miércoles, 8 de mayo de 2024

Aires sin disculpa





Se arrasan todos los aires

sin disculpa...


Vicente Aleixandre 


Hasta la lentitud la he querido siempre 

de inmediato. Tu carne vieja, tu vida noble

son el secreto naranja de mi obstinación.

Todo lo que te dijeron imposible: ¡alarma!,

lo que no se podía hacer: ¡adelante sin duda!

Pero yo he ido más allá arrasando los lirios 

y las caras invencibles de la expectación.

Ha habido en mis aires languidez y ruina, 

y todo lo que he construido ha sido derrumbe,

pero voy con los ojos perdidos a las azoteas

desde las que diviso mi siguiente perdición.

Ese que veis allí seré yo dentro de un rato

intentando escalar la lluvia, romper el miedo,

rumiar la ira hasta convertirla en mecedora,

vestir de azul ligero el color del abrojo

y modelar poemas en el horno de fundición.





sábado, 27 de abril de 2024

Museo arqueológico













Sobre el cuello llevo una pecera 

llena de ídolos oculados, fíbulas,

ajorcas, ruidos, nombres, dudas

y cabezas llenas de equivocaciones.


Sufro los ataques repentinos

de flechas lanzadas contra el sílex;

camino, respiro profundo y cavo

la fosa profunda en la que duermo.


Tú me dirías: miente y pon almizcle

sobre el timaterio, luce el ámbar

de tu techo artesonado y distrae

la peste con téseras y fusayolas.


Pero yo ardo de verdad cuando grito.

Tú me dirías: cierra tu ungüentario

y esconde la hoja de tu falcata;

pero yo no sé hacer nada salvo sentir.

miércoles, 10 de abril de 2024

SOLO











Estaba solo el día que nací, salí solo

y vine al mundo solo, me abrazó mi madre

estando solo y solo me llevó a su casa

donde me crié irremediablemente solo.


A la escuela fui solo, aprendí solo,

jugaba solo con mis compañeros,

yo era el escondido, solo siempre, solitario,

rezaba solo y pedía a Dios por mí solo.


Crecí más solo que nadie, solo solo,

murió mi amiga y me quedé solo,

me vine a Madrid solo donde nuevamente 

y para variar me encerré y estuve solo.


De todo huí solo, de la soledad solo,

de la compañía, solo, no me gradué solo,

escribí y pinté solo, trabajé solo, enseñé.

Conocí a mi amor solo en la sola tarde.


Me casé solo, me dije: te quiero a ti solo,

y viví feliz solo, en mi casa solo, hablando

cada hora solo, conmigo solo, solísimo.

Decidí tener un hijo solo y solo así llegó.


Planté árboles solo, solo escribí poemas,

solo en las calles y en los bosques,

todos pueden asegurar que estuve solo

y bebí solo y comí frente a mí mismo solo.


Cuando te fuiste estaba solo, era marzo

y vi tus ojos solos mirándome solos, qué solos,

me fui solo y supe que debías marchar sola

y me dejaste solo justo como antes estaba.


Y ahora medito y pienso un miércoles solo,

en la cocina solo, en el parque solo, en la vida.

Me despidieron y estaba solo, me llamaron

y me quedé más solo, aún más todavía.


Me queda la esperanza al menos de lo solo,

de este silencio de uno mismo, el grito solo,

la mudez extrema, el ojo mirándose solo

y ya ni despedirse para quedar, ahora sí: solo.

Una extensa denuncia contra nuestro siglo











—Limpio un poco el polvo —explicó Ignatius al policía—. Además, estoy escribiendo una extensa denuncia contra nuestro siglo. Cuando mi cerebro se agota de sus tareas literarias, suelo hacer salsa de queso.

La conjura de los necios. John Kennedy Toole


Hoy quisiera escribir en los azulejos 

una extensa denuncia contra nuestro siglo,

pintar los bisontes del mañana

con la misma sangre de mi nariz.


Pero estoy callado en la orilla del mundo,

mojo los pies de mi hijo en este nuevo mar...

Hace un mes que la abuela tenía ojos

que me miraban aún desde su cuerpo vencido.


Hoy comprendí una vez más, ¡sorpresa!,

que solo esta belleza no será corrompida,

ellos seguirán moviendo hilos, runas, trizas...

y yo plantaré siete poemas en los bancales

y algo saldrá de ahí quizá mañana, a lo mejor

nunca: solo mi hijo, no nacido de mí,

será lo único que yo deje en la tierra.


Por eso digo que hoy ya he escrito

una extensa denuncia contra los necios,

pintaré las flechas invisibles del cazador

en la frente de la nube alta.


miércoles, 27 de marzo de 2024

La muerte











La muerte no es ni siquiera algo,

no está, no acecha, nada interrumpe,

no ronda ni pasea su hambre fija

por las pieles viejas del abecedario.


La muerte está a todas horas aparecida,

es un invento azul de los destructores,

enciende el candil de las calles y los pinceles

y duerme bocabajo sobre el aliento del niño.


No enseña nada a la persona a que se abraza,

su manto ni despide ni deja un rastro seguible,

su soledad es la soledad misma de lo humano,

creadora de girasoles en un lugar sin estrellas.


La muerte nunca ha estado en nuestros planes,

vino desfigurada en la caravana de los tuertos,

siembra en la boca su árbol naranja de mugres

y dice adiós su garza sin ni siquiera despedirse.


Te llevó una tarde de siestas y brisa amarilla,

a primeros de marzo cuando la flor se enturbia,

tenías los ojos tan abiertos como ella la panza,

te llevó su luna pero yo me quedé aquí contigo.

miércoles, 21 de febrero de 2024

La soledad es una especie de locura
















La soledad acompaña vehementemente. La soledad es una especie de locura.

Cruzeiro Seixas


Me gusta transitar lugares solitarios,

dejar el dolor en los riscos, vaciar

un cuartel de máscaras en el lindero

y esparcir la tristeza: serrín del alma.


Me gusta ir dirección al sol pensando

que en él está mi cabeza, que la luz

es aquello que desgrano, que unos pasos más

y al fin podré pensar de verdad: sin cuerpo.


Pero la realidad es esta ceniza que va cayendo

y voy colocando en almendros y madrigueras;

en algunos nidos encontraréis mi corazón:

altavoz hecho con dientes mellados de aves.


Me gusta, sí, transitar pasillos misteriosos,

mirar hacia atrás y comprender de repente

que Dios hizo inabarcable el universo

para que entrara en él completa mi soledad.

Cabellos que son presidio















La libertad nos dura lo mismo que el salir

entre las piernas de la madre humedecida.

Cada uno de nuestros cabellos son presidio,

cárcel es la boca misma y el pensamiento.


Yo nací en contra de todos los albores,

recorrí los ríos hacia arriba siempre, ¡abajo!

sí, la vida es este origen acostumbrado,

esta encerrona gris de la ciudad perpetua.


No soy mejor porque hayan muerto los amigos

o vea las hoces ya corroídas en la granja,

mi alma es este desgarrarse contra lo blando,

este irse a todas partes con ojos descosidos. 


Por más que me entren cismas por la boca

y aligere el paso de los suicidios bellos,

yo abro temprano la puerta ocre de la algaba

y juego a ser otra cosa, a ser de todo sin mí.