
Estimado Teniente Alcalde del Área de Jáen
en verdad le digo con lustre en el sentido
que no pagaré su multa, astuta,
y que en un verso muy humano recurriré.
¡Muy bien!
Aquel día de sol de Andalucía
aparcaba yo dispuesto, contento
en una calle sin estorbo, sin decoro
y otros coches andaban puestos,
ni siquiera era un arcén.
Con la silla de ruedas de mi tía
ni cinco minutos que tardé,
andaba yo de vuelta y, madre mía,
una multa muy bonita me encontré.
Cuando busqué la señal agazapada
que prohibía que aparcara, rehén
me sentí un momento, estafa
dije, pues un árbol la tapaba
y no hay derecho, mire usted.
Y puesto que nos escribimos cada año,
ya le dije que no haría daño
si el próximo recurso en verso
le mandara yo a su merced,
aquí lo tiene medido y contrapuesto
con la estima que nos caracteriza,
hecho trizas me quedé
cuando me mandara usted
de nuevo la multa con recargo,
qué frío, qué desengaño,
con lo que me esforcé
en el último recurso,
abuso, dije, abuso
y con otra enumeración de leyes,
bueyes, reyes, eyes,
ya lo está viendo, me rayé.
Todavía me acuerdo del agente
dos mil cuatrocientos dieciséis,
un tío fornido, buena gente,
fernando lo llamé, ¿sabéis?
fue él quien me puso el cepo,
metáfora de multa, entiendo
que recaudéis con justicia
mas entended el tormento
que supone acuchillar mi euro
cuando creo y siento
que no es justo el encierro
que me hacéis, ¡olé!
Así que pido clemencia
y no otro recargo del recargo
del recargo de anteayer,
al final me va a costar un pie
y la próxima le contesto en cuadro
la siguiente en melodía de piano
y en la última que mi abuela
se lo diga con crochet.
Venga hombre, no sea malo,
dele recuerdos a Fernando
y contésteme con palabras,
y no con lacras del estruendo.
Teniente Alcalde de Jaén,
altivo en recaudar,
tened piedad,
construya el bien.
Sinceramente suyo,
Pedro Morillas, el esputo,
el rata, el anti-anti-estrés.
Posdata:
Paciencia conmigo, amigo,
sea usted zen.
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