miércoles 11 de noviembre de 2009

Pandemia

Yo sé bien el gemido de la náusea,
el ladrido llano de las cornetas,
el alarido de los toneles sin edad
que envejecen el rol con sus tripas.

Como si fuera justa la calvicie
de lo poco,
yo le sumo la tempestad
de la alondra.

Ese es el argot de los sumisos,
así,
como el terreno que mete su cabeza
en la avestruz.

Por eso reclamo las alquimias
de las pompas de jabón
que se tornan acero
y calmo las alambradas
del telar.

Administrad los corazones de mil hombres
y veréis cómo estornudan su cenizo,
dadles de comer
y sabotearán los rellanos.

La crisis, la tisis, el iris
son la moria grande
de los bidones del rechazo.

Escribid, malditos griposos
del mañana,
ponedle punto y final
a vuestras fiebres,
orfebres, sin pausa,
olvidaros de la poesía
del medallón.

Que sólo nos salve la palabra
y le den por culo a la inyección.

Sin el síndrome de Van Gogh


Acabo de vender mi primer cuadro, sí, y no he tenido que morir para verlo.

Me alegro, me alegro muchísimo, todas las catástrofes siempre me vienen acompañadas de sorpresas que me hacen el boca a boca sin rechistar.

¡Ole y ole!

martes 10 de noviembre de 2009

Bigfoot

Yo lo miro y sé
que se da un aire
como de gorila
ninguneando las huestes.

Se conforma con poco
y plantaría patatas
en los pasillos.

Piensa que la tele
es una caja tonta,
que el cine
es una caja grande
por estúpida,
que las cañas
del bar
jamás podrían
corromperlo.
Lo admite con fuerza:
la tele es tan tonta
que ahora ya es sólo
planicie.

Lo miro y sé
que en el zoo
hay animales
más felices,
que las dehesas
y las sabanas
les fueron usurpadas
con menos rencor.

Se conforma con poco,
con tan poco,
que acepta con cortesía
los venenos
y confunde los peluches
con petardas.

El bigfoot era él
una tarde de soslayo.
Sólo en el campo
abre a veces su cola
para mostrarnos
las estrellas.

Tiene el cerebro de Maxwell
y el síndrome de Estocolmo;
su corazón es tan grande
que sólo admite para él
los infartos.

Es tan enorme
que un día un piojo
le dijo que era de su especie
y se lo creyó.

Yo lo miro y sé
que el vino peleón
le sabe a Rioja
y que haría gradas
para animar a los cerdos.

Tal es su longitud
que el mismo piojo le dijo
que las mujeres hermosas
son feas
y dejó de masturbarse.

A veces me mira
y lo llevo al zoo
para que se reconozca
y se pierde en el gris
de los elefantes.

Es tan bueno
que hace de chófer
de los chupópteros
y siempre les deja
propina.

Por mucho que digan
Induráin no tiene tan
grande el corazón,
su latido es un torso
que eyacula.

Juré haberlo visto
atravesar La Castellana
y me llamaron loco
y, por borracho,
anunciaron en las revistas
mis avistamientos.

Ha huido, les dije,
corrompido por su piojo,
tiene rentas en los toldos
pero se afeitará,
creedme, se afeitará.

Y así es como el Bigfoot
se hizo leyenda.

Aguacero


(variación del camión del tapicero)

Atención, atención estrofa,
ha llegado a su beldad
el hedor del aguacero.

Aguamos islas, estertores,
urracas, mellizos,
plañideras, heridas
pus-ilánimes
y toda clase de liendres
y cacerías en mal estado.

No deje pasar
esta vacuidad.

Aguamos en cera,
samurai, tirón de pelo,
de piel y desgana.

Recogemos y entregamos
en su propio torbellino.

Desprecio ergonómico.

lunes 9 de noviembre de 2009

Diagrama

Anatómicamente la sangre se hace hiena
y los ombligos mordisquean los estómagos,
mastico carbón
y bebo de la copa ancha de la tristeza.

Tengo el hambre de todos los atropellos
y el vacío sublime al que acuden las moscas,
sí, los huesos de mis oídos son silbatos
donde se suicidan los insectos.

En días así adoro las recámaras
y lo áspero se me antoja delicioso,
soy una caja metida en otra caja
metida en el gris de las fotos antiguas.

Los ejércitos de pelusas se santiguan
y mis arterias son el muro de Berlín,
me salen las estrofas movedizas
y todo el escozor es un desagüe.

Que nadie me hable.

El corazón es un diagrama.
Las cabezas son estufas con diadema.
Creo que son obvias las diatribas;
la mueca hoy me queda diagonal.

Me faltan los tiempos, sí,
pero me sobran los días.
Las espadas de corcho se niegan
a desenfundar.

viernes 6 de noviembre de 2009

Exposición Houston, tenemos un poema, en Centro Cultural Paco Rabal







jueves 5 de noviembre de 2009

Saltimbanqui


La sala está tan vacía
que se oyen coser
los forúnculos.

Pase, es sencillo,
demuestre en diez minutos
su vida de pensamientos.

Como si el mar
sólo fuera
arrecifes.

Ahora dígame su nombre
y su edad
puto saltimbanqui.

Qué experiencia tiene
en electromagnetismo.
Por favor, sea tiza.

Y tú allí como un subnormal
derrochándole a los letreros
sus avisos.

Una función es una correspondencia
¿unívoca o biunívoca?
Es unívoca, hijo de puta.

Y le digo que las asíntotas
son un amor imposible
y ya: le llamaremos.

Debí llenar la pizarra de omegas
y hacerme ininteligible.
Decir: sí.

Lleva usted razón,
granoblásticamente el mar
es una avutarda sin enseres.

Y una vaca es un vector,
y el prado rezuma
circunferencias.

Dejarlo bien claro:
existe un camino más sencillo
pero atraviese usted la catarsis.

Le haremos una segunda prueba,
nos gustó el numerito de sus derivadas,
repase usted a Fourier.

Y ya está, tú sí que sirves,
regrese de nuevo para divertirnos,
puto saltimbanqui.

Y, en el metro,
le digo no a los abordajes
y me sale un haiku:

No eres más que eso,
diez minutos de nada
en la entrevista.