domingo, 28 de octubre de 2012

Batisfera

Se viste y maquilla a los imperios,
su traje es el traje del traje de anteayer
se peina con nada y con nada
pone a la intemperie los zapatos.

Me molesta que sea tan feliz,
a mí que he retorcido el campo
para fustigarme en la ciudad,
me molesta su risa
llena de musculatura
y su agradecido y religioso
corazón.

No tiene nada y llena la alcachofa
de ranchera y el agua de su boca
pareciera provenir del Godavari
y le gusta tanto la lluvia
que toda ella es octubre
cuando en sus piernas
atracan los frutales.

Sólo llora cuando el hermoso mundo
fatiga su engranaje
y siente que no hay absolutamente
nadie capaz de ver como ella
la irascible y brutal
inocencia
de la horda.

Como una sombra
ha plantado en el desierto
jacarandás.

Sus nervios azules ofuscan
la tibia del miedo
y da miedo, de verdad,
su alegría.

Y no tiene nada
salvo la desnutridas fauces
de la espera.

En el inexplicable fatum
de la orquídea de sus
descalzos pies
vivo.

Isel es
mi batisfera.

miércoles, 3 de octubre de 2012

El Discurso

Este es el discurso que leí el pasado 29 de septiembre en el Alcázar de Córdoba con motivo del enlace entre mi hermano Seba y mi cuñada Carolina:

Bueno... a pesar de que aquí cierta novia vestida de blanco se olvidó de felicitarme por mi cumpleaños este año, yo me he acordado de hacer este discurso tal y como me pidieron. Además, me especificaron que hiciera llorar con él y así lo he intentado, así que si alguien no llora desconsoladamente es porque, sencillamente, no tiene corazón.

Parece que cuando nació mi hermano Sebastián tuve celos de él. Y no me extraña, estaba yo tan feliz en mi Mancha Real natal siendo el centro del protagonismo, recibiendo todo tipo de carantoñas cuando llegó otro con quien tenía que compartir mi infancia de rey. En fin... supongo que biológicamente al final supe perdonar su venida al mundo. Recuerdo, eso sí, que la última vez que sentí celos de él fue cuando, estando yo soltero, va a Madrid a hacerme una visita y a presentarme a Carolina. Antes de traerla a mi casa me llamó por teléfono y me dijo: oye, que voy pa Madrid a pasar el finde y que voy con una chavala... Vale, pensé, no tuviste suficiente con nacer a penas dos años después que yo para fastidiarme mi vidorra de consentido, sino que tienes que venir a restregarme que tienes novia antes que yo. Reconozco que fue un golpe bajo pero me alegré por él, sobretodo después de ver a Carolina: guapa, de preciosos ojos marrones, cordobesa, buena persona que se olvida de tu cumpleaños... en fin, que me fastidió enormemente pero me alegré por él, mucho. Sobretodo cuando me di cuenta de que encajaba con ellos, de que podía viajar con ellos e integrarme sin ningún problema, disfrutar de su presencia y de su grata compañía.



No sé si fue en ese primer viaje a Madrid o quizá en el segundo cuando, muy entusiasmado por su venida, les propuse visitar algunos museos de arte, con lo mucho que a mí me gusta y lo solo que me sentía y lo difícil que me resultaba acudir solo. Y así les comenté: venga, chicos, estamos en Madrid, aquí tenemos el Reina Sofía, el Thyssen, el Prado... ¿a cuál preferís que vayamos..? A ninguno, me dijeron, y es que hasta para eso están unidos estos chicos. Bueno, les dije, de todas formas hay otras muchas cosas que hacer, y haciéndome el interesante por el simple hecho de vivir en la capital les comenté que, si querían, podíamos hasta hacer puenting... En fin... podemos ir a pasear en barca en El Retiro, a hacer alpinismo en Guadarrama, a patinar en el palacio de hielo... y son esas cosas que dices sólo por alardear, las dices como si ya las hubieras hecho cuando ni te atreves y el sólo mencionarlas te provoca negación.... pero claro... ¡al palacio de hielo! Dijeron casi al unísono... y así hicimos. Y allí estaba yo, agarrado a la barandilla mientras ellos se deslizaban, hermosos, con un movimiento cinético de perfecta sincronización mientras yo los miraba y maldecía desde mi rincón y ellos se seguían deslizando, cogidos de la mano, a una agradable velocidad a la vez que yo percibía lo bonitos que se les veía juntos, lo hermoso que era tener a alguien, lo adecuados que parecían sus movimientos a la par, cuando, de repente, Carolina, no pudiendo mantener el equilibrio, cayó estrepitosamente de culo sobre la pista. En cuestión de segundos mi hermano la ayudó a levantarse y, unos segundos más tarde, estábamos en la enfermería del lugar. Menos mal que todo quedó en un susto pero imagino que es una buena metáfora del futuro que les espera juntos; pues un momento de pura diversión se tornó de inmediato en preocupación pero fue ésta resuelta muy pronto como parece que serán capaces de afrontar los problemas que se vayan encontrando ahora que han decidido estar juntos siempre.



Conforme fue pasando el tiempo y yo los iba conociendo más me di cuenta de que ambos son, en realidad, una tapadera de sí mismos, una fusión impecable, una optimización de la individualidad. Quiero decir que, después de ir con ellos a Cantabria y pasar una semana que jamás olvidaré, me di cuenta de que, en realidad estuve viajando con una sola persona y fue eso lo que más disfruté. No quiero decir que sólo disfrutara con uno de ellos sino que juntos forman una entidad, una especie de Sebarolina o Carosebastián que, fusionados, conforman un especimen único y maravilloso. Lo siento, pero separados no me gustan tanto, no tienen tanto jugo, que lo tienen, pero no es lo mismo. Cuando Carolina está mi hermano es más gracioso y tiene más entusiasmo y cuando Sebastián está, Carolina es más irónica y más fuerte; a ver, por separado también me gustan... pero no tanto como verlos juntos aquí y ahora.



Uno sólo conoce de verdad a las personas ante las adversidades; me refiero a las adversidades grandes, a las que se escriben con mayúsculas o tienen nombre de enfermedad. No siempre la vida es un camino de rosas que no pinchan. Me refiero a que, por supuesto, nos hemos pinchado en la travesía, me refiero a mí mismo y a los que me rodean; y ahí han estado Sebastián y Carolina los primeros, al pie del cañón, ayudándonos en la guerra hasta vencer a los obstáculos. Jamás les agradeceré lo suficiente el apoyo en las situaciones difíciles, como tampoco les agradeceré lo suficiente la atmósfera de bienestar que crean cuando las rosas deciden ponerse pacíficas y nos dejan gozar de la tranquilidad de siempre.



Bueno... y, ahora, un poco de historia:



El 3 de febrero de 1338 nació Juana I de Castilla, reina de España; ese mismo día, en 1947, nació Paul Auster, novelista estadounidense y en 1978 Daddy Yankee, cantante puertoriqueño; pero lo que es más importante de todo, nació mi hermano, Sebastián, trabajador, guapo, como yo, en algo se me tenía que parecer, buena persona, tanto, tanto, que yo que soy de matemáticas, he calculado que es una cien mil veces mejor que yo. Y a penas diez días más tarde, el 13 de febrero de 1457 nace María de Borgoña, emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico, en 1974 Robbie Williams, cantante británico y en 1984, lo mejor de todo, Carolina, luchadora, trabajadora, entusiasta, guapa, dispuesta a la vida y a afrontarla. Juntos parecieron nacer el 29 de septiembre, bicentésimo septuagésimo segundo día del año, el mismo en que nació en 1522 Miguel Servet, teólogo y científico español o en 1935 Jerry Lee Lewis, cantante estadounidense; un buen día para casarse; el mismo en que en 1924, el astrómo Karl Wilhelm Reinmuth descubre el asteroide Amata; o en 2010 tiene lugar una jornada de huelga general convocada por Comisiones Obreras y UGT. No sé cómo hoy mismo no sale la gente a la calle a celebrar vuestra unión. Yo, por vosotros, estaría en medio del disturbio siendo portavoz de cargas amorosas contra las policiales.



Sólo quiero añadir que Carolina y Seba son personas que han creado su propia unión y su propio lenguaje y, no sólo eso, una sintonía, un dialecto que comparten con los demás; si ahora mismo digo Pitus, o Hagen Dazs, o Jans Trop o Choto con habas, serán ellos los únicos que lo entiendan en el contexto adecuado. Esto es así porque, al igual que las culturas desarrollan sus propios lenguajes en el entorno en el que crecen, ellos mismos han sabido crecer desde sí para completar una entidad única, un país sencillo y singular que se llama Sebastián y Carolina en el que sólo se entienden las nebulosas de sus intimidades y me siento muy orgulloso de participar de él.



Quiero decir, en breves palabras, que os quiero tanto, tanto a los dos, que me cortaría el brazo por vosotros, aunque espero que me queráis a mí en igual medida y lo impidáis antes ser cercenado. Que os añoro tanto siempre que estoy en Madrid que muchas veces deseo regresar a mi Andalucía hermosa para compartirla con vosotros... que os admiro tanto tanto que sólo me deseo a mí mismo la mitad de la felicidad que os mostráis cuando os veo juntos... que os quiero, en serio, tanto tanto, que lo único que quiero para Isel y para mí es una imitación de vosotros, una copia, un reflejo.



Os deseo, de corazón, toda la felicidad del mundo, toda la alegría, todos los sanos hijos, y los buenos momentos, toda la gracia y la armonía que os merecéis.



Como dijo el gran poeta cordobés Luis de Góngora en una de sus famosas Soledades:



Vivid felices -dijo-

largo curso de edad nunca prolijo;

y si prolijo, en nudos amorosos

siempre vivid, esposos.



Os quiero, muchas felicidades.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Presente

No sé qué reloj de pecho
nos soporta la escultura
ni qué pontífice-acordeón
escolta a la muerte.

No sé de los regalos
abiertos sobre los costados
que la peonza advierte
y acumulan en la trastienda.

Sólo sé que la suerte
llega en los siglos del bosón
y que no siempre los ladridos
adornan la cajonera.

Sé que cuando anochece
Isel toda es el neón
de la giratoria ciudad
sin órbita.

Ni sé de qué raza soy,
yo, que me esparzo tanto del hombre
hasta ser su imposible retoño.
No sé por qué tose siempre mi reloj.

Pero sé
que no sé
mi coordenada
y que la distancia
más corta
entre dos puntos
es
el viento.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Dimite Esperanza Aguirre

¡Alegría, alegría!

Ya he dedicado algunos poemas a esta señora, ya nunca más, ninguno más, al fin ha hecho una buena acción dimitiendo.

Espero que sea la primera de muchas, de muchísimas dimisiones.

¡Alegría, alegría, al fin una buena noticia:
cuando el barco se hunde
son las alimañas las primeras en salir,
alegría, alegría!

jueves, 2 de agosto de 2012

Acuérdate

Acuérdate de lo que digo.

Subirá el hombre la larga cuesta de su carne,
arrugado el corazón en el perchero,
puesta en trance, un segundo, la ambición.

Acuérdate.

Subirá la escalinata de su historia
quemando el palio de los maceteros
hasta donde no sea posible retornar.
Ya te lo digo.

Tan alto subirá el hombre
con los ojos rodeados de recreo
con los miedos vacíos de secreto
con la luna abierta a estribor,
que olvidará todas y cada una
de las instrucciones
para empezar
desde el fracaso.

Acuérdate de lo que digo.

Está a punto el hombre de ser nada
y verificar la altura del taxón.

Y olvidado todo quizá
llamará Isel al mundo
y, sin estirpe,
habrá encontrado
su claqueta.

Acuérdate.

Ya me veo parirme,
huérfano de mí,
preparado
para el principio.

martes, 10 de julio de 2012

Un recuerdo y un poema

Una de las últimas veces en que la vi con vida a penas faltaban unas horas para que operaran a Isel. Nos encontramos de casualidad a las puertas del banco. Ella iba a sacar dinero para los libros del niño y nosobros íbamos a ver si, por casualidad, teníamos dinero. Me cogió de las manos, ese fue su único gesto. Ella sabía sin que nadie se lo dijera que yo lo estaba pasando aún peor que la bonita Isel. Mi reacción fue llorar desconsoladamente con un llanto que tenía atragantado. Me gustaría mucho describir ese llanto, de verdad que me gustaría describirlo. Estoy seguro de que todo el mundo tiene algo guardado, no sólo un secreto o una decepción, sino un grito, una locura absolutamente inalcanzable, un poema harto de tanto no decirse... Y os juro que ella se sabía el poema y el grito y la locura, se sabía el dolor. Y allí estábamos, en la calle más innecesaria de Madrid, en el momento más inoportuno; ella con su cabello de niebla y sus muchos años, con su esfuerzo para andar. Y vuelvo a decir que me agarró las manos porque nadie sabe agarrar así las manos; agarrarlas hasta que la carne toda se hace una y me transmitió ese aura de madre infinita, de madre total, esa terrible sensación de estar sostenido por una energía de amor totalitaria que jamás me dejaría escapar. Me miró profundamente y con una seguridad infinita me dijo que ella sabía que todo saldría bien; lo dijo con tanta seguridad que me lo creí hasta el final y así salieron las cosas.




La última vez que la vi estaba consumida por la enfermedad. Estaba en su pequeña casa frente al televisor y con la bomba de oxígeno enchufada. ¿Cómo me ves, Pedro, cómo me ves? Me preguntaba. No pude responder, no pude. Había perdido mucho peso y la dificultad la asfixiaba. Regresé a casa sabiendo que era la última vez que la vería con vida y aguntó hasta el final del curso de los niños, hasta el último día en que estos llegaban a casa para esperar a que sus padres salieran de trabajar, como si quisiera alargar ese momento y terminar debidamente como son siempre los finales maravillosos de todas las madres que aguantan hasta que no pueden más la sacudida de los vientos.



Muchas gracias por las clases del Adrián, está muy contento, todo le ha salido bien. Me decía casi sin poder hablar. Le agarré las manos, esta vez yo mismo y quise llorar otra vez como la última. Sé que ella lloró a su manera pero se hizo la fuerte como era costumbre. La gente así no tiene derecho a morir, la gente así no tiene derecho a morir, me dije con rabia regresando al coche.



Se llamaba María Teresa. Un día perdí a una con quince años y ahora perdí a otra con veintiocho. Era, junto a la primera, una de las mujeres más hermosas que he visto en mi vida. Al final de mi primer llanto por Isel me hizo reír. Ahora, en vez de llorar, de verdad que me gustaría reírme de la vida, reírme sólo para ella, con esa danza macabra que provoca el llanto sonreído. Sólo puedo, desde ahora, brindar para ella desde aquí, esté donde esté, y dedicarle este cochambroso, este insignificante poema. Te quiero mucho, te quiero, María Teresa:



Así como si le hubieran trazado en el centro

una esfera de materna perfección

y fuera el diámetro el viento.



En el pelo los osos blancos danzaban,

en las manos las fallas de la carne

imitaban a los cedros entrelazados.



Sentencias suyas invitaban al silencio

y la esfera se agrandaba según los pasos

que seguían los niños tras la tarde.



Aguantados los afluentes del curso,

en la víspera del oxígeno alterado

sus ojos eran grises antes del azor.



Dijo adiós al verano,

ya descansa en el tiempo.

martes, 26 de junio de 2012

El hombre y la hormiga

El hombre, como la hormiga, se desplaza de forma lineal
formando radiales autopistas donde pueda nutrirse sin desviarse.

Como la hormiga, el hombre guarda para el invierno el fruto de su trabajo
sólo que el invierno del hombre no es una estación sino una trampa.

La hormiga trabaja para su reina como el hombre trabaja para su rey
sólo que la hormiga necesita ser obrera para la reina para sobrevivir
y el hombre necesita ser obrero para que el rey sobreviva
pues, a pesar de la gran capacidad de reproducción del rey de los hombres
se ha demostrado científicamente la inutilidad de su existencia.

Por increíble que resulte que una hormiga sea capaz de levantar veinte veces su peso
más aún cuestra creer el hecho de que un hombre aguante mil veces más
pues es la única especie acosada por sí misma hasta la náusea,
el único capaz de pisotearse hasta la locura,
el único que de tanto levantarse se ha caído, definitivamente, para los otros.

El secreto de la supervivencia de la hormiga es la vida comunitaria,
el hombre, en cambio, para vivir mejor se esparce y se olvida,
dicen que a Karl Marx todo se lo sopló una hormiga,
dicen que el hombre ha hecho grandes planes para destruirse.

Uno de los mayores peligros de las hormigas son los niños cabrones
que afilan la luz con sus lupas sobre la delgada antena de los insectos
hasta que estos arden y huyen despavoridos acortando en pequeño porcentaje
la ya de por sí corta vida de los himenópteros
y no se ha encontrado ninguna diferencia con el hombre
salvo que este se empeña en vivir con las antenas quemadas
tanto como sea necesario confundirse.

Y, a pesar de tanta similitud, todavía nadie ha acordonado la vida de la hormiga
mientras que el hombre, buscando el mismo efecto, creó tesoros increíbles
que valen mucho menos que la diminuta cintura de la pequeña hormiga
de modo que quienes disponen de los mismos gozarán de plena libertad
mientras los demás hombres se disfrazan de hormiga la víspera de los carnavales.

Las hormigas viven en el hormiguero
mientras que el hombre tiene un parking en Callao.

Una y otro tienen un enemigo común
y, por supuesto no se han alineado para cazarlo.

Ambos omnívoros, unas se empeñan en sobrevivir
mientras que el otro se empeña en soportar.

Hay tantas especies de hombres y tantas especies de hormigas
que, juntos, suponen la mayor parte de la biomasa del planeta
de modo que, si uno u otro desaparecieran
variarían unos milímetros los radios de los orbitales.

El caso es que si la hormiga desapareciera estaríamos
un milímetro más lejos del sol
mientras que si el hombre desapareciera
la vida sería absolutamente maravillosa;
salvo que
y, es que si analizamos detenidamente,
si la hormiga es capaz de levantar veinte veces su peso
y el hombre es capaz de levantar mil veces más
entonces bastaría sólo con un grupo de valientes hombres
para coger las inmensas lupas de los niños cabrones
y, haciéndolas retroceder avispadamente
hacer que éstos mueran entre terribles luminiscencias.

Lo que pasa es que,
a diferencia de la hormiga,
que es capaz de sostener con rebeldía
la hoja que aún transporta a la vez que se acercan las pisadas,
el hombre tiene el miedo tatuado
y se esconde entre el hormigón.

Y es que no hacen huelga las hormigas
mientras el hombre se empeña
en hacer huelga de hombre
hasta la muerte.