rojo que se me abre
con sus dinamitas.
Ella es trilita.
Soy
explosión.
lunes, 16 de noviembre de 2009
Pesadilla

de domesticar la pesadilla,
la cama es una caja de cerillas
y tu cabeza es inflamable
si se raspa.
El despertar es, a veces,
un consolador;
como pasar de la cárcel
al psiquiátrico
o esquivar un tren
para ser arrollado
por manadas de locomotoras.
No hay forma, no,
de calmar la sinopsis
de las camisas de fuerza
en las premisas de fuerza
en los tules maníáticos
de los microscopios.
Por eso sueño con catalejos
y de la herida veo lo grande
que podría haber sido,
del monstruo admito lo increíble
de haberse entrenado
y duermo calentito al aliento
del dragón.
Es que no hay manera, no,
de evitar las vigilias de vaho ferretero,
la tranquilidad del candado abierto,
la asfixia de saberse en otra alambrada
donde se extiende otro campo de candados
donde en cada candado hay otra alambrada
y todo es una náusea de llavero,
ese instrumento pendenciero
que permite perder todas en una
la amistad de las bisagras.
Me calma al menos el universo,
ese saber de galaxias que circulan,
ese sistema planetario que gira,
donde los satélites giran
y las personas giran
y las células giran
y los electrones giran
y los quarks giran
y casi nada es, en serio,
lineal.
Y vivir es eso:
sobreponerse al tiovivo
y dedicar tus lunes
al desmayo.
domingo, 15 de noviembre de 2009
Artificiero
Aníbal Núñez
Tú tienes la culpa de cazar
sin la práctica de la diana,
eres tú quien se arriesga al oso
sin nociones básicas de Mallarmé.
Sin rebajas en tus sucursales
deberías decir poeta el modo
en que el suelo untado cayó
en la periferia de las tostadas.
Cuida y riega tus discursos,
disfraza los geranios de bonsáis,
dile al escaparate las estrías
que confinan tus espejos.
Que no te quejo de egoísta
ni te imploro las beldades,
sólo dime dame el modo, el estandarte
de tu época convulsa.
Vérsame el astro de lo furtivo,
nárrame la casualidad de tu borrico,
la causalidad de su flautista,
qué te hizo sumidero.
Cómo mataste sin mirar
la codorniz,
de qué modo los suburbios
se te edificaron.
Dímelo a la cara,
esbirro de las oportunidades,
cómo con la palabra
te hiciste artificiero.
Crínica filmografía
veo las crines, las lindes
del mar.
Las medusas son
sus amapolas.
No he consumido drogas
si te digo que al viento
abarcas más
que todos los espacios.
La arena es esta piel
que nos destensa.
Yo soy la presa que se apresa,
que, con prisa, se aprisiona.
Me parece que tus olas
no caben en la fotografía,
me encanta la geografía
de los mapas en contornos
que tiemblan si te mueves.
Quieras o no
eres sísmica, fílmica
y yo te capto.
Mi corazón dibuja
electrocardiogramas
con tu nombre.
En tus cines, por tus crines
abarco el mar
en mis pantallas.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Pandemia

el ladrido llano de las cornetas,
el alarido de los toneles sin edad
que envejecen el rol con sus tripas.
Como si fuera justa la calvicie
de lo poco,
yo le sumo la tempestad
de la alondra.
Ese es el argot de los sumisos,
así,
como el terreno que mete su cabeza
en la avestruz.
Por eso reclamo las alquimias
de las pompas de jabón
que se tornan acero
y calmo las alambradas
del telar.
Administrad los corazones de mil hombres
y veréis cómo estornudan su cenizo,
dadles de comer
y sabotearán los rellanos.
La crisis, la tisis, el iris
son la moria grande
de los bidones del rechazo.
Escribid, malditos griposos
del mañana,
ponedle punto y final
a vuestras fiebres,
orfebres, sin pausa,
olvidaros de la poesía
del medallón.
Que sólo nos salve la palabra
y le den por culo a la inyección.
Sin el síndrome de Van Gogh
martes, 10 de noviembre de 2009
Bigfoot

que se da un aire
como de gorila
ninguneando las huestes.
Se conforma con poco
y plantaría patatas
en los pasillos.
Piensa que la tele
es una caja tonta,
que el cine
es una caja grande
por estúpida,
que las cañas
del bar
jamás podrían
corromperlo.
Lo admite con fuerza:
la tele es tan tonta
que ahora ya es sólo
planicie.
Lo miro y sé
que en el zoo
hay animales
más felices,
que las dehesas
y las sabanas
les fueron usurpadas
con menos rencor.
Se conforma con poco,
con tan poco,
que acepta con cortesía
los venenos
y confunde los peluches
con petardas.
El bigfoot era él
una tarde de soslayo.
Sólo en el campo
abre a veces su cola
para mostrarnos
las estrellas.
Tiene el cerebro de Maxwell
y el síndrome de Estocolmo;
su corazón es tan grande
que sólo admite para él
los infartos.
Es tan enorme
que un día un piojo
le dijo que era de su especie
y se lo creyó.
Yo lo miro y sé
que el vino peleón
le sabe a Rioja
y que haría gradas
para animar a los cerdos.
Tal es su longitud
que el mismo piojo le dijo
que las mujeres hermosas
son feas
y dejó de masturbarse.
A veces me mira
y lo llevo al zoo
para que se reconozca
y se pierde en el gris
de los elefantes.
Es tan bueno
que hace de chófer
de los chupópteros
y siempre les deja
propina.
Por mucho que digan
Induráin no tiene tan
grande el corazón,
su latido es un torso
que eyacula.
Juré haberlo visto
atravesar La Castellana
y me llamaron loco
y, por borracho,
anunciaron en las revistas
mis avistamientos.
Ha huido, les dije,
corrompido por su piojo,
tiene rentas en los toldos
pero se afeitará,
creedme, se afeitará.
Y así es como el Bigfoot
se hizo leyenda.
Aguacero

(variación del camión del tapicero)
Atención, atención estrofa,
ha llegado a su beldad
el hedor del aguacero.
Aguamos islas, estertores,
urracas, mellizos,
plañideras, heridas
pus-ilánimes
y toda clase de liendres
y cacerías en mal estado.
No deje pasar
esta vacuidad.
Aguamos en cera,
samurai, tirón de pelo,
de piel y desgana.
Recogemos y entregamos
en su propio torbellino.
Desprecio ergonómico.
lunes, 9 de noviembre de 2009
Diagrama

y los ombligos mordisquean los estómagos,
mastico carbón
y bebo de la copa ancha de la tristeza.
Tengo el hambre de todos los atropellos
y el vacío sublime al que acuden las moscas,
sí, los huesos de mis oídos son silbatos
donde se suicidan los insectos.
En días así adoro las recámaras
y lo áspero se me antoja delicioso,
soy una caja metida en otra caja
metida en el gris de las fotos antiguas.
Los ejércitos de pelusas se santiguan
y mis arterias son el muro de Berlín,
me salen las estrofas movedizas
y todo el escozor es un desagüe.
Que nadie me hable.
El corazón es un diagrama.
Las cabezas son estufas con diadema.
Creo que son obvias las diatribas;
la mueca hoy me queda diagonal.
Me faltan los tiempos, sí,
pero me sobran los días.
Las espadas de corcho se niegan
a desenfundar.