viernes, 16 de diciembre de 2011

Maternidad

Llora porque ya no puede
darse la vuelta
y vivir en su útero,
porque no crecerá en su espacio
una sucesión de moléculas
que le digan: mamá.



Y es feliz, no se crean,
sólo que, y últimamente
con más frecuencia,
llora porque vive con el cuerpo
en las nubes,
porque se le ha negado
una barriga cósmica
en torno a la cual
giren los objetos,
porque en el vientre
luce una hermosa
cicatriz.




En cambio, la mayor parte
del tiempo
sonríe
y cuando
sonríe
las estrellas juegan a la comba
y la madera del sofá se vuelve violín
y en los tendales, el viento toca
la música de los desiertos.




Sí, pues claro que llora
pero cuando sonríe,
Dios mío, la tierra se abre
y empiezan a salir amapolas de su sien,
y el mar danza su aluminio con la caña
y hay un no sé qué de pan en los trigales,
un no sé qué de luz en la guerra.




Si pudiérais verlo,
en serio,
cuando sonríe
le sale musgo a la ciudad
y las macetas discuten con pétalos de risa
y yo tengo que llorar hasta quedarme
dormido porque cuando sonríe
los hules hablan con las cortinas
y la noche se abre como si
la luna enseñara su teatro
y entiendo el hermoso lenguaje
de las ratas.




Algo así como
si cuando sonriera
pariera el mundo
su propia
maternidad.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Extranjero

Tú, hermano,
que guardas en una taza las legañas de anteayer
y de la luz cuentas los fotones que en un esfuerzo
infrahumano podrías ahorrarte
desechando el promontorio
duermes, a oscuras, en un sueño de guineo
sustituido ahora por asfalto.

Tú, extranjero,
que te has subido a este barco lleno de parches
del que aún se empeñan en el flote
(como si el empuje fuera posible para levantar
un desague articulado)
pensabas que habría aquí jardines
diferentes del retal.

Sí, tú, diplomado,
en no sé qué república constrictiva
venido a donde no convalidan ni la raza
colocado en una cola hasta arriba de colisiones
aún esperas no sé qué ruleta de espuma
que te devuelva al mar donde había
un verde más caluroso que el verano.

Y yo, que te miro
y te acompaño en las absurdas burocracias
y en el sprint final de la hamburguesa,
que soy tan alto como tú y tan parecido,
que me bebo el primer calostro de tu desgana
e imagino cómo sería yo con tu escofieta,
cómo quedarían mis pies ante tu historia.

Yo, que te he abierto mi puerta
de ver tantas tan hermosas y cerradas,
que he empadronado en mi vida tu perdición,
reniego de mi casa, de mi calle, de mi barrio,
de toda unión ficticia del ecosistema
y me declaro a mí mismo territorio,
eso es, extranjero como tú, extranjero.

jueves, 17 de noviembre de 2011

lunes, 14 de noviembre de 2011

Currículum



Me llamo Poeta
y nací en un bullicio
deshabitado.


Me criaron
entre feroces mentiras
que me hicieron creer
que yo nací aquí
y era esto y solo esto
el carruaje.




Huí sin ruedas
para vaciar
la carga
del reloj.


Habito en mi volumen
de sangre
y, con ella,
hago que se sonroje el día
cada vez
que pienso,
por eso los días me habitan
sin que pise yo
las calles.


Experto en nada,
le pinto las uñas
al viento hasta hacerlo
desaparecer.


Claro
que no domino
los idiomas,
el único idioma
que entiendo
juega al dominó
consigo mismo
sin ganar
ni perder
nunca.


He hecho prácticas
en algunas mujeres
que aprendieron a odiarme
antes que yo a ellas
y me hicieron
olvidar
el experimento.


Luego estudié en Isel
y aprobé en Isel
y me especialicé
en la llaga de su verbo
hasta sacar matrícula
de amor.


Sé conducir
sin desplazarme.


Me llamo Poeta.


Sólo sé escribir
mi currículum
una y otra vez
e inflarlo.

lunes, 7 de noviembre de 2011

El jardín

Nací en un jardín.


Me dijeron que si me esforzaba yo podría ser la flor que quisiera. Me dijeron que las flores de al lado del estanque nacieron allí de casualidad.


Me dijeron que hay flores que tienen el color que quieren porque así es la vida. Yo estaba en el lugar de las flores que se esfuerzan por teñirse y, a veces, se aguantan si se acumula el pardo.


Las flores de al lado del estanque no tenían que llorar para crecer. Mis vecinas y yo alargábamos la cabeza hacia la luz y soñábamos cada vez que quedaba un hueco al lado del estanque.


Siempre he vivido al lado de las flores que crecen milagrosamente en el borde del jardín.


He conocido a flores que estudiaron para ser orquídeas y se quedaron en amapola,
he conocido a flores que sólo conocen el otoño.


Me dijeron que llovería en septiembre y podría ser narciso o gladiolo. Me enseñaron que no todo el mundo vale para ser clavel. Reconozco que yo quería ser narciso porque ví a otros narcisos de mi lado a los que todo el mundo agradecía el color.


Nunca he sabido ser un narciso.


Dejó de interesarme la botánica, lo reconozco, nunca ha sido mi fuerte la especialización. Empecé, en cambio, a solidarizarme con las flores más tristes del lugar donde siempre era invierno, donde no existe el trébol de cuatro hojas.


Vinieron los jardineros para quitarnos de allí y poner a las flores que ya no cabían en el estanque.


Seguimos creciendo, creo, en la maleza.


Nací en un jardín reservado.


Aprendí que mis estambres tenían un límite, que estaba calibrada la corola, que, en cualquier momento podrían arrancarme si no le echaba narices al rosal.


Soy una flor fea y numerosa a merced de los insectos.

Nunca estaré en una floristería.


Visto de lejos,
el campo se parece
a mí.

viernes, 21 de octubre de 2011

Fiesta

A Shostakovich

Los ojos pueden desnucarse
si la belleza es descomunal.
Sí, la poesía puede llegar
allí donde no puede el Hubble.

Tenemos suerte
los que vemos respirar al clarín,
tenemos suerte
los que capaces somos de llorar
cuando el otoño
atraganta
los escenarios.

Todas las cosas
tienen guitas de las que tirar
hasta dar con la proeza.
¡En todos los callejones
hay una noche hermosa
que respira!

A mi lado,
a tu lado,
a su lado
hay una alegría ortogonal
colgando de la lámpara
esperando a que la siesta
traslade los sinfines.

Debajo de las piedras
hay una música dormida,
debajo de la música
los peñedos
bloquean las estaciones.

Subido al arpa,
(el arpa apoyada en el hombro de Isel)
dejo que todos los seres del mundo
me atropellen,
permito
que los pentagramas me esnifen,
que las caderas me sustraigan,
que me haga la vida
una transfusión de flores,
que confluyan
en mi cuerpo
los somníferos
orbitales
y
escuche
la hoz
de los planetas.

Sí,
pueden las arterias
descoyuntarse
ante una sobredosis
de veleidad.

Se puede caer enfermo
de concordia
y se puede mirar a la cara
a la prodigiosa luz
de los esfuerzos.

La poesía es una fiesta
donde fluctúa el equilibrio
y el poeta salta a ella
en trampolín.

jueves, 20 de octubre de 2011

Reencuentro con Poekas

Poekas: menudo grupo. Hay que ser estúpido para permitirse estar así como un año sin saber nada de ellos; siguiéndolos sólo en las breves referencias que Elena cuelga en el blog y poco más. Sí, hay que ser muy tonto y yo lo he sido este tiempo. Entregado al trabajo como si sólo eso existiera, amargado con las cuentas para que todo cuadrara, animando a Isel a acaparar el mundo con nuestra resistencia abnegada y feroz al sistema. Menuda estupidez.



Menos mal que hoy, 20 de Octubre y cumpleaños de uno de ellos: Alberto Yago, me reencuentro con ellos. No esperaba grandes cambios, en el sentido de que los integrantes de Poekas ya eran grandes cuando los conocía y seguían así enormes, tremendos desde su sencillez. Daban un recital en el aula magna del edificio del rectorado de la universidad Carlos III de Getafe en homenaje a Gabriel Celaya. Seguían siendo espontáneos, concisos, breves y mantenían esa pasión a la poesía; pasión que arrastran desde hace cinco años ya y que mantienen como si hubieran empezado ayer, sin rendirse aunque el tamaño del lugar hiciera tan pequeña a la veintena de receptores que estaban sentados a la escucha de los versos.




Fugazmente los saludé a todos y me senté a su lado, con los poemas que nos habíamos repartido del maestro. Llegué tarde al evento porque me perdí pero allí estaban esperándome. Un chico, Jorge, ya estaba a la guitarra esperando acompañar a las palabras previamente escritas y que nosotros leeríamos después. A Isel la tenía justo enfrente pero varias filas por detrás de todos. Una rápida mirada bastaba para que yo pudiera encontrar el mundo en aquella cosmogonía.
Empezó José Antonio haciendo una breve introducción y poniendo en su boca los versos de Celaya. Siguieron Elena Moratalla, Alberto Yago, Maribel Alonso, Martín Lozano y finalmente yo mismo leí otros tres poemas. A continuación se puso un vídeo que José Antonio ya preparó para un homenaje anterior al poeta y terminamos en un pequeño aplauso que nos reunió a todos en el centro del escenario para tomar una foto que inmortalizara el momento.




Cada poema tomó vida propia en la boca de cada uno. Poesía, sociedad anónima quedaba perfecto en la voz de José Antonio, Elena Moratalla triunfó con ese carácter suyo y esa dulce voz al leer Biografía donde se resume la vida del poeta. Alberto Yago ya fue aplaudido desde el principio porque un año más pasaba por sus ojos y le quedó impecable La felicidad, ese pecado, a él que es un hombre optimista y alegre. Maribel Alonso dramatizó algunos de los pasajes en prosa que dejó escritos Celaya y aportó algunas ideas que recaudó sobre el poeta en las noches anteriores. Martín Lozano estuvo cercano y permitió sacar alguna carcajada; me gustó mucho que dijera que de haber seguido vivo hoy el homenajeado estaría con los indignados, en el mismo epicentro de su causa gritando al aire sus versos. Yo leí, entre otros: La vergüenza de ser feliz, un poema al que siempre le he tenido mucho cariño.




Después seguimos hablando a la salida. Alberto Yago me dejó sus últimos versos para que les echara un vistazo, esperando de mí una opinión sincera que le daré encantado. Quedamos para el próximo martes, una vez más, en el centro cultural Paco Rabal, donde no se cansan de dar rienda suelta a la imaginación y compartir sus versos. Les presenté a Isel y quedaron como suele quedar todo el mundo cuando acaba de ver una estrella fugaz.




Luego llegué a casa y parecía que fuera ayer la última tertulia.




Lo dicho: hay que ser estúpido para dejar que pase un año sin permitirse un reencuentro tan satisfactorio.

martes, 18 de octubre de 2011

Ahora

Ahora que en Isel
han hecho su nudo
las encajeras.

Ahora que
hemos tirado
medias al mar
para difraccionar
la ondulatoria
forma
de septiembre.

Ahora que
al fin llevo puesto
este estúpido
traje de hombre
y hemos visto
reventar
los pasillos
de tristeza.

Ahora que
anónimamente
nominaron las nóminas
y la vida sólo enseña
si se ensaña
con nuestro sueño.

Ahora que perdimos
la histeria
a la histerectomía
y los oncólogos
vaciaron
el escaparate.

Ahora que Isel
está tan guapa
que los niños
doblaron las esquinas
para verla en el viento
y se alarmaron
veinticinco toboganes.

Ahora que esta dádiva
salta en los cerezos
y mi pecho se abre
al otoño.

Cuánto te quiero, amor.
Amor, cuánto te quiero.

sábado, 8 de octubre de 2011

Nacimiento

Isel nació el 28 de septiembre de 2011 a los veinticinco años de edad. Lo hizo en el Hospital Infanta Leonor de manos del doctor Jesús Molero.

En la tripa le lloraban los geranios.

Puedo verla aún mientras la llevaban en aquella cama donde Isel sonreía y se mantenía fuerte, preparada para afrontar la cirugía. Todavía la veo en aquel último esfuerzo, inclinando un poco la cabeza para poder seguir viéndome a lo lejos. Todavía me saben a agrio las tres horas de espera en las que no pude contar las veces que paseé por la sala ni los océanos que me salieron de los ojos. Entonces nos llamaron y entramos a una habitación donde nos recibió el doctor y su ayudante, aún vestidos con las prendas que tan cerca estuvieron de la hermosa Isel. Todo salió bien, cinco kilos de tumor y útero insalvable; nos dijo el doctor que era como si un globo se hubiera inflado deformándose en su expansión. Pero todo salió bien, el mioma salió entero e Isel conservó los ovarios. La llevaron al módulo de reanimación y, al fin, pude verla. Sí, allí estaba Isel recién nacida. Con los pómulos llenos de color, conectada a no sé cuántos aparatos, todavía sedada pero con los ojos medio abiertos. Su madre y yo nos agarramos a sus manos, ella nos miró y yo le dije: cosita bonita, tal y como pactamos para que ella supiera en seguida que todo había salido bien. Ella me miró y me dijo: Odio a Sebastián..., nos quedamos perplejos. Luego supimos que entre sueños, durante la operación, soñó que mi hermano Seba me robaba unos pantalones rojos. Más tarde empezó a agobiarse porque notaba una fuerte presión en el vientre y le costaba respirar, las enfermeras nos dijeron que era normal e Isel me exigió que llamara a alguien mostrando un fuerte carácter. Así se ha mantenido hasta ahora: fuerte, valiente, campeona.

Sólo cinco días más tarde le dieron el alta y en casa está. Sigue sufriendo intensos dolores, pero mejora a cada paso. Todos los días sale a pasear fijándose objetivos cada vez más largos. Tiene sus ataques de tristeza pero sigue abundando en ella el optimismo. Tras la operación la hemoglobina le subió de 5 a 13 con lo que tiene mucho más color de lo habitual. Sigue bella, bellísima, diría que aún más que antes. Y yo me he puesto enfermo de forma solidaria. Después de todo lo pasado me han dicho que yo estoy mucho peor que ella; pero bueno, siempre ha sido así.

En fin... estoy muy contento. En especial con el doctor, quien desde el principio se portó estupendamente con nosotros, un máquina este Jesús Molero, un tipo para echarle de comer a parte, con una personalidad muy fuerte y un humor ácido de narices. Él mismo retiró el drenaje de Isel y le puso así a pelo siete puntos por donde entraban los tubos de plástico al vientre. Y mientras lo hacía le iba diciendo a Isel, quien mientras tanto me apretaba la mano tan fuerte que me hizo sangrar, que nos queremos mucho ahora pero que nos da un año más: el amor dura dos años, decía mientras con mano diestra cosía la carne de Isel. Y cuando terminó, con Isel al borde de la lágrima del puro dolor, va y nos dice que si se queja es de vicio. Unos días más tarde fui para que me diera una receta para los medicamentos y al darle las gracias de corazón por todo lo que había hecho, empezó a fingir una gran celebración como si mis palabras le llegaran al alma, evitando ese momento incómodo. Un tipo un poco loco pero una máquina con el bisturí. Luego me enteré que en el hospital mucha gente tiene diferencias con él. Primero, porque es muy directo y segundo porque hace las cosas a su manera y sin seguir las reglas. A Isel de hecho la operó cuando él quiso, le puso los horarios de transfusiones sanguíneas cuando no se podía y le consiguió una habitación individual cuando no era del todo posible. Además nos dijeron que en cuatro días tenemos que ir a que la curen a un centro sanitario y él nos ha dicho que no hagamos ni caso, que vayamos a una hora rarísima a su consulta y él mismo se encargará del asunto. Un tío frío y distante pero que luego se vuelca con los pacientes y se pasa por las gónadas los horarios y el sistema informatizado del hospital. Leí en un blog algunas opiniones nada positivas respecto a él, la gente se quejaba porque era demasiado directo y bromeaba en el momento menos oportuno. Por nuestra parte, Isel y yo tenemos una excelente opinión sobre su labor; estoy seguro de que nadie te cuenta que tienes un mioma mientras silba pero él lo hizo y a mí, por lo menos, me hizo sentir menos desgraciado. Te dice las cosas tal y como son y punto. Fue él quien llegó al día siguiente de la operación y le dio a Isel la mala noticia sobre su útero; cuando nosotros estábamos planificando el mejor momento de hacerlo, cuando pasara cierto tiempo y ella se sintiera más recuperada, pero no. Él llegó, entró a la habitación y le dijo a Isel exactamente lo que nos contó a nosotros veinticuatro horas antes. Por supuesto la noticia le dolió mucho pero contábamos con todas las posibilidades pues él nos las explicó de forma muy clara. Su rostro fue lo último que vio Isel antes de ser intervenida. Recuerda que el doctor entró, le preguntó qué tal estaba y le dio un beso en la frente. Tres horas más tarde Isel salía nueva del quirófano.

Como os digo, Isel nació el 28 de septiembre de 2011 a los veinticinco años de edad, en el Hospital Infanta Leonor de manos del doctor Jesús Molero.

Algo más de una semana más tarde de la operación ya bromea a veces sobre la cantidad de dinero que nos ahorraremos en tampax, sobre el tipín que se le ha quedado... También piensa que seguro que hay un niño por ahí en cualquier sitio del mundo que nos necesitará mucho más que el nuestro propio. Al fin y al cabo ella y yo estábamos destinados a ser felices y extranjeros juntos siempre.

Gracias a todos los que os habéis preocupado por ella y nos habéis mandado hermosas palabras de ánimo cuando más lo necesitábamos.

Todo salió bien.

Ya os lo dije.

martes, 20 de septiembre de 2011

Una prueba

Nunca olvidaremos el 11 de septiembre. Ese día se cayeron las torres y a nosotros se nos cayó el mundo entero. Isel no se encontraba bien, estaba pálida. Pasó el fin de semana cansada, sin ganas de hacer nada, durmiendo demasiado. Fuimos al centro de salud sin que supieran darnos ninguna razón sobre su estado, recomendándonos ir al hospital y así hicimos. Esperamos nerviosos pero Isel sonreía todo el rato. Después de pasar por varios lugares, acabamos en el área de ginecología y obstetricia. Nos separaron unos minutos que yo utilicé para dar vueltas de un lado al otro de la sala de espera. Estaba tan asustado que empecé a recordar todas las oraciones y me puse a recitarlas una a una, muy despacio, mientras recorría repetidamente los metros de aquel salón blanco. Al cabo de unos 45 minutos Isel salió espléndida del lugar, con una sonrisa hermosa en su cara. Vista así, a la distancia, se me calmaron rápidamente los nervios y volví a respirar de forma normalizada. Me acerqué a ella y me agarró las dos manos, me metió en una habitación y me dijo sin que la noticia le hiciera perder la belleza ni la alegría: Pedro... no pasa nada, tengo un tumor y me tienen que operar... ahora el médico nos lo explicará todo. No dio tiempo a más, en cuestión de segundos un médico nos contó todo el proceso que nos esperaba; las decenas de pruebas previas a la operación. Yo estaba de pie e Isel sentada, la miraba asentir mientras el médico enumeraba esas palabras tan largas con que nombramos a la enfermedad. Empecé a llorar como un crío, casi me caigo al suelo y la enfermera amablemente me ofreció una silla que yo rechacé porque necesitaba salir lo antes posible para gritar con la prohibición de todos los decibelios de todos los sistemas planetarios de todo el universo. En mi cabeza sonaba todo el rato esa palabra, esa enorme palabra llena de miedo: tumor abdomino-pélvico gigante sospechoso de malignidad. Isel mantuvo las formas todo el tiempo, la acompañé al baño donde aún no dejaba de sangrar. Salimos a la recepción donde nos dieron las citas de todas las pruebas venideras; luego salimos a la calle donde una mujer musulmana con una pierna vendada y dolorida y su hija esperaban los taxis que no llegaban e Isel se ofreció a llevarlas. La preciosa Isel inconsciente aún de todo. Vivían en un lugar que no nos pillaba ni por asomo de camino y, en mitad del trayecto, perdidos en mí del todo los nervios las invité a salir, cosa que comprendieron en mi perfecto castellano lleno de rabia y de dolor.

Sé que no supe estar a la altura. Luego vinieron las llamadas, la comunicación a los familiares; el abandono de trabajos y proyectos. Nos dimos cuenta, en cuestión de nada, de lo que en verdad importa en la vida: nosotros, nosotros, nosotros sin más. Me fui calmando con las horas y empecé a entender que tenía que ser más fuerte que nunca para que el proceso fuera más sencillo y llevadero para los dos. Me vestí con la coraza que aún me protege y salí adelante la primera semana llena de papeleos y pruebas de todo tipo: electrocardiograma, radiografía, TAC, resonancia magnética, analítica, ecografía... Como no podía dormir, me pasaba las horas frente al ordenador buscando respuesta a todo. Me hice especialista en tumores de todo tipo y me llegó esa palabra tranquilizadora: mioma. Todos los síntomas de Isel parecían estar causados por él. Investigué un poco y me tranquilicé al saber que es benigno en el 99,5% de los casos; aunque el de Isel fuera gigante y abarcara su abdomen entero, del tamaño de un melón, de 25x30 cm. Leí casos de mujeres que habían desarrollado masas tan grandes sin mayores complicaciones. Pero el médico nos habló también de histerectomía (extirpación del útero) y otras cosas más y que podrían llevarse a cabo. Pero nosotros aún esperábamos el resultado de las pruebas. Fue Isel quien más me tranquilizó, a veces resultaba macabra en su comportamiento, pero nos reíamos y llorábamos con ello. Se le ocurrió la genial idea de ponerle nombre al monstruo que lleva dentro. Lo llamó: Tumi. Luego se inventó el baile del Tumi, algo así como una danza oriental del vientre pues ahí está su bulto con el que tiempo atrás bromeábamos y ella solía sacar en el metro para parecer embarazada y la dejaran sentarse. Pensábamos que simplemente tenía barriguita como tantas personas y nada más. El día en el que casi me caigo al suelo de la risa fue cuando me la encontré frente al espejo, protagonizando esa famosa escena de Robert De Niro en Taxi Driver. Isel se había subido la camiseta dejando el vientre al aire, se miraba al espejo y lo señalaba, añadiendo: Are you talking Tu-mi? Are you talking Tu-mi? En fin, a mí me dolían esas cosas suyas pero nos reíamos con ellas. Nos pasábamos los días juntos, más juntos que nunca, a la espera de una respuesta; yo le suelo besar el vientre y ella me pregunta que por qué lo hago si el bicho de ahí adentro es malo y yo le digo que lo beso para todo lo contrario, para que sea bueno. Nos bajamos todas las películas tontas que existen y salíamos a pasear de una forma que no habíamos hecho nunca. No teníamos prisa para nada, nos sentábamos en un parque y dejábamos que la luna fuera saliendo de entre los edificios. Hablamos durante horas y más horas; algunos días con suerte podíamos dormir y, otras veces, Isel afirmaba que se había olvidado por un momento de todo. Yo seguía buscando y leyendo cientos de páginas médicas por internet. Luego me informé sobre el médico que nos atendió y que será quien la opere, quien resulta ser una eminencia en el campo y un especialista en la intervención que se llevará a cabo. Por fin pasaron los días y las pruebas y ayer, 19 de septiembre, teníamos la esperada visita con él. Me transmitió de nuevo una muy buena impresión y mejores vibraciones. Nos enseñó las imágenes de la resonancia y pudimos ver el tamaño enorme de Tumi. Nos dijo que parecía ser a todos los efectos benigno. Era lo que ya pensaba: un mioma que podría haber degenerado en sarcoma. Nos habló claro y sin medias tintas; nos dijo que lo peor que podía pasar era la extirpación de la matriz y que eso haría si Isel tuviera más de 45 años; pero que ahora mismo haría una cirugía conservadora de la fertilidad. Bromeó incluso con nosotros, a Isel le dijo que quedaría estupenda tras la intervención y que tendría que ir pensando incluso en cambiar todos los tangas. El tío está un poco loco, silbaba y cantaba mientras nos transmitía los resultados. Sólo le preocupaban los bajos niveles de hemoglobina de Isel, pues es anémica. Así que el lunes y martes le harán transfusiones de sangre y la operación tendrá lugar el miércoles 28 de septiembre. La ingresarán temprano esa mañana y estará unos dos horas y media en el quirófano. Nos dijo el doctor que lo más difícil no es extirpar el tumor, que es una gran masa uniforme compuesta de dos lóbulos enormes; lo que le llevará más tiempo será la reconstrucción del útero. Si todo sale bien, tendremos que ser padres en un período de pocos años. Salí contentísimo de la reunión, mucho más que si me hubieran tocado once millones de euros. Mis hermanos estaban en la sala de espera y nos fundimos todos en un gran abrazo. Además habíamos arreglado todos los papeles para que el día 24 pueda venir la madre de Isel a acompañarla en un momento así.

Esta es una prueba más que nos ha puesto la vida. Una prueba que saltaremos y quedará ahí como un mal sueño. La insondable fuerza del amor que nos une ha hecho que Isel y yo sepamos abarcar el miedo del principio. Nos hemos querido como siempre sólo que un millón de veces más. Hemos pasado del pánico a la tranquilidad, del horrible miedo, del planteárselo todo a cambiar radicalmente nuestra forma de pensar respecto a la vida. Sabemos que después de esto nos tomaremos las cosas de otra manera. Ya no queremos aspirar al mantenimiento de nosotros sino a la glorificación de nosotros, al miramiento de nosotros, al disfrute de la vida en todos los sentidos.

Convoco a todos los que me leáis para que el día 28 de septiembre tengáis presente a Isel; quisiera que el que sepa rezar que rece y el que sepa sentir sienta; quiero que una nube de buena energía nos reúna ese día. Todo saldrá bien. Ya veréis.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Salvaje Andalucía

Andalucía es el único lugar del mundo donde, a partir de la una del mediodía, empiezan a echarle agua al vino; o eso es lo que dicen y mi padre el primero. “Bueno… me voy, que van a echahle agua al vino…” y sin más se levanta de la silla de playa, se pone las gafas de sol de malote que le dan un aire de mafioso insuperable y marcha al bar justo a tiempo, antes de que agüen el zumo de uva fermentado. Sucede que a la misma hora otro considerable número de hombres marchan al bar siguiendo el mismo esquema. Al final acaban bebiendo cerveza la mayoría pero es un dicho como otros tantos. La mayoría de las mujeres aprovechan para seguir tomando el sol; la mía no, la mía sale escopeteada detrás de mi padre: “Así no se lía tanto…” nos dice mientras se coloca la pamela y sale tras él.

No hace mucho que analizo exhaustivamente los dichos de mi tierra. A veces ni siquiera me da tiempo a analizarlos todos. Todo depende de la persona con la que esté. Con mi abuelo, por ejemplo, es un no parar. Cuando estoy admirando alguna de sus palabras ya empieza con las siguientes quedándome al final sin nada en la cabeza; pero eso de “le van a echah agua al vino…” es de mis preferidos. Como si una brigada de seres hubiera programado a la una del mediodía ir a todos los lugares del mundo para estropear las bebidas alcohólicas. Admiro que Andalucía es el lugar que conozco donde hay más poetas por metro cuadrado y lo mejor de todo es que ellos ni lo saben: Beben como poetas, hablan como poetas y muestran la misma ignorancia bonita que tiene la mayoría de los poetas; quiero decir que la ignorancia hace que se expliquen algunos fenómenos científicos de una forma que resulta bella por la inocencia ignorante con que se ausculta. Me dice mi abuelo: “Mira niño lo rojo que se ha puesto tu tío Alfonso… pero abuelo, ¿lo hah dejao al sol?... ¡No, hombre! Lo que pasa eh que con la brisilla ehta que ehtá haciendo pueh sa quedao tohtao…” Y yo me lo imagino tal cual, veo cómo el viento mueve los fotones de la luz que el sol envía para quemar a la gente que ha buscado la sombra. Uno se contagia rápido de todo eso. A mí, es cruzar Despeñaperros, y ya se me olvidan todas las eses y empiezo a hablar como si estuviera a punto de cantar. No sé a qué es debido pero es así. Además todos los poemas que podría escribir en Andalucía son rimados, trágicómicos y hablan de la tierra más que nada. Sí, me pongo muy lorquiano en cuanto cruzo Granada; es como si me hechizaran y fuera otro muy distinto al que soy en Madrid. Lo peor de todo es que en Andalucía me gusta la poesía rimada y me sigue gustando siempre que la lea allí, al sur del todo. En cuanto vengo a Madrid y les echo un vistazo a los poemas y, o los guardo, o los tiro sin remedio.

Pero quiero hablar de algunas de las cosas que dicen quienes me rodean y que me parecen absolutas maravillas; intentaré obviar los refranes pues ya muchos son conocidos pero veréis: Mi padre, por ejemplo, es la persona que más madruga del pueblo. Ya desde primera hora de la mañana se pone en plan revolucionario. Otros muchos madrugan en la playa para colocar su sombrilla en primera fila, de modo que conforme avanza el día la arena se convierte en un tetris de sombrillas donde uno puede leer el periódico del vecino sin moverse del sitio. Es más, yo hago con Isel planes estratégicos para conseguir ir desde atrás hasta el mar siguiendo la ruta más accesible, es algo así como Dónde está Wally pero sin que haya cojones de encontrarlo. Pues bien, mi padre madruga, va el primero a la playa y pone las sombrillas en la parte de más atrás del todo; quiero decir que muchos días he madrugado, me he asomado a la playa y he visto impolutas nuestras sombrillas en la parte de más atrás mientras quedaban sitios perfectamente libres en primera fila. Mi padre lo hace para no discutir más. Ya lo he visto tirar una sombrilla al agua cuando otros llegan a las dos del mediodía y se te ponen los primeros. Esto no venía a cuento de nada pero, lo que quería explicar es que mi padre madruga tanto que a otros no les ha dado tiempo a acostarse, por lo que se entera de todo. Yo le digo a mis hermanos que nuestro padre es el “Chérih del condado” y no me falta razón. Sólo él sabe quién ha tirado no sé qué contenedor, quién estaba borracho en no sé qué escalón, quién ha pasado a demasiada velocidad por no sé qué calle… Cuando te lo cuenta puntualmente en cuanto te ve por la mañana, añade: “Tengo una vihta que me pierdo yo solo…” Esa frase casi me marea y aún más dicha frente al mar Mediterráneo. Casi supera a esa otra de “por la noche oigo la yerba creceh…” No quisiera explicarlas todas porque son bastante explícitas pero yo que soy muy imaginativo me imagino a mi padre como un pájaro enorme que tiene tanta visión que no hace más que extraviarse de tanta capacidad óptica.

Vamos un rato con el abuelo. Qué hombre. Tengo que escribir un día largo y tendido sobre él; quiero decir que ojalá encuentre el tiempo para terminar una novela basada en su vida. En fin… a groso modo diré que el abuelo es la mejor persona que he conocido en toda mi existencia. Con eso está todo dicho. Eso sí, hablando es bruto como él solo pero es tan apasionado con la vida que toda esa brutalidad se desfigura en dulce celebración. “Shiquillo… he ehtado soñando ehta noche… unah fantasíah y una tonteríah máh grandeh… ehtaba yo allí en la fábrica de harina… eh la virgen… y tenía una avería que no daba con ella y me he levantao ensudando máh que el copetín…, pero otrah veceh… qué bonico eh de ensoñah… “ Es una pena que sólo escribirlo no permita imaginarlo. Mi abuelo tiene una voz grave y hermosa, una voz muy grande de flamenco; es más, cuando canta se me eriza la piel de tanta potencia escondida. Además mueve mucho las manos y sus manos son gigantes y duras; siempre me parecieron balsas y no sé por qué. Además siempre le brillan mucho los ojos porque independientemente del sol, cuando te mira pareciera que estuviera mirando un mechero encendido con lo que hay una llama en el centro de su ojo que hace que todo lo que mencione tenga una importancia brutal para mí. Aunque nunca he visto a nadie ganar la lotería, he visto a mi abuelo comer. Todo, absolutamente todo le encanta, se pasa el rato de la comida diciendo: “ay, la vihgen, qué bueno ehtá ehto… ehto ehtá mejoh que una patá en loh cataplineh…” No hay nadie tan feliz como él delante de un buen plato de cuchara.

Cada vez que cometo un error, aunque sea un error pequeño por no haber analizado con coherencia las situaciones mi padre, que tiene muchísima paciencia y cálculo a la hora de decir las cosas, me suelta: “Tieneh menoh vihta que una casa quemá…” Toma ahí. O cuando algo no le convence: “Donde se ve la choza, se ve el habío…” Digamos que para todo tiene su propia sentencia y la sentencia no tiene medias tintas. O es o no es y punto. “No ereh máh tonto porque no ereh máh grande…, si te ehtáh quieto ganamoh dineroh… o ereh máh tonto que un perro cargao pihcoh…” son algunas de las lindezas que nos dice con cariño a mi hermano y a mí. Menos mal que con el tiempo hemos aprendido a encajarlas.

Y hay muchísimas más expresiones que los andaluces se van inventando sobre la marcha y que suenan siempre a fiesta, una fiesta macabra y dulce a la vez. Este verano, por ejemplo, me dediqué a poner por la mañana carteles con los lemas del 15 M en algunos de los lugares más concurridos del pueblo. Un amigo de mi hermano, el Jose, que me vio, me dijo: “Joé tío… tú ereh radicáh totah…” Sí, radical total. Estoy seguro de que los carteles, que eran de colores, pasaron desapercibidos para el noventa y nueve por ciento de los andantes. Un día de repente desaparecieron y vi a los de Protección Civil con ellos en las manos, mirándolos con anteojos sin entender nada: “Oye… ¿tú zabeh qué quié desíh ehto Manolo…? … Aveh… Si-te-fí-ah-de-un-ban-co-dor-mi-ráh-en-él… Pufff, ni idea shiquilla… ¿Y ehte? … Vo-tah-eh-e-le-gih-en-se-cre-to-qui-én-te-ro-ba-rá-pú-bli-ca-men-te… ¡Ay, yo qué sé…! Bueno… déjaloh ahí y ya vendrá arguien a poh elloh… Vale”. Bendita e impecable ignorancia.

A veces se pierde el tacto con la forma de decir las cosas. Mi abuela Juana es una mujer dura; por debajo de las mesas controla todo lo que dice mi abuelo dándole un pellizco a tiempo. Es seria, no habla mucho, pero es implacable. Con sus nietos es dulce y lo da todo pero en su casa lleva los pantalones bien puestos. No es tan machista como mi madre porque ella sí dice ven en su casa y mi abuelo lo deja todo. Recuerdo que este verano estaba sentada en el sofá del salón viendo la visita del papa. Yo llegué con Isel y nos sentamos un rato a su lado, con mi abuela no se puede discutir nada de la iglesia, ella es creyente hasta la médula y, por supuesto, admira al papa: “¿Habéih vihto…? Ha salío el papa con una niña surnormáh…” Se trataba de una niña con síndrome de Down pero decir el insulto en boca de mi abuela no era en absoluto maldad sino simplemente como ellos llaman a las personas así, sin más y sin querer hacer daño, más bien todo lo contrario. Isel casi no pudo aguantar la risa. Y sí, allí estaba la abuela, que a la mínima de cambio te pone los programas de testimonios para soltar una grandiosa charla de moralidad: “Qué juventú… paloh leh farta a esoh… paloh…” Y nos cuenta el día que mi madre se llevó el único tortazo de su vida: “Mira, tu madre ha sío muy güena, de siempre… pero un día dijo una palabrota delante del abuelo y de la guantá que le metió le salió sangre…”.

Pero lo que más me gusta de mi Andalucía hermosa, lo que más me gusta de sus mayores es que se apasionen tanto de las cosas que a nosotros nos resultan de lo más natural y por las que no sentimos la más mínima admiración. Este verano fue la primera vez que mi abuelo vio una cámara de fotos digital: “Pero… ¿ya ha salío…? Mira nena, ya sa rebobinao… qué inventoh, qué cabezah, qué inteligenciah…” El año pasado me los traje una semana a Madrid y los llevé a todos los sitios que pude. No les llamó especialmente la atención ni el teatro ni el cine ni nada de lo que yo esperaba que les chocaría más, no. Lo que más les impresionó fue el parking de Callao cuando los llevé al teatro. Bajé hasta la cuarta planta bajo tierra y me dice el abuelo: “La víhn… chiquillo… ¿cuánta gente habrá ehtao cavando aquí…?” O cuando fui a lavar el coche con ellos dentro y lo metí en una de esas máquinas con rodillos que lo limpian entero, el entusiasmo era demasiado: “¡Ale niñooo… madre mía… si mi papa viera ehto…¡ ehto eh mejoh que la feria…!” Y tantas cosas más, una vez me acuerdo que querían ir a Mallorca de viaje y fuimos a sacar el programa del viaje, billetes y demás. No había viajes programados para Mallorca pero sí para Formentera… los llamamos por teléfono y así fueron las cosas: “Abuela… que no hay billetes para Mallorca, que hay para Formentera… ¿Formentera? ¿Eso qué lecheh eh? … Pues una isla abuela… ¿Una isla? ¡Ay… yo no quiero ir a una isla, yo lo que quiero eh ir a Mallorca!”. Desde luego viven en su propio mundo. Un mundo mucho más sencillo donde se niegan a evolucionar.

Tenemos otro amigo que habla un andaluz cerrado como pocos. Se llama Juanjo, buen comensal como es habitual, nos contaba en la playa lo siguiente: “Pueh ayeh ehtuve con el Bartolo y noh fuimoh a comeh una fritura de pescao… totah… que me sentó fatah, yo no sé si por loh aceiteh… o yo qué pollah sé, que me entraron unoh ardoreh que pa qué… y me dijo el Bartolo: pueh amoh y noh comemoh un helao para rebajarlo, y eso hicimoh…” Sí, Andalucía es el único lugar del mundo donde para rebajar la comida, se come otra vez.

Y es que hay tantísimas anécdotas y tantas formas de decirlas que no sé por donde seguir. El otro día mi madre me hablaba de una familia que son ateos y tal y librepensadores y me dijo lo mismo que el bueno de Jose: “pues ná, en esa familia son radicaleh del tó, tienen unah ideah rarah yo creo…” Y más tarde pilla y se va a encargar un pollo: “¿Mamá… alquilahte el pollo?... Sí, pa lah doh ehtará… ¿y a nombre de quién lo hah puehto? Al nombre de tu padre” Ya tiene tela la mujer, que va y pone el pollo a nombre de mi padre que es precisamente quien todos estamos seguros de que no va a ir a recogerlo.

Y está mi padre, otra vez quisiera terminar hablando de él. Pareciera que en su persona confluye todo el salvajismo andaluz. Atraviesa como una bestia cualquier puerta e instala allí sus ideas y sus dichos sin importarle lo más mínimo la opinión de los demás. Sólo un par de veces me he ido con él antes de que le echaran agua al vino este verano. Se coloca en un lugar visible del entorno y lanza sus ideas a diestro y siniestro con fuerte tonalidad de voz. Isel me acompañaba y lo escuchaba igual que yo. Vimos cómo su lucidez aumentaba con cada tercio de cerveza y cómo la gente replicaba o lanzaba su aprobación. Recuerdo que entró el dueño del bar y mi padre le preguntó a Isel (milagro, milagro) que si creía que ese hombre era mayor o menor que él. “Mayor…” dijo Isel con la voz entrecortada. “Hombre… eh que si dices que yo soy mayor ahora mihmo te mando por Seuh 10 a Madrí…” Y es que el dueño del bar se ha dedicado toda la vida al mar y eso se nota en su piel estropeada y curtida al sol de muchos días, realmente parece mayor que mi padre pero tiene algunos años menos. En fin, después de la charla filosófica mi padre se me acerca y me dice por enésima vez: “Si te parecierah máh a mí, otro gallo te cantaría…”. Asentí como hago siempre y nos fuimos a casa a comer; teníamos que rebajar las tapas que nos habíamos tomado antes.

Andalucía es el único lugar del mundo donde a partir de la una del mediodía le empiezan a echar agua al vino. También es el único lugar del mundo que se parece un poco a lo que soy. Pero sobretodo es un lugar como cualquier otro donde se vive y surge la anécdota con gracia.

Mi primo Miguelito, que es madrileño de nacimiento no tiene duda. “¿Tú qué ereh, Miguelito, ¿de dónde ereh?... yo soy andalucío… ¿Andalucío…? ¡Se dice andalú…! Bueno vale… y ¿a quién quiereh máh a tu padre o al tío Loren? Al tío Loren”

Sí, Andalucía es el único lugar del mundo donde la gente tiene razón por narices, donde es indiscutible la sentencia y eso lo sabe hasta un niño de pocos años. También es el único lugar donde los pollos “se alquilan”, donde la gente compra en el “brehca” y en el “sahtrivariuh”, donde cuando se acaban las vacaciones la gente se conforma y dice: “bueno, no pasa ná… ya mañana me queda un día menoh palaño que viene…” También es el único lugar que abandono al borde de la lágrima. Sí, tengo una cosa muy clara… Si alguna vez le pusiera los cuernos a Madrid sólo sería con Andalucía.

Dejar el trabajo mola si sabes cómo

A veces hay que tomar decisiones drásticas y aunque sea posible el arrepentimiento más adelante compensa hacerlo sólo por el absoluto bienestar que te produce ese segundo en el que has sentido que le has echado narices y al fin decidiste algo y actuaste en consecuencia. Yo lo he hecho, lo hice ayer: he dejado mi trabajo.

Creo que mi descontento por el mismo ya es conocido. Es cierto que al principio parecía que iba a ser un trabajo sencillo sin excesiva responsabilidad, lo que me permitía evadirme un poco, incluso escribir inspirado por el hospital donde me desenvuelvo. Pero creo que duré trece o catorce poemas y nada más. Los primeros meses fueron duros, como todos los comienzos. No sabía muy bien lo que tenía que hacer pero fui aprendiendo por mi cuenta. No siempre llamaba a mi jefe cuando sucedía una avería, intentaba resolverla sin saber nada en absoluto y, cuando daba con la solución, ya sabía que jamás olvidaría cómo solventar la misma incidencia de presentarse. Estuve así bastante cómodo, ganando una miseria el primer año. Después de eso empezó a cambiar el personal que dirige la empresa dentro de la cual colabora la mía: también he dicho alguna vez que estoy contratado por una empresa contratada por otra empresa contratada por el hospital; una táctica para no encarecer prácticamente nada los servicios. En fin, el caso es que después de ese primer año el jefe del hospital empezó a tomarla con el sistema de seguridad electrónica que mantengo. Que si no funcionaba nada que si tal y que si cual. En cuanto había un problema llamaban a Pedrito que seguro que tenía la culpa. Recuerdo, entre otras cosas, una inundación que hubo en el edificio de los laboratorios, incidente que hizo temblar tanto al personal de seguridad como al de mantenimiento. Pero claro, como yo estoy solo en lo que hago, la culpa de la inundación la tenía mi sistema pues como está diseñado para captar incendios, así como del amor al odio hay un paso, parece que igual entre el agua y el fuego. Aún así pude demostrar que en mi sistema llegaron averías que seguridad no tuvo en cuenta a la hora de actuar. Después de eso seguí saliendo airoso de algunos inconvenientes más y empezó a pesarme mucho, demasiado, el trabajo. Ahora tenía que hacer informes diarios de mis actuaciones, tenía que descargar diariamente el historial sobre los eventos que suceden en mi ausencia y debía informar al personal de seguridad para moverme en cualquier dirección. Me sentía como si me estuvieran vigilando no fuera que tocara algo y acabara con mi incompetencia con todos los pobres enfermos aquí ingresados.

Hace unos meses hubo otro magnífico problema en el lugar. Problema que, aún pudiendo ser responsabilidad mía, viene de lejos y alcanza a mi empresa tres años atrás cuando yo no estaba aquí. Problema del que yo nunca he sido consciente y no he solucionado por tanto. Bueno, teníais que haber visto; en cuanto uno de mis jefes se dio cuenta llamó a todos los empleados de la empresa que vinieron como locos y en dos días se solventó para limpiar nuestra imagen frente al hospital. Al mismo tiempo, y como aquí también se están haciendo recortes, salió a concurso mi labor en el hospital. Se presentaron varias empresas de la competencia y, al final, nos eligieron a nosotros de nuevo. Contaba con ello porque creo que hago bastante bien mi trabajo y eso me lo reconocen diariamente quienes me conocen. En fin, para alegría de mis jefes, se prorrogó nuestro servicio por un año más.

Fue entonces cuando me senté delante de mis jefes y les dije que no me compensaba mi labor. Lógicamente no me compensaba económicamente. He dado tantas veces la cara por ellos que consideraba que no sería descabellado un aumento. De no ser así, les mostré mi decisión de irme a la mayor brevedad y cuando encontraran a un sustituto. Se quedaron un poco descolocados ya que supongo que ellos creían que seguirían tumbados a la bartola esperando que les llegaran los ingresos que cómodamente yo les genero. El que lleva las cuentas me dijo que esperara por favor hasta septiembre pues ahora él se iba de vacaciones y necesitaban un tiempo. Me dijo que en cuanto regresáramos del verano me harían una oferta y así hicieron.

Vino el que lleva las cuentas, con el que no sé por qué, desde el principio, choco bastante. Luego tengo que reconocer que el otro, el que me capacitó y me visita de vez en cuando es un tipo bastante competente y agradable. Pero claro, vino el de las cuentas y me preguntó qué cantidad consideraba yo adecuada. Pedí una subida de un 60% y sin volverme loco. Era una cantidad que ya había estudiado yo previamente y que me parecía justa por mi labor. Bueno, el hombre puso las manos en el cielo. Que lo ponía en un problema, que era mucho, que con eso ellos no sacaban nada. Mentira, mentira y mentira. Lo vi en una actitud bastante nerviosa, quiero decir que noté que quería que me quedara pero no pensaba ofrecerme algo que me agradara. Luego comenzamos una charla filosófica y me vino bien conocer todos los lemas del 15M los cuales le iba soltando medidamente. En fin, después de mucho discutir, me ofreció una subida del 40% y le dije que no. Me dijo que tenía que comentarlo con los otros dos socios pero que ya sabía que del 40% no podía subir. Yo le dije que igualmente hablara. Bueno, eso pasó el jueves y el lunes se presenta de nuevo en el hospital. Inmediatamente me pregunta si he pensado lo que me ofreció; yo le insisto con mi querencia pero no cede. Entonces yo bajo un poco del 60% pero tampoco acepta. No nos ponemos de acuerdo y él intenta convencerme de que yo he errado en algunas ocasiones y tampoco es que me merezca tal subida. Se tira una hora diciéndome que él no tendría problema en absoluto en encontrar a otra persona y pagarle incluso menos de lo que ahora me paga a mí. Le hago saber que eso roza casi la violencia, intentar pagar aún menos que lo que yo cobro y entonces hablamos de la situación actual. Yo le pregunto algo que daba por hecho, que si van a ser majos y prepararme los papeles del paro que no les cuesta nada. Me dice que no. A partir de ahí empecé a mirarle las fauces de lobo feroz. Le dije que bueno… que me quedaba hasta fin de contrato, que es hasta noviembre y me dice que mi contrato ahora está abierto un año más desde que firmaron de nuevo con el hospital y tampoco tendría derecho a paro. Me dijo que esa era la razón por la que el país está como está. Yo le dije que el país está así porque él se ha comido más de la mitad de la barra de pan que yo gané con mi esfuerzo. Ya empezamos a hablarnos, creo, de mala manera y no llegábamos a ningún acuerdo. Yo tenía ganas de decirle adiós en el mismo momento pero prefería ser más elegante que todo eso, aunque fuera por el otro socio que se ha portado mejor conmigo. El caso es que llega el tío y me saca una carta de renuncia, de mi propia renuncia, pero escrita por él. En ella decía que acordaba dejar mi trabajo el 15 de noviembre, tiempo más que suficiente para ellos encontraran a otra persona. Le dije que ya escribiría yo mi propia renuncia en caso de tener que hacerlo y que me dijera, por favor, cuándo termina mi contrato. Eso es algo que no me ha aclarado todavía. Ni piensa hacerlo. Bueno, nos despedimos y yo le dije que buscara a alguien y, a la mayor brevedad, me iría.

Quedaron así las cosas, entonces al día siguiente hablo un poco con el jefe majo, me pregunta que qué voy a hacer al final. En fin, esa noche y todas las anteriores estuve pensando largamente. Pensé en Isel o en mi prima Dama que se pasan todo el día, cuando el día tiene luz, trabajando y cobrando mucho menos que yo. Pensé en eso y en mi hermano hasta arriba de facturas y mi padre intentando vender algo. Pensaba en eso y pensaba que debería aceptar, aunque fuera a regañadientes lo ofrecido. Lo pensé también delante del jefe majo, con el que tengo más afinidad. Le dije que estaría sin ningún problema hasta fin de contrato y que seguiría otro año más aceptando la oferta que me hicieron. Vamos, que me bajé los pantalones porque este jefe majo incluso me propuso darme un adelanto de lo que quisiera en vistas a mi intención de crear mi propia academia de estudios. Bueno, habló con el de las cuentas y yo hablé con él y quedé en ir a la oficina a la salida de mi trabajo y eso hice. Lo esperaba todo pero no la situación que me planteó. Ahora no sólo no me ofrecía lo que un día antes estaba dispuesto, sino que me ofrecía menos. Me enseñó que ya había puesto el anuncio en infojobs y tres currículums de chavales a los que ya había entrevistado. Me dijo, no te lo pierdas, que le había costado trescientos euros poner el anuncio y tal y cual y que qué iba a hacer él ahora. Me preguntó que si pensaba que él era mi secretaria y luego, viendo mi actitud hacia él me dijo que le molestaba mucho que yo lo tratara como un trabajador más siendo mi jefe. Le dije que le veo mucho más mérito a otras muchas personas que a su labor; me preguntó que si no valoraba la molestia que se había tomado en buscar a nuevo personal y le dije un no rotundo. Empezó de nuevo a soltarme un lanzallamas de teorías sobre lo mal que lo había hecho yo y que debía tratarse de mi poca experiencia. Yo le insistía y le insistía en que me dijera ya, de una vez, si me iba a dar lo que me ofertaba el día anterior. A todo esto yo tenía mi mano metida en el bolso, con mi renuncia preparada para irme felizmente en quice días. Cuando se dio cuenta de ese detalle se puso nuevamente muy nervioso, se fue al baño, regresó con una botella de agua y me dijo que le dejara por favor que se lo pensara. Yo le insistí en que si ayer le cuadraba subirme lo pactado no entendía por qué no sucedía ahora. Me dijo que se lo pensaría pero que no, que no, que él no podría olvidar el mal sabor de boca de los últimos días, que ya no se fiaría de mí y tal y cual. Le insistí en que me dijera cuándo se acaba de verdad mi contrato y me lo sacó y ponía que hasta fin de obras. Vamos, que ignorante de mí yo había firmado un contrato hace dos años, que ellos me dijeron ser anual, un contrato basura de esos en los que te pueden echar en cualquier momento. Yo deseaba cumplir con mi contrato y que supuestamente acaba en noviembre para quedar bien con la empresa y tener acceso al paro que me corresponde. Pero me lo negó veinte veces y no paraba de decirme que no podía ser, en fin, yo seguía a punto de sacar mi carta pero entonces él nuevamente me decía que dejara que se lo pensara, que se lo pensara porque veréis: Hoy operaban al jefe majo, que estaría convaleciente una semana y entonces no podrían capacitar en tan poco a alguien de irme yo. Me dijo que le dejara que se lo pensara, que se lo pensaría; pero me lo negaba y me lo volvía a negar. En fin, me despedí de él y mientras bajaba en el ascensor me dije: serás tonto, sube y déjalo de una vez y así hice. Volví a llamar al timbre, tardó en abrirme pero llegó. Allí estaba, callado, nervioso, los ojos rojos de enfado y presión y yo allí, feliz como hacía mucho que no lo estaba, con mi carta de renuncia en la mano, la carta que decía que en quince días me escapaba de sus sucias manos, que ya no iba a colaborar más en el llenado de sus arcas mientras las mías se vacían. Allí estaba yo, dándole un portazo a mi propio jefe, diciéndole un adiós rotundo. Y él, sin decir nada, cerrando la misma puerta que yo le había cerrado, mirando la carta con una continencia admirable.

Luego vino lo mejor. Me monto en el coche y respiro, pongo la radio bien alta y empiezo a tararear las canciones. Bajo las ventanillas y dejo que el aire entre largamente en los pulmones. Me voy, pues me pilla cerca, al lugar de trabajo de Isel y le digo que se asome a la ventana. Entonces me ve allí, en mitad de la calle, como un loco, mientras los coches que pasan me van pitando y me dicen gilipollas. Y yo allí, hablando con ella por el móvil, y bailando una danza ancestral que hay en la genética de la alegría; moviendo mucho los brazos, con la camisa del trabajo por fuera, la misma que ya no me pondré jamás. E Isel contentísima por ello, alegrísima por mi decisión. Y yo al borde de las lágrimas, con el corazón a mil por hora, sabiendo haber hecho lo correcto, haberle plantado cara a la explotación, a la estafa y al egoísmo, sumándome a la nada, al despilfarro de mí y a la alegría.

De verdad que dejar el trabajo mola si sabes cómo; es más, creo que un día de estos me pongo de nuevo a pintar.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Pequeña historia para no dormir

Ocurrió el pasado jueves. Era 1 de Septiembre e Isel se despertó con la energía perfecta después de unos maravillosos quince días de vacaciones. Apenas durmió de las ganas que tenía de integrarse de nuevo a su trabajo de once horas impecablemente remuneradas. Cuando llegó al hogar donde trabaja le esperaban seiscientas quince lavadoras, montañas de ropa que algunos escaladores rehusarían escalar, dos niños pequeños que cuidar y una casa donde no se había movido el meñique durante dos semanas, las mismas que Isel dedicó a tomar un poco el sol en la playa y a ahorrar lo máximo posible para afrontar la llegada de las turbulencias. El bebé ya estaba despierto para ayudar a que las demás labores se pudieran realizar con las mayores facilidades. El otro de tres años se encontraba en la habitación, tirando en el suelo juguetes por doquier. En esos momentos de paz, Isel escuchó al pequeño jugar con un coche de policía, se acercó a la muchacha y le dijo:



- Mira Isel, soy la policía de los indignados. ¡Run, run... run run...!




Isel, la bonita Isel sonrió un poco y quiso seguir la conversación con el niño:
- ¿La policía de los indignados... y qué es eso mi amor?
- ¡Ruuuunn... ruunnnn, run!! ¡Soy la policía y voy a pegarle a los indignados!
- Y... ¿Por qué, mi vida...? Eso está muy mal: pegar.
- Ya, pero los indignados son malos...
- Ahhhh.....
- ¡Y son pocos...!




Isel me lo contó a última hora, como una anécdota más y sin darle importancia. Me lo dijo mientras ponía las baterías a recargar después de un día agotador. En unos segundos su piel volvió a su color blanco habitual, las ojeras mostraron su elasticidad en la cara y sonrió antes de dormir.




- Buenas noches amor.
- Buenas noches mi vida.
- Te amo.
- Y yo a ti.




Se quedó dormida en unos instantes. Yo no pude dormir. Era la primera vez que un crío me pegaba con sus juguetes.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Atrapada rebeldía

Subido a la vereda del mundo
donde creo más en la injusticia
que en el amor
veo
cómo menstrúan monstruos
las monarquías,
cómo hay una violencia
exagerada en los contratos,
cómo los raptos del ser
se enardecen.

Subido allí,
a la mancha del olivo
donde salta la desgracia
en picacoz,
donde todos los espejos
tienen déjà vu,
miro
cómo quisiera enrolarme
en los invernaderos,
cómo quisiera darle
un premio Nobel
al maíz,
cómo quisiera
negar
el andamiaje.

Pero yo,
que podría perfectamente vivir sin las películas
de Disney,
que me adaptaría en segundos
al adiós de los montajes,
que cambiaría el coche diesel por borrico
y sabría contar sin la mecánica;
yo,
que siento asco de mi patria y de la tuya
que sintonizo a las razas a todo color,
que sacrificaría a un millón de antenas
para poder comunicarnos,
yo,
en los cines de verano,
en los periódicos,
yo,
con bólido en revisión
y calculadora,
yo,
con mis reglas en papeles,
y mi distancia a lo gitano,
con mi móvil
de última
exageración.

Y así todos
atrapados
en silenciosa
rebeldía
de la que
se ríen
el petróleo,
la antena,
la calculadora,
el ladrillo:
terrorismo
camuflado.

jueves, 11 de agosto de 2011

La madre de Isel y la fe

Supongo que el mundo no le pica tanto por puro despiste. Me la imagino en medio de un tiroteo pensando en sus cosas, agachándose en el momento preciso que impida un acierto a quemarropa. Y ella allí, olvidándose las llaves en la trinchera, perdiéndose entre los bombarderos, preguntándose por el ruido. Isel ha heredado la misma actitud genéticamente y así, entre las dos, consiguen maniobras de escapismo casi ilícitas para el mundo en el que vivimos.



Isel habla a menudo con ella y yo suelo dejar lo que estoy haciendo para poner el oído en la conversación. Es increíble lo rápido que viaja la paz a través del Atlántico. Así son sus palabras: pacíficas, bondadosas, trémulas, dignas palabras revoloteando en el aire, convertidas en ceros y unos y que traen la calma una vez son receptadas en el ordenador. Por mucho que laberínticamente uno busque la maldad en esa mujer es imposible encontrarla. Nadie como ella sabe apaciguar las cascadas de Isel cuando Isel se para a pensar un poco y se da cuenta de la lejanía, cuando a Isel, y menos mal que son pocas las veces, le da por pararse a deletrear el tiempo. Entonces ella saca la artillería pesada y con una lucidez hermosa y un tono elocuente y vibrado le va regalando a mi bonita Isel metáforas de la vida, pequeñas metáforas llenas de filosofía y que Isel se guarda en el corazón a la vez que pierden elasticidad sus lágrimas.




Tengo entendido que la mayor parte de su tiempo lo dedica a ayudar a los demás sin cobrar ni un duro, en su caso, ni una lempira, por ello. Yo la llamo maliciosa y cariñosamente “El nuevo Mesías” por su actitud religiosa y su forma de afrontar los problemas recitando bienaventuranzas. Trabaja para la iglesia y trata normalmente con mujeres maltratadas. Además, los martes presenta un programa de televisión que cuenta ciertos problemas del lugar y los afronta desde la fe. También sé que tras el Mitch, su casa, que no quedó del todo mal parada, sirvió de refugio para mucha gente que así lo necesitaba. Supongo que verse así, inmersa en todos los problemas con los que se enfrenta diariamente ha hecho que los metros cúbicos de océano que nos separan no le duelan tanto.




Las primas de Isel siempre dicen que la tía Toña es la mejor. Yo no la conozco todavía salvo de palabra y ya empiezo a pensar más o menos lo mismo; lo digo por intuición. Si todos somos un cúmulo de circunstancias del que nosotros mismos hemos elegido la amalgama, entonces si Isel es también un sumidero de impresiones que ha fotografiado de los demás haciéndolas propias, seguro que su madre ha influido mucho en el proceso y está claro que tiene que ser una persona de lo más interesante. Y así lo es. Es de esas personas, de esas pocas personas que homenajean la vida todos los días desde que se levantan hasta que se acuestan. Quiero decir que cuando habla con Isel, aunque sea sobre la cosa más superflua , a esa cosa mínima le otorga una importancia sobresaliente. Y no dotándola de problemática, más bien todo lo contrario.




Cuando le expliqué mi intención de crear una empresa me animó mucho a hacerlo. Por supuesto, no me dijo: Pedro, te animo a ello. No, me dijo lo siguiente, más o menos con el tono de una de las parábolas de Jesucristo en el monte: Verás Pedro… cuando uno se tira al mar, al principio no sabe nadar, por puro instinto uno empieza a mover los brazos y así poco a poco se eleva el cuerpo hasta la superficie y, finalmente sacando la cabeza respira y puede ver desde ahí si mereció la pena lanzarse, tomarse esa molestia…. Y te cuenta estas cosas recordándome a las catequistas que más simpatía me despertaron en la infancia. Dios proveerá, suele decirle a Isel cuando ésta se encuentra al borde de dejar el trabajo y dejarlo todo y quedarse así, a la espera de sus papeles flotando en el aire, en la espera infinita y burocrática, en la espera que todo inmigrante conoce muy bien. El efecto que crea en Isel esa frase es alucinante. Yo se la digo mucho también, es más, también me la digo a mí y me funciona a pesar de que no comparta el adoctrinamiento pero sí sus límites. Digo que es curioso el efecto que la frase hace en Isel; resulta que como Dios proveerá, ya no le duelen tanto los problemas, Isel piensa… en fin, mañana mismo puedo dejar el trabajo si me sigo sintiendo tan mal porque Dios proveerá; o mañana mismo me voy de visita a Honduras a pesar de que tengo que esperar todavía un mes para tener los papeles que me permitan la vuelta pero bueno… Dios proveerá si lo hago. Esto le sirve para hacer todo lo contrario; es decir, se aguanta con lo que hay porque como Dios proveerá, ya le duelen menos las bofetadas. Es una frase mágica y cierta porque siempre acabamos encontrando la salida más o menos acertada cuando llegan las tormentas.




En cuanto al efecto que ha provocado en mí la madre de Isel, bueno… es muy curioso. Tiene tela que una persona que está tan lejos y con la que he hablado en realidad bastante poco haya removido sin saberlo muchas cosas en mí. En mí siempre han chocado dos debates gigantescos: el hombre espiritual contra el hombre de ciencias. Es un combate sin fin. Por supuesto, como fui criado en un pueblo pequeño de Andalucía, me educaron en la fe cristiana. Yo era de los que iba a Misa todos los domingos y sin saber muy bien por qué. Hice la comunión y me confirmé y siempre dejaban para mí alguna lectura importante o alguna labor… quiero decir que las monjas me conocían y el cura también. Si me pillaban me hacían leer algún salmo o alguna carta del apóstol no sé cual a no sé quiénes. Recuerdo que al principio lo pasaba bastante bien con las cosas de la iglesia. En mi pueblo había un cura, Don José Luis, que se preocupaba siempre por inventar juegos para nosotros o tocaba la guitarra y nos llevaba al campo para enseñarnos a coger espárragos. Era un tipo muy campechano. Pero es que mi historia no empieza ahí. Cuando mi hermano se moría en el hospital de Granada, en la cama de al lado de la misma habitación había un cura y los estudiantes que iban a visitarlo. Cada día uno. Jóvenes trinitarios que estaban a punto de ser sacerdotes. Fueron ellos los que consolaron a mis padres cuando el fatal hecho sucedió. Uno de ellos se fue como misionero a Madagascar y el otro día lo veo en Españoles por el mundo. El tío ya es Obispo allí y me consta las muchas cosas buenas que ha hecho porque desde siempre nos escribimos en Navidad y me cuenta y me manda fotos. Luego estaba otro, Juanjo, al que me encontré en Madrid en mis años de Colegio Mayor, el tío era el subdirector, y quien me entrevistó. Se me quedaba mirando de arriba abajo durante la entrevista que me hizo y aluciné cuando al salir de la misma se agarró a mis padres de pura emoción. Ahora estaba casado y tenía un hijo. Y me hablaba de Joyce y me llevaba a la salida de la RAE e hizo que nos tomáramos un whiscky con Ángel González. Y un vino con Juan José Millás. Y una cerveza con Javier Lostalé. Y con Suso de Toro y con Caballero Bonald y con tantos otros. Un tío estupendo Juanjo. Fui delegado del aula de literatura que, en realidad, él se preocupaba de organizar aunque yo la anunciara y llenara la residencia con mis dibujos para animar a la gente a que acudiera. En fin… Juanjo fue quien vino a bautizarme y luego se fue a Alemania a estudiar filosofía y colgó los hábitos para casarse. En fin, mi fe siguió muy fortalecida hasta la llegada de él, sí, de Don Andrés. Don Andrés era un cura joven y, al principio, yo pensé que sería estupendo aprender cosas de él, por su juventud. El caso es que resultó ser un fanático religioso. Más del Opus que la madre que lo parió. Nos hacía comprar los libros de religión de la Editorial Casals, no se me va a olvidar en la vida. Y allí, en esos libros, había capítulos enteros dedicados en por qué los darwinistas y los marxistas no podían tener acceso al cielo. Se me cayó el mundo al suelo porque me imaginaba a mi padre y a mí mismo ardiendo en florecientes hogueras. En pocos meses convirtió la iglesia en un lugar donde reinaba la total seriedad, donde no se podía llegar jamás tarde, donde si lo hacías, cortaba en seco el discurso y seguía a las personas con la mirada desde el estrado hasta que se sentaban, entonces retomaba la historia. Se le enrojecían los ojos cuando aprovechaba el final de la lectura principal de la Misa para darnos una total lección sobre lo pecaminosos y lo sucios que éramos todos y lo limpios y puros y castos que nos quiere la Virgen Madre de Dios. Fue el día en que nos explicó la creación del mundo en que ya no pude más. Con Don José Luis yo podía hablar tranquilamente del Big Bang, él se quedaba con la boca abierta cuando le contaba nanosegundo a nanosegundo lo que pasó los primeros instantes del comienzo del universo. Y él me decía: Sí, Pedro José, pero es el señor nuestro Dios quien dio el pistoletazo de salida para todo eso que me cuentas… Lo de don Andrés es que no tenía nombre: empezó a contarnos en clase de Religión que Dios creó el mundo tal cual lo cuenta la Biblia y que los científicos no hacían más que blasfemar sobre el hecho con sus absurdas teorías. Desde entonces, la clase de Religión consistió en un debate perpetuo entre él y yo. Poco a poco dejé de ir a la iglesia, no sólo por él, sino porque se me atragantaron muchas cosas. Me di cuenta de que los pocos amigos que venían los domingos a Misa igual que yo sólo lo hacían por pura apariencia de niños buenos y para lucir un bonito abrigo o la última camisa que les había comprado mamá. Esto lo comprobaba yo de forma muy sencilla: siempre les preguntaba por el tema que se había tratado y no sabían ni decirme sobre lo que había sido. Era un paripé total. Luego me chocó que un hombre me dijera: Es un orgullo ver a un comunista leer en la Iglesia… un tipo que luego se presentó por IU en el pueblo. Me di cuenta de la estrecha relación entre derecha e iglesia. Porque había gente de derecha en la iglesia, mucha, también de izquierda, menos, pero luego estaba don Andrés, del que recuerdo un fragmento de su discurso: ¿Y no sería hermoso pensar… niños, que cada vez que llueve Dios abre el grifo del cielo…? Se excitaba entonando cosas así, explicando todos los fenómenos físicos y químicos desde el dedo de Dios, a mí me enfermaban sus teorías y sobre todo cuando nos decía que los darwinistas y los marxistas tienen cerrada la puerta del cielo. Creo que él es el principal personaje que hizo que me importara cada vez menos conseguir ese perdón de Dios para poder entrar a su mundo lleno de reglas. Entonces me di cuenta de lo que significaba realmente mi fe. Yo creía en el hombre bueno. Creía en Don José Luis y en Gustavo y en Juanjo. Personas que desde la fe lo han dado todo absolutamente todo por los demás. Su vida entera dedicada a ello. Y creía en el mensaje de Cristo, yo creía en el Jesús hombre pero no en la iglesia como institución porque Don Andrés y otros que vinieron después destrozaron la idea de ese templo del Dios en el que me hicieron dejar de creer. Don Andrés se habría desenvuelto a sus anchas en la época de la Inquisición. Era un hombre lleno de odio. No soportaba nada y menos a sí mismo. Por supuesto todos teníamos nuestra teoría de que necesitaba echar un buen polvo. Y la verdad es que sí que parecía necesitarlo. Tenía un temperamento a punto de estallar y era dañino con las palabras. No duró muchos años en el pueblo, se marchó con su dolor a no sé qué parte. Al menos él me abrió los ojos.




El otro día le decía a Isel que yo soy una persona atea con temperamento religioso. Creo que es lo que mejor me define. Creer no creo ni en Dios ni en nada. Creo en esto y punto, en lo que veo. Creo que el cerebro es un órgano apasionante y nos puede llevar a hacer cosas increíbles. Creo en la fe como psicomagia. Creo que creyendo se puede hacer real una realidad vana. Creo que creyendo ciertas cosas me puedo curar. Y sé que creer no me quita el miedo. También sé que no creyendo creo en muchas cosas y es por eso mi temperamento religioso. No quiero decir que sea una persona temerosa de nada ni de nadie pero tengo actitudes religiosas sencillamente por la educación que he recibido. Lo que me apasiona es ver lo que consigue la fe. La fe consigue, por ejemplo, que mi tío Alfonso se levante todos los domingos para ir a Misa; la fe hace que la madre de Isel dedique gran parte de su vida a ayudar a los demás, incluso hace que Isel se sienta mejor cuando a la noche reza y pide por todos nosotros, por los que no pedimos mucho o preferimos no hacerlo, desde luego no a Dios sino a nosotros mismos como hombres.




Para mí, la religión y la fe siempre ha sido algo muy femenino. Mi padre desde luego no ha pisado mucho la iglesia. Tiene sus momentos. Desde luego a Dios no lo quiere mucho porque no hace más que cagarse en él todo el día. Pero hay algo muy revelador que me pasó con él. Hubo un tiempo en el que estuve saliendo con una chica atea de mi pueblo. De todos era conocido que en su familia todos eran ateos y librepensadores, una cosa tremenda en un pueblo. Mi padre me dijo un día: … entonces… el padre de la muchacha esa eh máh flamenco que ná no?.... Cómo papá? Sí, que eh mu flamenco, que va por ahí sin creéh en ná… Ah, sí, eh ateo papa… Pueh yo creo que en algo hay que creéh, ¿no?… Mi padre como siempre tremendo. En algo hay que creer y eso está claro. Yo creo en él, en mi padre, con sus cosas. Es de las poquitas personas en las que creo. También creo en la madre de Isel, tengo la impresión de que todas las cosas lucen mucho más vistas desde sus ojos. El vaso está medio lleno en su mirada sincera y su fe es limpia y clara, transparente sin más. Yo admiro esa fe porque me parece increíble poseerla, sé que aporta una fuerza tremenda a los músculos, a levantarse sin miramientos y afrontar las cosas con un escudo muy potente. Y creo en Isel, creo en ella más que en nada, tengo fe en ella, mucha fe. Creo que vamos a hacer algo muy grande juntos, tengo la sensación de que estamos a punto de hacerlo. Y Toña, la madre, nos apoya en ello con sus historias bondadosas y su ánimo metafórico.




Y creo en mí, no siempre, pero creo en mí; sobre todo desde que hice que Isel lo hiciera; y eso… eso sí que es tener fe.

lunes, 8 de agosto de 2011

Descubrimiento

A todos los microscopiolopithecus,
científicos economoglobales,
ácidodesoxirribonucléicamente ciegos
en el abarrotado tren de la dislexia
yo os digo que
en el aire
ni nitrógeno
ni oxígeno
ni anfígeno que se precie
ni gases con nobleza
ni regla con tabla
ni electrónica
configuración.

En el aire: Isel
iselando los iseles
iselubres
,
Isel ante toda
preposición.
Isel
en todos
los elementos.
Isel.

A vosotros coleccionistas
de estudios univerparasitarios,
preparados para no saber
absolutamente nada,
cíclopes arponados, víctimas
de la aLOEpecia,
contenedores de títulos
y diplomas rancios
colgando de vuestras paredes
de liso papel acartonado
enflorecido en balcones
de apariencia
yo os digo
que la vida
ni seis mil euros menstruales,
ni coche de banda
por cañones cien,
ni chalé en las afueras
donde no mezclaros
con la inmensa
y humana
disolución.

La vida: Isel,
la casa: Isel,
iselásticamente iselada,
iselóbregamente iselgura.

Y a vosotros
funcionarios del Estrado,
sillafantes aburridos,
comatosos del meñique
que garzoneáis a la injusticia
aposentados en vuestras vitrinas
donde parecieron prohibiros
mover las falanges
yo os digo
que en el mundo
ni política,
ni enconomía,
ni defensa
ni enmienda
ni liberación.

En el mundo: Isel,
en el rifirrafe: Isel.

Iseluro de iselhidrógeno,
iselóxido perisélico,
ácido hiposilesoso,
trinitroiselodueno.

En verdad os digo: Isel,
¡Isel! En verdad os digo.

martes, 2 de agosto de 2011

¡Para la empresa: crea una crisis!

En cuanto Isel y yo entramos al vivero de empresas del distrito de Majadahonda, en Madrid, ya empezamos a reírnos del primer chiste de otros muchos que nos harían desternillarnos en adelante; en las paredes y encima de los escritorios había carteles y panfletos con el siguiente chascarrillo: ¡Para la crisis, crea una empresa! Casi nos caemos al suelo de puro desmayo al ejercitar tanto el cuerpo para la carcajada. Ella y yo no tenemos la más mínima intención de parar nada, lo que queremos es crear una empresa para parar nuestra propia crisis y dejar de depender de los explotadores que, más a mí que a ella, nos abastecen de gloriosa pena hasta el día de hoy. Nos pusimos en contacto con MadridEmprende y, en seguida acordamos una reunión con uno de estos viveros de empresa donde de forma gratuita te explican los pasos a dar para conducirte sin demasiados baches al objetivo final de tu creación de empresa; en nuestro caso una pequeña academia de estudios no reglada para alumnos de ciencias de todos los niveles de E.S.O. y Bachillerato. Nos atendió una mujer bastante agradable y que, desde el primer momento se involucró en nuestro caso de forma completa. Le dejé mi proyecto de empresa y lo estudió concienzudamente antes de quedar para nuestra segunda cita, tiempo que yo usé para informarme por mi cuenta de los pasos a dar para la consecución final de nuestro empeño. Por lo pronto me leí unos papeles que ella me dio sobre subvenciones que da el ayuntamiento a jóvenes emprendedores, ese fue el segundo chiste o más bien el libreto de una ópera satírica. Nuevamente Isel y yo acabamos con lágrimas como puños tras el humor que desprendía aquel anexo de la ley no sé cuál del año quién sabe cuándo.

El caso era el siguiente. La Comunidad de Madrid da ayudas de 6000 euros a jóvenes menores de 30 años y que decidan hacerse autónomos, como es mi caso. Para otorgarte la subvención tienes que estar en el paro un mes antes de crear la empresa; más que nada porque estar en el paro y no cobrar te ayuda muchísimo para poder comenzar con algo que requiere un gasto tremendo. Si es así y durante ese tiempo has ido comprando muchas cosas para tu nuevo negocio y conservas las facturas entonces es cuando tienes la posibilidad de que te den la subvención. Y por supuesto te la dan un año y medio después de pedirla más o menos que es cuando más la necesitas, si es que te la dan. Pero claro, vistos los muchísimos gastos que se requieren para poder ofrecer un servicio que te dé de comer, están las cosas como para dejar el trabajo y dedicarse felizmente a comprar pizarras y muebles y pinturas y publicidad. Si es que desde luego se preocupan muchísimo por el joven emprendedor. Ya ves, nosotros estábamos pensando en gastar lo menos posible, en coger una mesa del primo Chema, unas sillas de la tía Olivia, un aparato de aire acondicionado de papá Lorenzo, mi propio ordenador, mi propio router, las carpetas de Isel, la pintura que ella compró hace meses, etc… porque el objetivo primordial es gastar lo menos posible para hacer frente a los gastos de alquiler, de agua, luz y otros muy chistosos que fuimos comprobando más adelante.

Pues bien, en esa primera cita, la directora del vivero nos comentó que era muy importante saber si el local que vamos a alquilar tiene licencia de actividad. Nos dijo que seguramente no habría mucho problema y que, en cualquier caso, consiste en un trámite sencillo que se hace en el ayuntamiento del distrito. Isel fue al ayuntamiento al día siguiente y le dijeron que ellos no se encargan de esas cosas. Yo llamé al área de urbanismo del mismo y me dijeron que ese procedimiento ahora está externalizado y se dedican a llevarlo a cabo las ECLUS. Veréis qué maravilla y qué invento de cosas, os va a encantar.

Las ECLUS son empresas colaboradoras de licencias urbanísticas del Ayuntamiento de Madrid. Son empresas privadas que se dedican a mirar una memoria descriptiva que tú mismo tienes que rellenar y mandársela al ayuntamiento cobrándote entre los cuatrocientos y los ochocientos euros según les salga a ellas de la polla por hacerlo. En serio, son para partirse de la risa. Me informé bien de su existencia. Nacieron allá por el hermoso día 1 de Abril de 2010 con la intención de acelerar el proceso de licencias para nuevos negocios. Un proceso que antes tardaba un año y medio de media y que gracias a ellas ahora se reduce a quince días o eso dicen. El caso es que fue bastante polémica la creación de las mismas, de hecho el ayuntamiento de Madrid fue denunciado poco después por el Tribunal Superior de Justicia, pero claro, recurrieron y ganaron. Y es que desarrollan una labor fantástica y totalmente moral donde la ética brilla con todo su esplendor. Como yo también soy un cachondo, igual que ellas, lo que hice fue solicitar a todas presupuesto, a las 27 que cuentan con el permiso del ayuntamiento para realizar su labor. No tenía nada mejor que hacer el domingo. Me puse y a todas les mandé en pocos datos que quiero crear una academia en un local comercial de planta baja de 60 metros cuadrados. No tiene desperdicio, en serio, la respuesta de cada una. Los precios entre unas y otras son tan variables y los requerimientos tan distintos que es increíble que pueda obtener la misma licencia con cada una de ellas y según confesiones tan diferentes. Me gustaría aportar datos de cada una, porque tengo los nombres de cada empresa, teléfonos, direcciones y presupuesto de cada una de ellas pero por ahora bastará con resumir las barbaridades que me decían más que nada porque todas ellas tienen super protegido el hecho de expresar a terceros los datos que me mandaron. En fin, voy a guardarlos y quizá me aventure a denunciarlos de alguna manera pero por ahora lo que quiero es contaros el maravilloso mundo de sus actuaciones, ahí va el monólogo:

Casi todas me dicen que no es necesario contratar a un arquitecto para realizar los planos del local, que los puedo hacer yo mismo pero casi todas coinciden en que es mejor contratar a uno, de hecho casi todas me dan referencias de alguna ingeniería técnica que se dedica a ello porque claro, entre todos cobran comisión. También hay otra que me dice que el organismo del Ayuntamiento de Madrid hoy día obliga a que los planos vayan firmados por un arquitecto. Y hacer el dibujito, que también he pedido presupuesto, cuesta 935 Euros más IVA, os doy el precio del más barato. Aquí ya empezaba a fallar algo así que seguí investigando, la verdad es que me lo pasé muy bien. Otras afirman que el cuarto de baño tiene que estar preparado para minusválidos, otros me dicen que no es necesario, otras entienden que debería tener dos baños, uno para chicos y otro para chicas… y a ver… ¿a cuál le hacemos caso? Luego me dicen, unas sí y otras no, que debo tener sistema de detección contra incendios, otras me dicen que por las dimensiones basta con un extintor y unos carteles que indiquen la evacuación en caso de incendio. En cuanto a la realización de obras, que eso es lo más chulo de todo; pues bien, yo en principio dije que sólo quería pintar porque el local resulta que antes era una guardería con lo que tiene las aulas hechas y el cuarto de baño y está para entrar, pero claro, pintar me dicen unos que es un acondicionamiento y se considera como obra, otros me dicen que no. Por supuesto si se considera obra cuesta más. Es más, poner un cartel que se vea desde la calle también se considera obra, cuando yo sólo quiero una tabla pintada por mí mismo y nada más. En fin, que como decía antes los precios varían entre los cuatrocientos y los ochocientos euros, así porque sí y ya está. Estoy hablando de algo que antes no costaba nada o costaba muy poco, se contaba como trámite pero nada más. En fin… hay otra por ahí que me pide el caudal de evacuación del local, que me pide de qué material están hechos los pilares del edificio. Casi todas me mandan un archivo pdf que tengo que rellenar, que ronda las 20 páginas y que es lo que ellos van a entregar al ayuntamiento cobrándote por ello lo que venimos hablando.

Cuando le conté el asunto a la directora del vivero de Moratalaz alucinó. De hecho ella todavía no se había enterado de que el sistema de licencias había sido externalizado y privatizado. Esta es una de las facilidades de montar una empresa, os animo a hacerlo, todo es un hermoso camino de rosas. Luego están los números; sí, aunque no lo creáis hay que hacer números y hacer muchos. Yo empecé a hacerlos de forma muy sencilla, lo hice por la cuenta de la vieja y las cosas cuadraban. Dije: a ver… ente Isel y yo podemos ahorrar hasta principios de Octubre tanto, el alquiler vale tanto, la gestoría vale tanto otro, darse de alta es gratis… pues en fin, como tengo alumnos que sé que ya van a querer que yo les de clases, merece la pena tirarse a la piscina e intentarlo… Sí señores así de simple. A pesar de haberlo pensado de forma tan sencilla, preparé un proyecto de empresa de treinta y dos folios e hice unos cuantos balances y cuentas de resultados para comprobar si, efectivamente era viable. Ambos podíamos conservar nuestros trabajos actuales, yo empezaría solo y más adelante, cuando la cosa fuera rentable, pues así esperábamos, ya vendría Isel a ponerme las cosas más fáciles. Pues lo llevábamos claro… En el vivero de empresas, la directora sacó un programa hecho con Excel de la ostia donde nada de lo planteado por nosotros cuadraba y donde los ratios eran abusivamente negativos en todos los sentidos. Así que con ella empezamos a cambiar datos y seguíamos en números rojos pronosticados. Entonces nos dijo que habría que pedir un crédito. Puaff, con lo que me gusta a mí pedirle nada al banco. En fin, pidiendo un crédito las cosas cuadraban, pero para que nos lo den, a pesar de ser un ICO e ir orientado a emprendedores, habría que pedir un aval a AvalMadrid…. En fin, las cosas se iban complicando y yo le dije a Isel que nos tiráramos un año ahorrando porque yo paso de deberle nada a toda esta panda de mentirosos.

En la segunda visita al vivero, la directora ya se había leído mi proyecto. Hizo sobre él algunas anotaciones y me aconsejó algunos cambios. Me dijo que estaba un poco incompleto y me dio algunas buenas ideas para mejorarlo; aún así le dije que no sirve para nada porque eso no lo va a leer nadie. Me dijo que el banco sí si quiere darme el crédito pero yo le dije que el banco lo único que iba a mirar eran nuestros pronósticos numéricos, lo que cobro actualmente y lo que cobra Isel y santas pascuas. Estaba de acuerdo conmigo pero me dijo que al menos el proyecto me serviría para mí mismo, cosa que comparto en parte porque ese proyecto ya existe desde hace mucho en mí y, a efectos prácticos, no vale para nada. Lo que sí está es muy bien hecho y muy bien redactado. Isel lo llama: El proyecto poético-empresarial; pues en él se habla de los antecedentes del proyecto, del origen de la idea de llevarlo a cabo y es que es para contarlo. Vamos, que el proyecto, aparte de contener mi currículum y algunos números, desprende muchísima pasión e ilusión por llevarlo a cabo, cosa que seguramente reste oportunidad de ser aprobado por un banco sin sentimientos. Además nuestra academia funcionaría de un modo totalmente diferente del resto, cosa que ya contaré en otro momento y está muy orientada a un modo de actuación que es el mío propio y que enseña a aprender y no a aprobar.

En fin, después de tantos obstáculos uno tiene que pensar. Le dije a la directora del vivero que aunque pudiéramos permitirnos el gasto de la licencia es algo que no me permite mi religión. Ella me dijo que si las cosas están así es mejor cerrar los ojos y hacerlo; es la única manera de conseguirlo. Pero es que no me da la gana… esa fue mi respuesta. Y es que es verdad: no me da la gana soltar ese pastizal por algo que considero no vale nada, nada de nada en absoluto. Es más, si tanto hablan de la crisis creo que deberían facilitar totalmente las cosas para crear empleo. Me refiero a que deberían venir ellos mismos a ver el local, rellanar ellos los papeles y ser ellos los que consigan la licencia sin intermediarios. También creo que no deberían mentir, pero vamos apañados con estos del PP que son capaces de venderte a su puta madre por conseguir un euro. Y es que es así como debería funcionar. Deberían tener, no sé, una piñata y luces preparadas para la fiesta cuando alguien se les presente con la intención de crear un negocio y crear empleo, porque entre mis objetivos está también crear tres puestos de trabajo, pero no. Para nada. Lo que hacen es eso. Privatizan algo que toda la vida ha sido público y se ha hecho en el mismo ayuntamiento. Encima te mienten porque no es necesario que un arquitecto dibuje ningún plano. Por el amor de Dios, si el plano de un local lo hago yo durmiendo la siesta. Y encima cada uno te requiere una cosa y te vuelven loco. Al final te acabas planteando el hecho de acceder, aunque sea a través del que te ha parecido menos deshonroso, pues todos lo son. Acceder a la mentira, es decir, acceder a llenarles las arcas aún más por un procedimiento innecesario. Incluso llegas a plantearte, ya que ellos son ilegales, a empezar desde la ilegalidad. Crear el negocio, traer a los niños, darles clase y cobrarles sin licencia. Sí, caerías en un delito pero ya lo están cometiendo ellos, ¿quién lo haría a más escala… ellos o yo? Yo pienso que ellos, lo tengo clarísimo y es lamentable.

Y bueno, si os ha parecido poco, otro día cuento el tema de las gestorías, lo de darse de alta en Hacienda y en la Seguridad Social, la licencia de cartel, el permiso del gobierno autonómico… Si es que hay empresas que te cobran un riñón y te hacen todo este engorroso papeleo. Yo aseguro que me voy a gastar lo menos posible o voy a pasar de montar la academia hasta tiempos mejores. Tiempos en los que no suban el billete de metro un 50% así de repente, tiempos en los que la gente no sea del Real Madrid o del Barça, tiempos en los que sean puestos en su sitio los explotadores. O tendré que adaptarme a estos tiempos sin agachar la cabeza, montar en hermosa clandestinidad un sueño posible y argumentar estar fuera de ellos, no creer ni compartir sus leyes ni sus oscuras intenciones. Ser anárquico hasta conmigo y regar con Isel el mundo de proyectos poético-empresariales donde nada valga nada, donde todo sea nuestro sin ellos y haya corazón.

Por cierto… un último chiste… se abre el telón y se ve a una estampida de personas que salen corriendo despavoridas al enterarse lo que cuesta su licencia para montar una empresa… ¿Cómo se llama la película? La gran ECLUsión.

lunes, 1 de agosto de 2011

De Isel me gusta...

De Isel me gusta el mango que le sale del árbol de la boca,
me gusta el etílico corazón liado en los tamales,
de Isel me gusta la doliente verdad, los arrítmicos jirones,
el eterno manantial de sus ventanas.

De Isel me gusta el tamborilero paso de septiembre,
su ojo verde que se quiere verde, su ojo rojo que se quiere azul,
me gusta su fiesta interminable, su optimismo metafísico,
su creencia hermosa contra todo experimento.

De Isel me gusta el almendro donde duermo a la deriva,
la vida vista sin aumentos, el hocico puesto en el solar,
de Isel me gusta el posado que me deja postrado
cuatro relojes por lo menos. De Isel me gusta el segundero.

De Isel me gusta que consiga que yo sueñe que sueño soñar con ella,
que haya hecho de mi casa una casa soportable,
que no sufra tanto el verano logarítmico,
que quiera ser aún más que el algarrobo.

De Isel me gusta el nombre y decirlo acongojado,
de Isel me gusta el acantilado donde cae de todo menos muerte,
me gusta la simpleza, la cometa agarrada a la coleta
donde giran absolutamente todos los colores.

De Isel me gusta el carruaje de carne con que me atropella,
la longeva lengua de sus mitades, el cuántico zurrón
donde vibra la fruta en su despensa, la cosquilla
de su isla en mi dolor.

De Isel me gusta el aro de su infancia de mandioca,
el patio de sus piernas donde abunda la maseca,
las macetas de tristeza colgando en las pestañas,
el mundo hecho guayaba en sintonía.

De Isel me gusta la alegría.

De Isel me gusto yo.

viernes, 29 de julio de 2011

Centrípeto

Tengo la sensación de ingrávido los lunes
cuando el caos electrónico fecunda la vidriera
y marcho en cabizbaja procesión
al inequívoco lugar
donde
me desencuentro.

Tengo la sensación de acinético, de momentáneo,
cuando la factura pizpireta me guiña
tenebrosa en el buzón
como si sólo los números
se acordaran
de mí.

Tengo la sensación segura de muerto
cuando muerto vacío la cartera
en el colorido lupanar
donde se hinchan
a comer
los cerdos.

Tengo la sensación de que una rabia azul
se me acumula en la médula,
que hay un mar rozándome la espalda,
que si tuviera un arma
dispararía contra
los libros.

Tengo la sensación de que nací
equivocado
de capricho.

De que la gente parece
segura
de la infelicidad.

De que alguien observa
a alguien que observa
para pasar
desapercibido.

Tengo la sensación de no pertenecer,
de estar del lado de los bandidos,
de ser centrípeto,
de conocer la masa
de la tristeza.

Tengo la sensación de que
lo único rentable,
lo único cien por cien seguro,
la única posible amortización
hasta arriba de beneficios,
la bolsa llena de índices cortados,
el préstamo repleto de avales
es Isel.

Tengo la sensación de ser ficticio,
de haber revolucionado con creces
el amor,
tengo la sensación de ser crónico
en la piel de Tegucigalpa
y de no vivir
en absoluto
en el teatro.

viernes, 22 de julio de 2011

Mi madre

Tampoco ella habla demasiado si no le das pie; de ser así concentra la falta de conversación en los minutos siguientes donde no parará de contarte mil cosas en torno a la rutina de la vida. Cuando la miras a los ojos sabes que Dios se ha concentrado en hacer unas cosas mejor que otras; construir los suyos le costó tres días y medio por lo menos. Es grande y pequeña y siempre pasa desapercibida. Pertenece a una generación anterior a la de sus padres, vive en otra época y ha conseguido hacerlo en ésta. De ella salí con mis cuatro kilos y medio de niño mal criado y nunca le dolí. Me quiere tanto que sería capaz de organizar a una banda terrorista en mi nombre.

Tiene los ojos avellana y, al mirarlos es como beber Cointreau. Te hipnotizan, no miento. En los veranos procuro llevar gorra para evitar el carcinoma que podría transmitirme si me observa, sólo vierto sobre mi carne crema solar si ella anda por la orilla y se atreve a mirarme. No miento. Abnegada y feroz, mi padre le silba y en unos milisegundos ella ha hecho las maletas, se ha peinado y está a punto para partir. No ha estudiado meteorología pero ha aprendido a pronosticar nuestros deseos. Lo peor de todo es que parece que le gusta. No miento.

A la mínima de cambio te suelta la verdadera razón de que las cosas vayan tan mal: Anteh el hombre trabajaba y la mujeh se hacía cargo de lah cosah de la casa. Ahora eh todo un dehcoloque totah y así ehtán lah cosah. Y loh chiquilloh pueh no ven a suh padreh y salen caprichosoh y tontoh perdíoh. Ni siquiera el papa es más machista que ella. Nunca ha dicho una palabrota en su vida salvo una vez delante de su padre, el abuelo Sebastián, quien le dio un tortazo y le hizo sangre, dejando para siempre de lado las maldiciones; quizá por ello ahora mi padre blasfema por los dos.

Cada vez que cocina consigue que los rostros se llenen de alegría y soltemos un gran alivio de entusiasmo. Si somos cuatro cocina para e elevado a cuatro, si somos quince cocina para e elevado a veintitrés. Es cierto, no tiene cálculo para la comida. Es excesiva y meticulosa en los fogones. Un día eh un día, te dice cuando hemos comido según su fórmula exponencial y así se convence de que no pasa nada por haber roto la dieta otra vez. La dieta, menuda lucha tiene con ella; consigue hacerla, de hecho, casi siempre está siguiendo su propio plan de comidas, el cual le gusta romper si hace falta. Se convence a sí misma: … bueno.. .tampoco…, ehto lleva verdura… no pasa ná por un día… el luneh empezamoh otra veh… Todo un incumplimiento maravilloso.

Si no fuera por los años, cualquiera diría que no tiene más de dieciséis. Si fuera por lo vivido las cifras se nos escaparían de las manos. Cualquiera que la conoce sabe que da gusto intercambiar unas palabras con ella. Es amable y optimista y escucha meciendo siempre su cabeza asintiendo para conmover, asegurando que el receptor sepa que ahí está y sí lo escucha, sí otra vez, sí con las mejillas, sí.

Tiene tantas cosas y buenas que tengo que dar saltos para explicarme, voy de aquí a allá sin esquema procurando que conforme me motiven mis experiencias con ella vayan saliendo a relucir. Por ejemplo se emociona, no hay nadie en el mundo que se emocione tanto y con tanta facilidad aunque luche contra ello. Cualquier historia enternecedora de la televisión hace que se le salten las lágrimas y disimule. Es la gran madre andaluza, toda Andalucía con su acento y su filosofía ancestral le llena la sangre hasta los dientes y por eso explota como buena madre andaluza con un sentimiento potente y teatral, tan expresivo y energizado como la vida misma. No puede evitarlo, tampoco soporta las despedidas. Me acuerdo que los primeros años en Madrid cuando iba al pueblo a visitarlos, a la vuelta siempre estaban sus lágrimas poniéndolo más difícil. Y su llanto es pegadizo, como su risa. No hay prácticamente nada tan agradable como verla reír a carcajada viva. Pierde por completo los papeles y le sale un chillido gracioso y unos lagrimones como puños, los ojos se le ponen rojos y consigue que la gente que haya a su alrededor se contagie de la misma carcajada.

Siempre siente nostalgia del pasado. Se percata de que ahora no damos tanta importancia a algunas cosas que eran tremendas en otros tiempos. Era otra ilusión… suele decir con melancolía cuando nos cuenta el entusiasmo que tenían en el pasado por casarse, o comenzar un negocio familiar o ese tipo de cosas. A nadie le engaña su mirada, por mucho que sus ojos te colapsen de belleza la epidermis muestra todo el sacrificio y todo el dolor que ha soportado. Es una mujer todo terreno. La he visto trabajar en el campo tirada en el suelo con sus rodilleras cogiendo la aceituna que no pudo agarrarse al olivo. La he visto tirando de los lienzos para que los hombres sigan dando palos con su vara, la he visto en las montoneras y en los tomates. La he visto en la cocina y en la fregona y en las mantas de las camas hechas con cariño. Eso sí, cuando se pone también tiene una mala ostia digna de nuestro apellido. De pequeños temblábamos cuando mi hermano y yo nos peleábamos y nos decía: me ehtáih enritando… uy uy… nada bueno deparaba eso y, entonces, dos minutos más tarde teníamos su mano tatuada en la cara.

Recuerdo con especial asombro la manera de comportarse ante alguno de mis recitales. Ya he dicho alguna vez que mi madre nada sabe de poemas pero los llora todos por si acaso y así es. Si está presente procuro no mirar al lugar que ocupa. Convoca tal mezcla de admiración y tragedia que no puedo con la poesía, no puedo. De alguna manera ella está llena de rincones donde se acumula el agua y basta una pequeña falta de perspectiva para que la presa se derrumbe y evacue la cascada consiguiente.

Lo que más me gusta es abrazarla, a pesar de mi tamaño superior todavía me la imagino más grande que yo, gigante cuando me agacho para achucharla. Es blanda y huele a ella, es inconfundible. En su pelo corto se mezcla el vaho de la cocina y los perfumes de imitación. La quiero tanto que es doloroso reconocerlo.

Estoy seguro de que si todos los seres se amaran una millonésima parte de lo que ella me quiere a mí este mundo sería maravilloso e insoportable.

Mi madre se llama Florentina.
Mi madre crece bajo el sol.