jueves, 24 de junio de 2010

No lloras


No lloras,
toda la carne te sube arriba
hacia el ojo y cae en cascada
por la córnea
y se deshace en manantiales
donde descansas sobre lenguas
hechas olas de llorar.


No lloras,
es que el mundo se te ha metido
en el ojo y por mucho que soplen
tu ojo tendrá todo un mundo
que le haga llorar,
todo un mundo.


No lloras,
es que es demasiada la alegría
del verano lleno de básculas
y se pasa de rosca la dendrita
del bañista, se pasa de tosca
la almazara.


Lloras, si acaso
porque qué sabrá de ti el diapasón,
porque qué sabrá del alga la corriente.


Lloras
el rugido del eco
en el hueco
de tan callado
y un sinfín de repisas
te desbordan.


Lloras porque en los ojos
aún bailan
los planetas
y en el espacio
hay un niño que se alegra
sin columpios.


Lloras sin llorar
y tienen migas las legañas.


Lloras un espacio-tiempo
de desgana.


Lloras
y
ya.

No esperes que me fie de ti


No esperes que me fie de ti
si no bebes,
si pesas menos de sesenta kilos
si ganas más de tres mil euros
al mes.


No esperes que te aprecie
si tienes un bmw,
si te pasas la vida en youtube
buscando la misma mierda
de canción.


No mereces mi consideración
si te privatizas la metanoia,
si tienes la paranoia
concertada.


No me esperes en los hoteles
llenos de mastodontes
donde para dormir la siesta
hay que ser multigilipollas.


No esperes que te dirija la palabra
si incluyes el hidrógeno en tu dieta,
si dispones de criada, secretaria,
abogada y ni te esfuerzas en cuidarte
el jardín.


Aunque no lo creas no admiro
que hayas perdido la cuenta
de tus zapatos,
que hayas perdido el norte
de tus chalés
o que te haga bien
el spa diario.


No esperes que me fie de ti
si tienes el corazón adosado,
si tienes fijación para el complemento,
si no concibes palmarla sin sentir
la antigravedad.


Hazme un favor y muérete
a la hora del té,
atragantado por una exquisita
pasta francesa.


No te perdono si tienes una tienda
de ropa canina,
ni hablemos de si chiflas por unas tetas
de silicosa resina.


Si quieres sauna lánzate a un volcán.


Te lo pido por favor.


No le busques a estos versos
Moraleja:
para que me fie de ti
sólo tienes que arrasarte.

miércoles, 23 de junio de 2010

Quisiera volver a tener tres años

Quisiera volver a tener tres años
para no ser consciente de nada,
para abrazarme a mi madre
hasta quedarme sin tiempo.

Quisiera volver a tener tres años
para que me golpee la vida con su mesa,
para que me golpee la vida con su silla,
para que me golpee el capricho negado
y llevar tacatá para que la vida no me golpee,
para que no me golpee la vida con su estaca,
para que no me golpee la vida con su traca,
para no explotar por dentro tantas veces.


Quisiera volver a tener tres años
y que todas las piedras estén hechas de caminos
y no encontrarme las rodillas en los cuencos
que no hubieron de darme de comer porque
quisiera volver a tener tres años
y no darme cuenta del abuelo que se ha ido
y no darme cuenta del hombro de la muchacha
que no se da cuenta de que la he dibujado cien veces,
cien veces que no se han dado cuenta
de que quisiera volver a tener tres años
para pintar casas de colores y niños dados de la mano
en lugar de metralletas, en lugar de cuellos
hermosos deseosos de rebanar.


Quisiera volver a tener tres años
para decir agugutata en vez de mierda,
para llorar no poder tener a mi madre en el cartílago,
para llorar no poder tener a mi padre en la uña,
para llorar no poder tener futuro.


Quisiera volver a tener tres años
pero tengo veintiséis
y toda una muerte por delante.


Quisiera volver a tener tres años
para no ser consciente de nada,
para no tener ni las palabras
de la tristeza.

miércoles, 16 de junio de 2010

El gran espectáculo del mundo


Para Ángel Jiménez Medina
Pasen y vean:
el gamo está dormido
y no es ligera palabra el amor.


Pasen y vean:
la muchacha ha encontrado en la báscula
su contento y el novio prefiere sus ruedas
a las pestañas donde sopesan el aljibe.


Pasen y vean:
ha habido un terremoto
y ha sido necesario reunir a los poetas
para que nadie salga de su escombro.


Pasen y vean:
el arqueólogo está buscando
al hombre reciente
y huele a peste su memoria.


Pasen y vean:
la pareja se ha besado con forma de Groenlandia
y traerán hijos desde el hielo.


Pasen y vean:
he comprado palomitas
para ver la guerra entre butacas
y mantener el gesto sin inmutarme.


¡Estáis todos invitados, mirad,
hay una pirotecnia de gente
estallando en la desgana,
al fin estamos juntos para nada,
al fin estamos juntos!


Pasen y vean:
la muchacha está llorando en una esquina
porque va a llover y es una catástrofe
que se le ricen las ilusiones.


Pasen y vean:
hay un joven lleno de palabras
que conciencia a los reptiles
y éstos dormirán sin pausa su conciencia.


Pasen y vean:
a la mujer le ha costado un mes
la suela del zapato y habrá que taconearle
el ojo para que medite.


¡Trampantojo el mundo, trampantojo,
hemos de decidir qué no hacer por la mañana
antes de que hagamos algo en el trastero,
brasero el mundo: brasero!


Pasen y vean:
el ingeniero lleva un casco impoluto
en el túnel que atraviesa su cabeza
y por eso gana más que tú.


Pasen y vean:
la corbata tiene un banquero a juego
con su bolsillo y por eso gana más
que tú.


Pasen y vean:
hay un hombre haciendo malabarismos
con otro hombre y por eso gana más
que él.


¡Todo va bien, todo va bien,
el hocico está callado!


Pasen y vean:
tengo un dolor muy pequeño
que unido a otro dolor muy pequeño
que unido a otro dolor muy pequeño
hace que mi silencio sea gigante.


Pasen y vean
el espectáculo del mundo:
la chincheta está clavada en el techo
con papel.


Pasen y vean
pues tras la sesión
sólo hemos
de arrasarnos.

sábado, 12 de junio de 2010

La puerta Al(h)ámbrica III

Mi querido amigo Ángel me dice que escuche el segundo movimiento del concierto para piano en sol mayor de Ravel y no me avisa de que es necesario vivir en un piso sin ventanas para soportarlo. Las abro todas de par en par y si tuviera un piano en casa lo tocaría en el balcón y yo flotando desde fuera para mojarme. Aprovechando la lluvia creo que deberíamos hacer un recital que se llame EMPAPADOS y que tendría lugar en El Retiro y sólo si llueve, hasta que se nos corra la tinta de los versos y parezcamos fuego que se apaga mientras recitamos. Mojarnos con algo aunque sea físicamente, mojarnos en serio de una vez.
Por lo pronto pinto y escribo a lo Lorca neoyorkino. Va tomando forma y color mi puerta llena de rugidos. Grita tanto por la noche su azulejo, grita tanto por la noche su geometría que ha sido necesario abrazarla antes de dejarla dormir entre los helechos del salón, ha sido necesario. Resulta que me mareo en su ascua pues los rombos cuadráticos se me han ido deformando como por arte de magia hasta llegar a la paloma que buscaba y que se entromete en las alas de otras palomas que se entrometen a su vez en los peces que ya empiezo a visualizar y así hasta los amantes finales que acabarán sus manos en la mirilla. Queda tanto todavía por hacer que me acribillan desde las gradas los meses. Los meses son los hinchas más salvajes del recuerdo. Los meses.
Aprovecho que estoy contento porque ya vinieron mis cuadros de regreso de su cárcel para decirle a mis manos lo que hemos de hacer a partir de ahora. Tienen ocho siglos menos sus falanges y los índices me saben a mora, como si se hubieran hundido en el pastel del tiempo de Granada.
No hay tiempo que perder, ya no pintan, ahora sólo tocan el piano con el pincel.

viernes, 4 de junio de 2010

Ana

Hagamos una historia del próximo cuadro; hagámosla.
Me llama mi amigo José de Granada, me llama a menudo pero esta vez me llama para encargarme un retrato de una amiga que se casa, ¡alegría! De entre todos los tumultos con forma de presente alguien piensa en lo que son capaces de hacer mis manos, ¡alegría!
Digo sí, un sí radical, claro que sí. Me manda las fotos de la chica y la chica es guapa y granadina y es una pena que se case, una pena. Me doy cuenta en los primeros bocetos lo difícil que es pintar a alguien que no conoces, no hay aptitudes tuyas para con el trazo, no se puede ser violento porque no se sabe lo violentos que pueden ser esos ojos, tan poco se puede ser dulce porque a saber el sabor de los párpados; no se puede ser neutro, eso nunca para la nuca, nunca. Yo no he visto el trasluz de ese pelo al viento, yo no he podido contarlo ni volverlo parecido al aliento de un cormorán, no es preciso, yo no sé si se parece a un barco o es más bien un pelo fino, parecido al pincel; ¡a saber, a saber! Y la chica sonríe, sonríe muy bien en todas las fotos, y no sé si es cierto, no sé por qué, no tengo pruebas de nada, yo la miro y sé, porque así es la imaginación, que no sonríe verdaderamente o que lo ha hecho de soslayo o que es su manera de llorar. ¡Reír, reír, hasta ser todo llanto, reír!
Llamo a mi amigo José para interrogarlo, quiero saber hasta qué punto es granadina la chiquilla pues estaba viéndola a través del azulejo, me dice que nada, que nada. Quiero saber hasta qué punto se llena de nostalgia y camina con los brazos abiertos entre los bordillos; y me dice que nada, que nada. Quiero saber si se sorprende llenándose la sorpresa de ojos o si es todo ojos para la sorpresa, me dice que nada, que nada. ¡Debería nadar!, le digo... ¡debería nadar, no hay duda!
Si hay cosas que no se deben preguntar, no lo hagáis.
Entonces al día siguiente llego a casa y recibo la llamada prevista de todos los días. Todos los días alguien me llama. Me llama el silencio, no miento, no miento, me llama la palabra que no se dice. Todos los días cuando llego de trabajar y, no falla, suena el teléfono y no es nadie, sólo una respiración, ya no es silencio, mentí, mentí, pero el silencio también respira, al menos el mío. El eco del silencio suena como respirar. Al principio preguntaba mucho por quién era y todas las frases eran interrogativas, ahora charlamos mucho rato; le digo: ¿Otra vez tú? ¿Qué tal? ¡Lo que te he echado de menos...! … ¿Sí..., no me digas!
Y al silencio lo he llamado Ana.
Hagamos una historia del próximo cuadro: hagámosla.














jueves, 3 de junio de 2010