miércoles, 22 de diciembre de 2010

Navideño anecdotario

Sí, ya sé que últimamente no hago más que versar sobre Isel y qué si no hay nada mejor sobre lo que hacerlo. Más allá de ella, la vida sigue dándome pánico cada vez que conduzco, cada vez que emito y reviso un informe, cada vez que enseño a un niño despistado el modo de calcular la velocidad de la órbita de un satélite de Júpiter. Me dan pánico estas fechas llenas de luces y regalos y números rojos, estas fechas en que se hace homenaje a la hipocresía, donde aún los mayores se empeñan en tener la ilusión por abrir una caja y descubrir, oh, milagro, una corbata nueva, una colonia de las caras, un mundo lleno de paz y felicidad donde no pasa nada porque hay turrón. Yo alucino montado en mi coche que se niega a protegerme porque siempre le falla algo a mi maravilloso auto y últimamente no me deja que me ponga el cinturón porque lo acorrala en su sitio y es imposible ponérmelo, alucino, como digo, dentro de él, atravesando Madrid en busca de Isel y veo las colas gigantes en los grandes almacenes y en los puestos de lotería y no sabe nadie, nadie, que a mí, que no he jugado un solo número este año, me ha tocado el primer premio y que a Isel, claro que sí y esto le hace reír cuando se lo digo, le ha tocado el gordo.

Cada vez que llamo al timbre de Isel veo por todos lados pintadas del neorrabioso. En el BBVA ¿Occidónde?, al otro lado del portal: Inmigracias, en la calle paralela La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa y así un cúmulo de todas ellas que me sorprendieron porque nunca había visto ninguna y resulta que la musa del viento vive en mitad de la capilla Sixtina de las neorrabias callejeras. Yo me escapo a verla, tarde tardísimo, según me deja el trabajo y allí está Isel helada frente a la pequeña estufa, medio dormida en su sillón, representando inconscientemente todo lo que yo he deseado en mi vida, todo con lo que he soñado sin que nada le cueste, sin que apenas lo sepa, sin que nada ni nadie lo impida. Yo le miro en los ojos los dos meses que llevamos juntos y veo una década de secuestros y veo la sensación fácil, la extraña sensación de conocerla siempre, de haberla querido siempre, de lo trivial que ha sido nuestro encuentro. Pues Isel sólo tuvo que nacer en Honduras, sólo tuvo que tener una madre que le deseara unos estudios y un buen trabajo, sólo tuvo que ocurrir que en su país abundara la delincuencia y las pocas posibilidades, sólo tuvo que ser obligada por esa madre a venir a Madrid a buscar suerte, sólo tuvieron que pasar seis años para que entonces un día, y después, pues la cosa es sencilla… de que yo también dejara el pueblo andaluz y viniera a la capital a estudiar y trabajar ocho años, después de que me gustara tanto el arte contemporáneo que tuviera que acudir otro domingo gratis, un domingo cualquiera pero tan diferente que da miedo al museo Reina Sofía…. Ese domingo en el que sólo tuvieron que acercársenos horas y horas de avión y una suma de posibilidades que puestas juntas están tan próximas al cero que da pavor intuirlas, ese domingo en que ella atravesaba el paso de cebra más bonito del mundo, ese domingo para que mi corazón, al que estaba ya empezando a colocar trocitos de Barrita Arreglatodo que venden en las ferreterías, por si acaso funcionaba, mi corazón, ese hueco mío de mí sin mí para nadie, mi corazón dijera hola, mi corazón dijera, te vienes, mi corazón pareciera un corazón que late salvajemente, sin cálculo, hasta ahora y gracias a Isel, bendita suerte el día que la conocí.

Y ahora que Isel me es y algunos pseudoamigos me avisan: cuidado, todas las sudakas llevan un latin king dentro, cuidado, el otro día vi El diario de Patricia y salió una lista que se había quedado con todo lo de un tío, cuidado con Isel, cuidado… Ahora que he vivido, oh, sí, maravillosamente, el cúmulo de prejuicios absurdos, no sólo por los mayores, sino por chicos jóvenes en pleno uso de sus facultades, ahora que tanta pena me da, que tanto estertor se me acumula, a mis pseudoamigos les digo: no pienso dirigirte la palabra desde que sé que ves esos programas en la televisión pero ven a mis brazos y yo, oh, la suerte que tengo de tener mi cabeza, habiendo vivido en un pueblo donde abunda la xenofobia, la homofobia y todas las fobias a cualquier ser humano que no sea de allí, que no sea normal, que no sea ignorante, yo acariciaré tu falta de sentido, tu falta de juicio, tu cúpula de cristal donde has crecido sin ver más allá del vidrio, chocándote como la mosca y permaneciendo allí, allí siempre, allí. Pero como tengo la suerte de que nunca llego por algo así al enfado sino a la pena, me entristezco levemente por los prejuicios y me miro poeta otra vez, universal como siempre, con mis ojos mirando las cosas que están cerca y las perspectivas acumuladas en el horizonte donde abunda el todo, donde Isel ha puesto montañas, donde Isel llora un poquito solo toda esa mala suerte de comentarios y se ríe cada vez que le digo Centraka, mi Centraka bonita, mi Sudaka hermosa que todo me lo has de quitar, y es cierto, pues ya, por lo pronto, me ha usurpado los sentidos.

Por otro lado, quería agradecer a los Poekas y a Gsús Bonilla y compañeros su predisposición para acompañarme al hospital a llevar a cabo ese encuentro poético con los niños, algunos ya sabréis que lo haremos en fechas diferentes a la navidad pues, después de haberlo organizado casi todo con la Doctora Román, jefa de pediatría del hospital Puerta de Hierro de Majadahonda, me di cuenta de que para fechas tan señaladas como estas los niños tienen un montón de visitas, que si de la asociación de vecinos de Majadahonda, que si de los reyes de la localidad y los de la Comunidad, que si del papa Noel de Las Rozas… además, me enteré que el resto del año apenas se acuerdan de ellos para actividades así, de modo que me parece mucho más razonable que, como ahora los van a saturar de visitas, nosotros lo hagamos un día cualquiera, un día al que pongamos nuestro nombre, el día de la poesía, el nuestro, sin navidad de por medio, sin fecha obligada para ser bueno y llevar ilusión, un jueves de marzo, el último viernes de abril… el que sea. Cuento con vosotros, amigos, para llevarlo a cabo entonces y de verdad agradezco la gran cantidad de gente que ha querido sumarse a una actividad así; muchas gracias de verdad.

Y, para finalizar, pues desearos a todos una feliz navidad y un próspero año nuevo lleno de poesía, que no nos falte nunca, que os toque algún dinero, que nunca viene mal y que se os adelanten los reyes, como a mí, que me vinieron a finales de Octubre, con la bonita Isel, el mejor regalo que la vida me ha hecho.

¡Felices fiestas!

Invierno

La retina del pijama
ama la vela de las cosas
y osa advertir a la carne
la lactante mambla,
la fornida tráquea
del beso hecho hueso
en la pandereta
del poeta
y su boca.

Así, cuando a la noche
tiemblan las luces
y de bruces caen las bolas
en árboles y cortinas,
miran los amantes los belenes,
tienen sus casquillos
brillos de atascados,
los halos de sus cuerpos
tuerzo en las mantillas
y astillas de nieve
deben saber en los cristales
los retales de la vida
en la barriga de la suerte.

La feliz pareja
sólo se queja
del celo de sí;
Isel, armónico mantel
de sueños, espero
que la noche
ose abarcarte
con su eco,
con su espejo
y te haga mi universo
esfera,
mi pulsera
de reloj.

Lotería

Tentada de improbabilidad
la cola lotera
escancia su pena
por los rincones.

En la feliz vanidad
son campeones
los dineros, las colonias,
los tacones.


De tanto amor
se nos pega el hambre
de Bostwana.


Mas en el derroche
no está el broche
de paz
en el mundo.


Aún así, por Navidad,
caníbal, el hombre
se come y se come
hasta hartarse
de sí.


La lotería obesa
tiene la gula
de los inflados
y el hombre tiene pavo
en los regalos
y los fogones.


Tentada de improbabilidad,
la cola lotera
escancia su pena
por los rincones.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Isel, la inmigrante

Isel,
guapa sin límite,
demoníaco tazón
de leche tibia.

Isel,
depravada dulzura,
desproporcionada
ignición de sueños.

Isel
a los pies del mediterráneo,
resucitando a mis muertos
con su ojo-catamarán.

Isel
llorando a medianoche
por las faltas de ortografía
del mundo,
por las faldas y geografías
del mundo,
por la inmigrante Isel,
por la prejuzgada Isel,
por los puestos
de marionetas
del mundo.

El pecho de Isel,
comestible frontera,
donde no está prohibido
nada.

Los ojos de Isel,
selvático milagro de lumbre
donde el poeta asume
su carencia de palabra.

Isel,
guapa sin límite,
concupiscencia libre
de delitos,
culpable tan sólo
de la erección de mi alma,
del trueno del cadalso.

Isel, Isel, Isel…
Lo que me gusta decir su nombre…
Isel.

martes, 30 de noviembre de 2010

Grado 7


Los semáforos me saltan
con la ígnea estampa de su cuerpo,
yo pierdo el aliento
cada día
en Comandante Fortea
en mitad de las neorrabias
donde Isel me vive.


Ella y yo
convocamos
forajidos
recitales poéticos
solidarios
para apaciguar
los grados siete
en la escala
de Ritcher
de nuestra
náusea,
pues estamos
destinados
a romper
todos los pianos
del mundo,
todos los poemas
del mundo,
todos
los
elementos.


Hay un tiranosaurio rex
en la pincelada cochambrosa
de la calle donde tuerce
el ojo de Isel
cuando me mira
y el ojo es un océano
que se come a las trompetas.


Y Dios se masturba
en su higuera
cuando la carne
se hace sangre
de arrebato.


Ya hace rato
que se corrieron
las cortinas.


¡Islas en los ojos,
islas!

lunes, 29 de noviembre de 2010

Demostración

Supongamos que x=1 y que te quiero,
supongamos que el logaritmo en base 2 de tu cuerpo
hace que la lluvia sea cartesiana y con pendiente,
supongamos que, por accidente,
x=0 y que te enhebro, en las conquistas,
parábolas.

Si te quiero y x=0: el frío
si te quiero y x=1: el beso,
si llueve te llevaré al fractal
donde despejar
nuestras incómodas
hipótesis de viento.

Pero si al quererte tanto
x tiende al proscrito
vals de mi cerebro,
habremos calculado mal
el otoño
y serán necesarios
los binomios,
los unicornios
para entendernos.

Habrá un crack
de matemáticos
si no desciframos desde ya
la hipocicloide,
la homología
de tu ojo.

Trampantojo si x=0,
escudo si x=1.

¡Trampantojo el mundo,
Isel,
trampantojo!

jueves, 25 de noviembre de 2010

Consejos

Cuando hagas llorar a una chica
y sea de felicidad,
salta la anchura del tiempo
hasta la sucursal de nubes
de su ojo
y mírate en el abeto
donde riñen las palomas.

Isel estará dormida en el
ocaso.

Cuando encuentres un cabello
de más de medio metro
en los relojes de los lunes horrorosos
y tengas el sueño de los candelabros,
tómate menos en serio el trabajo
y lleva a Isel en el transporte
de tu cuerpo equivocado
y dile amor y dile espoleta.

Isel estará inventando los planetas
en tus órbitas.

Y, sobretodo, cuando demuestres
matemáticamente que desde que la conoces
la vida no ha hecho más que multiplicarse,
cuelga del tendal tautologías,
súmete en la ergonomía de su eco
y canta para adentro lepidópteras.

Isel estará creando el mundo
que olvidaste.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Locus Amoenus

San Lorenzo,
a la sombra del otoño
en las fuentes de la sangre
del estanque en Valmayor
donde Isel me pesca
con su eco.

Paracuellos de Jarama,
a la vista de las torres
en la salida de los aviones
que van ida y vuelta
al corazón
donde se estrellan
a herida abierta
las guitarras.

Coslada,
en los besos que se mueven
en la huida de los trenes
y sale el sol
justo por la esquina
donde le sangra el labio
a la mañana.

Y en los muelles de los puertos
y la cama,
y en las abrasiones
de los hombros y la palma,
en las magulladuras
de ruidos y lágrimas,
las avulsivas heridas
de los cuellos,
en los noviembres
enteros
donde la vida canta
con el pecho,
donde la vida canta
desde el exceso
de vivir
sin dormir,
donde la rabia
era otra cosa,
donde tienen sentido
los esguinces
y nos da igual
la excoriación.

Tan diferentes ella y yo
que Madrid
nos ha sumado,
usurpado
el hecho de buscarnos
sin recompensa.

jueves, 18 de noviembre de 2010

CONVOCATORIA

Convoco a todos los poetas y demás seres del multiverso para acompañarme uno de los días de Navidad a llevar ilusión y alegría a los niños del hospital en que trabajo. Me gustaría disfrazarme de Papá Noel o de payaso y dar a esos pobres niños que veo todos los días enfermos un poco de poesía más allá del medicamento, un poco de alegría más allá del suero y el duelo y el dolor.

En el hospital ya he convocado entre los conocidos una recogida de detalles, de juguetes, de tonterías de cualquier tipo y seguiré practicando algunos trucos de magia y seguiré imaginando qué hacer; ya el año pasado lo pensé pero todo se pasó sin que me atreviera, pero por qué no, por qué no ahora.

En fin... como digo, os convoco, compañeros, haremos marionetas y buscaremos la sonrisa, un día, sólo un día que ellos recordarán siempre, venga... ¿quién se apunta?

Lepidóptero

No amor
sino lepidópteros
en el glande.

No ya Urano
sino alfombras
de lengua
en las orillas.

Y el otoño cayendo
boca a boca
en la costra,
en la corola
del verbo.

El techo
en un suelo
de escolopendras
surcando
la espalda.

Evitando a toda costa
las clínicas de desintoxicación,
diciendo te quiero sin secreto
igual que el gasterópodo,
llamándonos nube
y siendo nube,
reconociendo que nos falta
una parte del cuello
y regalándonos
los omoplatos
que nos sobran.

Siendo principio
como si el principio
nos precintara
y devorándonos
con la culpa
de la guerra.

No sólo amor
sino yo desnudo
pintando a Isel desnuda
en la tarde sin relojes
donde a toda prisa
dormitan los insectos.

Siendo capaces
de todo:
angiospermas
de sépalos
infinitos.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Incautación

Isel:
tú haces que yo esparza
la desnutrida garganta del viento
sobre el aquelarre
donde danzan
mis demonios.

El cuello de heroína,
el ojo barbitúrico,
el labio, metilfenidato,
el brazo, buprenorfina,
la nariz, el hachís,
me revientan,
me exacerban
a los campos de acelga
y espinaca.

Isel:
tú has dicho que me quieres
dos coma cinco miligramos
y yo sé que en uranio
iluminaríamos Las Vegas,
las islas griegas
y Tegucigalpa.

Las manos de espoleta,
el verbo hexotonal,
el beso,
trinitroclorobenceno,
la boca, nitrocelulosa,
la ceja, pólvora negra,
la mecha, el corazón,
nitroalmidón
son poco comparados
con la cocaína,
con la metadona
con el levísimo
aroma
de tu cuerpo:
trinitroaftaleno,
anatómica
demolición.

Isel:
tú has filtrado el largo listado
de mis ilusas divagaciones
y has puesto en marcha
el reloj
de la hora exacta
de mi suerte.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Cómo conocí a Isel

Eran las doce en punto de la mañana y la noche anterior había tenido lugar el cambio de hora. Era un domingo lluvioso en el Paseo del Prado donde intersecta con la calle Atocha y, de repente, de una carne que cruza un paso de peatones salió un relámpago que me partió en dos las cortinas de mi párpado izquierdo. Allí estaba Isel con un precioso jersey de punto gris, fragmentando la gravedad de mi universo en tantas partes como mi ojo era capaz de distinguir entre las suyas. Su belleza extraña, más aún que la de las catástrofes naturales, más aún que la de los ritos salvajes e incomprendidos, me impidió tomar nota en seguida de sus vértices con lo que tuve que invitarla al museo Reina Sofía y ser modista de ella mientras alucinaba o se aburría estrepitosamente entre los cuadros.

La cola kilométrica para acceder al museo me permite darle mi primera impresión de serio, insulso, pedante y payaso. A cambio, ella se muestra arisca, distante y nunca me mira a los ojos mientras habla, con lo que yo aprovecho para anotar mentalmente el color selvático y apocalíptico de sus córneas donde todo el viento y su espacio hacían las veces de remolinos llenos de trampas en las que yo me caía a posta y tan feliz. Le hago subir escaleras y más escaleras para ponerla frente al Guernica de Picasso, un cuadro que nunca ha visto salvo en las ilustraciones. Nada más entrar en la sala se me pierde, se va por entre la gente para colocarse la primera y se tira un buen rato mirándolo, concienzudamente, un minuto ,dos… tragándose toda la guerra civil a cubos de blanco y negro salpicándole las pupilas. Luego me busca y yo sigo mirando el cuadro que es ella, más bonito que los Dalís de después, que los Mirós de más tarde, que los Picassos de ahora. Se me acerca y me sonríe por primera vez y me dice gracias por traerme y ya, de repente no es tan arisca, no es tan distante, no es tan extraña aunque su belleza lo siga siendo y cada día más. Le hablo sin parar de los cuadros, de su significado, de cuándo y cómo, la historia de cada uno se la cuento porque estoy nervioso y cuando estoy nervioso no hago más que hablar y hablar y mientras tanto pienso que estoy aburriendo a la chica, que seguramente esté deseando sobre todas las cosas que me calle de una vez, pero ella los mira, los sigue mirando y qué suerte de cuadros y qué suerte de esferas. La invito a pasear a El Retiro y, en el camino empieza a llover y le da lo mismo porque le gustan los días de lluvia igual que a mí, así que mientras todo el mundo busca refugio nosotros nos metemos bajo el edificio del Forum de la Caixa bajo el pilar invisible de su arquitectura y miramos el ir y venir de los paraguas y ella se queda de nuevo seria infinitamente mirando la lluvia como si contara las gotas y me dice cuánto le gustan los días así.

Entonces, de repente, nos veo cogidos del brazo caminando por El Retiro, me veo con mi excusa de saber leer las manos para tener las suyas entre las mías, de repente acompañarla a casa, de repente echarla de menos, de repente el primer beso y el segundo, de repente un trillón, de repente qué más da el frío si nos andamos abrazando como locos, de repente los primeros bocetos, los poemas ñoños y cutres, los poemas de ojos, de brazos, de labios, de cuellos, de repente Isel, así como si nada.

No hay ni un día desde entonces que haya dejado de verla.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Canto general al inmigrante

Inmigracias
Batania


Más allá del tono solemne de vuestra esquirla:
hermanos, venid todos a mi casa,
venid ya,
venid.


Venid aquí donde brilla el prejuicio
y la gente se queja de que seáis vosotros
los que cuidan a nuestros ancianos,
de que seáis vosotros los que cuidáis
a nuestros hijos,
de que seáis vosotros
los del tomate,
los del pepino,
los del invernadero.


Venid todos y ya,
a esta mi casa
donde la gente se queja y con razón,
de que seáis vosotros los que trabajáis
todo el santo día,
de que seáis vosotros los que nos estáis
quitando el trabajo
a nosotros
que no queremos
trabajar.


Venid antes del cyborg,
venid hermanos, venid,
a esta mi casa donde podéis limpiar
vosotros,
donde podéis recogerme
el desperdicio,
donde podéis
amarme
por el simple
hecho
de mi
dinero.


Venid y ahora,
venid hasta que celebréis con ganas
nuestros goles,
hasta que la ciudad os quiera,
venid a darnos la cerveza
de medianoche,
a darnos el ceviche de los domingos,
venid hermanos, venid.


Venid
pues yo he visto en las gentes
una siniestra vocación por teneros,
venid pues nadie os querrá
hasta que os quieran,
pues nadie dará nada por vosotros
hasta que comprendan
que nada somos sin vuestro acento,
que nada somos sin vuestra alma,
que nada somos.


Yo he ido a quemar mi patria y la vuestra,
yo he ido a pintar en la sombra que os quiero
con la firme decisión de mi alma libertaria,
yo he enunciado los nombres de vuestros países
sin saber ni pizca de ninguno
pues no pertenezco al mío
igual que vosotros
que huís
de la duna.


Venid hermanos,
mi casa es vuestra,
venid,
en patera,
como ramera
en sumisión,
venid
y ahora.


Llegará el día en que la paleta se interpole,
llegará el día en que diremos hombre
y el hombre será celebrado en la alambrada
que nada tape,
que nada sepa;
llegará el día.


Y mientras tanto un odio irracional,
y mientras tanto la cerradura,
pero venid a mi casa,
venid hermanos,
la puerta
está cerrada
a cal y canto,
pero venid,
ya,
ahora.

Velocímetro

Que alguien regule
el velocímetro
de mi corazón,
que alguien me pinche
el espejo,
que alguien me diga
y me ponga y me asegure
que es cierto,
que el locus amoenus
es un renault,
que ella es de verdad,
que ella tiene un pantano
y dentro del pantano
un cuento
y dentro del cuento
las raíces vivas
de las zanahorias.

Que alguien me siente en una silla de tortura
y me haga sangrar hasta los ojos,
que no padezco ya la escoria
de vivir soñando brumas, dunas,
que tengo besos en los huesos
que desoxirribonucléicamente
la reproducirían a ella
antes
que a mí.


Que alguien invente
el electrocardiograma,
el diagrama
donde quepan
convulsiones
infinitas
y lo destrozaré
con esta calma
de ahora,
con esta brisa
de ahora.


Que alguien me separe de todo
menos de Isel.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Isel y el ojo


La selva rumiando un prado,
el prado rumiando un bosque,
el bosque lluvioso rumiando
la danza ancestral del cocodrilo,
el cocodrilo relleno de ranas,
las ranas repletas del cuerpo verde
de las moscas señoriales,
las moscas que llevan a su espalda
un campo de olivos que crece,
Dios sabe cómo,
en el límite septentrional del océano,
puesto éste
concéntricamente en la agnósica
confusión del ojo derecho
donde cae una cascada
de mapas vegetales.


En el centro,
un lodo de marismas
avisa de lo fácil
que sería caerse
de un ojo
cuando éste
apenas tiene
el nervio
de América
Central.



Ojos camaleónicos
donde se suicidan los gatos
siete veces seguidas,
uno tras otro,
ignorantes como el mosquito
de mí, como el insecto
del yo, de la lámpara
de su vuelo
donde en vilo velo el bolo,
la bula, la burla, la vela,
la bulla, la bolla, la bella
villa boyante de perlas
de esferas
que me miran
y me veo a mí
y me camuflo.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Vaho

Salid todos a la calle
y ved el vaho de los edificios,
y ved el caos de los armisticios
pues he besado
el cazo de sangre
donde hierve el enigma.

Mejor que la palabra
es la lengua,
mejor que la palabra
es la extensa
chocolatería
donde el silbido
tiene cuellos
y danzan las pinzas.


Ella tiene en los labios la poesía
donde acuden los infieles
a rezar sin fe la delincuencia
que hace que yo no tenga,
que hace que yo no sepa
dónde,
que yo no sepa
nada,
que yo no sepa.


En la calzada, la sepia
extiende el cloroformo.


Me alegro, me alego, me logro,
me ligo, me lucro, me lacro,
me licuo las ninfas, las vides,
las vidas, las ligas, las licras
y no sé decir tiempo
y no sé decir nada,
salvo decir su nombre,
hecatombe de brumas,
de honduras
donde callo yo
hasta borrarme.


Salid todos a la calle,
pues arde el pavimento
y el vaho se ha quedado
en el cristal.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Somos infinitivo

Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso.

Augusto Monterroso


Acercarse al caballo hasta asumir su aliento,
calmar el rocío que sale de la nariz de las rosas,
abrazar a los países todos pues son uno,
beber el ojo verde que tienen en la matriz
los escarabajos.

Decir que ya la sangre bulle por las macetas del tiempo
donde otrora navegaban estanques de bulimia,
dejar en otras manos las huellas dactilares de misas
donde rezabas por los dientes del almizcle.

Despertar.

Decirle a tu jefe que es gilipollas,
dar un escarmiento a las reses que hacen procesión
todos los días en todos los atascos,
vomitar a la policía toda la ausencia del ron
en la acinética costumbre de tu rueda.

Caminar en zigzag sin importarte el minutero,
usar el claxon en el momento justo en que no es necesario,
gritar, reír, cazar las mariposas de tu estómago
y llenar los muebles de una colección de sangre blanca,
blanca.

Despertar otra vez.

Besar todas las lunas y todos los lunares,
abrazar el callejón hasta dejarlo sin salida,
pintar a Isel con la rabia de los templos
y decir ahora, y decir yo, y decirte.

Saber que somos infinitivo.

Sabernos
mientras sueña Dios
sus criaturas.

martes, 2 de noviembre de 2010

Isel

En los pasos de cebra
el relámpago de su carne
se me acerca
y me acusa de la altura.

Yo sé que ella está mirando por encima de la esferas
los bloques diminutos con que sus pestañas
asoman haciendo partícipe del labio
lo que le pertenece.

Isel, que me coge del brazo
cuando el barro del Retiro
y me dice que existe la gente
aunque llueve siempre,
aunque llueve.

Isel, que me besa en el Safrane,
que me perdona la tristeza,
que me regala el cuello
donde hay una fábrica
de chocolate blanco,
blanco.

Isel, que tiene en los ojos
el verde arábigo de las tormentas,
que me aplasta las legañas
con el ruido de los goznes.

Dios sabe dónde
estará el mapa
con que rugen
sus motivos.

Los labios delincuentes,
culpables de haberme hecho perder la honra
al esparcimiento,
culpables de haberme canjeado
mil cardiopatías,
culpables de haberme perdonado
la desgracia.

Y no temblar ya de frío
y no buscar el poema
pues ya la estantería de su beso,
pues ya la despensa donde comen
las estrofas y baila la punta
y ya la albufera
y ya el secreto,
donde canto sin más
y ella soy.

viernes, 29 de octubre de 2010

Erato

Amemos las cántaras donde han ido a beber los poemas,
su combinación de leche ha mamado demasiado del viento
y no es padre el viento que da de beber
y no es padre el viento que nos ha macerado.

Amemos del caserío su hincapié de sombra
pues no ha podido el cedro con su caño
y en la fuente los ángeles traen las palabras
que habrán de esquematizar las puertas.


Yo te he mirado sincera y milimétricamente a los ojos
y he visto tus ojos escanciados a través de los míos
pues tengo hélices en las cúspides sonoras del cerebro
y tus ojos sonaban igual que nunca en ti la valquiria.


Inspirémonos de nosotros mismos pues el periscopio
sale del orificio de nuestro ojo para regar las macetas
donde fueron a dormir las plantas el otoño pasado
cuando el viento era el padre que nos dio de beber.


Digamos que hay un cielo superior en nuestra cabeza,
digamos que no creemos en dios porque lo superamos,
digamos que hemos bebido tanto tanto que hemos visto
un poema de tres dimensiones que era albahaca.


Yo me he castigado con el látigo nuclear de mis fracasos
y he visto en mis herrumbres mayor alegría que en las hojas
todas de los parques donde maldicen los abuelos
y se aman las parejas concienzudamente hasta fotosintetizar.


Mi musa soy yo cuando te miro y me eres tal cual me soy,
mi musa soy yo cuando te digo que eres tú y te miento,
soy yo mi musa cuando te transformo y tu carne es verso
y por adverso que parezca te hago lámpara de mí.


Mi musa soy yo.


Mi excusa, mi esclusa,
mi gárgara obtusa
soy yo
y me
compadezco.

jueves, 28 de octubre de 2010

Los ningunoides, capítulo 1

Como en el último mes no me he sentido nada bien pasando por una especie de depresión más fuerte de lo habitual en mí, tuve que leerme en pocas semanas algunos de los libros que más me han hecho reír en mi vida: La conjura de los necios, Sin noticias de Gurb, Amor se escribe sin hache… El caso es que, más allá de la literatura difícil en la forma que suele gustarme, reconozco que siempre disfruto mucho más de algo que consiga meterme en su absurdo para reír a carcajada suelta como esos tres libros. Decidí retomar entonces una especie de novela que empecé hace meses pero que tuve que dejar por la amalgama de cosas en las que pierdo mi tiempo; estuve echándole un vistazo a los capítulos que llevo escritos y me ha parecido buena idea ir publicándolos uno por semana. No sé si harán reír o no, no lo sé la verdad, el caso es que yo me lo paso muy bien escribiéndolos y me permiten desahogarme con una soltura que no ha conseguido hasta ahora ninguna de las otras formas del arte que trabajo. La novela se llama LOS NINGUNOIDES y, si tuviera que escribir sobre lo que va, no acabaría nunca pero puedo decir que está ambientada en un futuro cercano, que en ella se carga contra todo y contra todos, que la especie humana ha evolucionado hacia un estado de despreocupación admirable y que, ante su peligrosidad para la salud, muchas artes como la pintura y la poesía han sido prohibidas por los comités internacionales… es una novela que no tiene fin y en la que el tema central es el amor, sí, otra vez, una novela de descelebración dotada de un humor bastante negro, el que me caracteriza pero cuya ironía creo que os puede gustar. En fin, ahí va el primer capítulo, ojalá os guste.

CAPÍTULO I


- Hola a todos los ningunoides.

Esta frase suelo pronunciarla a diario cuando llego a casa. La expreso con alegría y casi sin pensar en el término inventado. Antes me refería a los ningunoides como nados, pero con el tiempo el vocablo ha ido evolucionando por sí mismo hasta desembocar en una especie de ente que no significaba nada para mí hasta que lo encuadré definitivamente siguiendo ningún estudio y tras haber mirado con detenimiento la portada de El origen de las especies de Darwin sin haber leído ni palabra de su contenido. Lo digo así, con familiaridad:

- Hola a todos los ningunoides.

Y lo digo específicamente porque en casa no hay nadie. Me parecía de locura saludar en cambio al jarrón, por muy bonito que sea; no me parecía tan mal saludar al espejo, al fin y al cabo es como saludarse a uno mismo… pero lo más hermoso era eso, saludar en concreción a nadie en absoluto que es casi como no decir nada pero provocándome aún mayor satisfacción. Lógicamente, cuando uno saluda a todos los ningunoides está saludando a toda la nada que hay en su casa y que no le espera. Pero lo bueno de la nada es que como nunca espera y, por tanto, está esperándote todo el tiempo para no contestarte, sabes que no va a fallarte nunca. La nada es mi mejor amiga.
Un día pensaba muy seriamente en esta inútil cosa del ningunoide. Realmente pensar en cosas inútiles y dedicarme de lleno a ellas es algo que vengo haciendo desde hace mucho, por eso le dedico buena parte de mi tiempo a la literatura y la pintura, artes ningunoideas como ninguna, incluso yo como del pan que me da la ingeniería, ciencia inservible e inepta para el hombre, incluso para el hambre. Este día coincidió, además, que llegaba a casa tan contento por nada que saludé con exclamaciones a la entrada:

- ¡Hola a todos los ningunoides!

Tal fue el tamaño que puse a los signos de exclamación que vi mi voz salir corpóreamente por la ventana y decir al mundo en general:

- Hola a todos los ningunoides!

Esta vez pronuncié la frase con un solo signo de exclamación pues se acercaba más al inglés y quería que el entusiasmo fuera sentido por todos, sea cual fuera su procedencia y pronunciar así, con un solo signo de exclamación es algo que no se ve todos los días. Me abrió los ojos sin duda esta inservible vivencia. Pues el ningunoide ya no estaba dentro de mi casa; más aún, estaba afuera, la calle estaba repleta de todos ellos, viajaban en coche, en metro, en bus, en bicicleta, los había incluso que andaban sobre sus dos patas. Todos eran más o menos bipolares, si no eran de izquierdas, eran de derechas, si no les gustaban los hombres, les gustaban las mujeres o les gustaban los dos, a algunos incluso les gustaban los niños; los había guapos, feos, muy feos, horrendos, los había bellísimos, ojo; los había profesionales de la ineptitud y profesionales de la imbecilidad, los había profesionales en general, algunos cantaban, otros silbaban y otros no decían nada, los había negros, blancos y grises, hay quien dice que algunos eran amarillos o rojos pero yo no he visto nunca a nadie de ese color; la verdad es que casi todos eran de color carne aunque abundaran los de color maquillaje, en fin… que todos los ningunoides que habían habitado mi casa durante tantos años resultaban estar fuera de ella todo el rato. Pero había una diferencia: en los límites que marcaban las siluetas de mis paredes los ningunoides no existían en sí, y, a fuerza de no estar, no hacían absolutamente nada; en cambio ahora, los ningunoides recién descubiertos existían específicamente para hacer nada y no es lo mismo no hacer nada que hacerla con entrega.

Este descubrimiento es tan amplio que es imposible atisbarlo con detenimiento, han de bastar las anécdotas que lo demuestren pero son tantas y tan innecesarias que no tengo más que contarlas detalladamente pues merecen toda la nada que uno sea capaz de aportar. Falta sólo un poco de observación para dejar constancia de la existencia de estos seres que poblamos La Tierra y que llamo ningunoides.

Por ejemplo, hace un rato salí a la calle a fumar porque está muy mal visto fumar en el hospital en el que trabajo a pesar de que todo el mundo lo haga. Además los pasillos están repletos de carteles de prohibido fumar y de aquí compartimos el oxígeno, de hecho hay tantos carteles que no queda mucho espacio para que pasen a través de ellos los seres humanos con lo que se debería prohibir poner carteles que prohíban fumar lo que añadiría aún más espacio ocupado al asunto; total, que me disponía yo a ir a fumar a la calle sorteando todo tipo de obstáculos en forma de carteles que me prohibían la gran hazaña que iba a protagonizar, cuando deparé en una situación de lo más ningunoidea. Un hombre de mediana edad (su edad era intermedia entre una edad muy alta y otra pequeñita) charlaba con su compañero de trabajo. Por su aspecto podíamos decir que eran policías, esto lo supe cuando les vi el uniforme. Bien, la zona a la que voy a fumar normalmente es el sitio de las urgencias; es un lugar fantástico donde los policías multan con toda felicidad a las familias que vienen urgentemente al hospital y dejan el coche en el primer lugar que pillan debido a la gravedad y a la búsqueda de rapidez en el traslado. Allí, los dos policías mantenían una conversación digna de ningunoides:

- ¿Viste salir a esta familia?
- Sí, era un caso grave sin duda.
- Entonces la multa ha de ser grave también.
- ¿Por qué, señor?
- Eso restará importancia a la urgencia médica.
- Es usted enorme, señor.
- Pues sí, cien kilos de músculo, ni uno más ni uno menos.
- Da alegría verlo.
- Sonría entonces usted sin apuro.
- Eso haré.

Una vez, cuando yo observaba sólo de lejos al ningunoide sin inmiscuirme en sus asuntos, tuve el atrevimiento de decir a un policía que me parecía mal que multaran a las personas que han dejado el coche de ese modo debido a la desesperación por ser atendidos en el hospital; pero desde que el ningunoide me ha convencido en su propia nada, suelo participar de sus conjuros, ser uno más de la manada, no hay otro modo de ser más feliz. Ahora me gusta entrar en conversaciones ajenas aportando aún mayor grado de absurdo a la situación:

- Una multa muy bien puesta, agente.
- Es nuestro trabajo – contesta el jefe agarrándose el cinturón, aunque esto no lo hizo verdaderamente pero es un gesto de orgullo preclaro que sale en muchas películas y que me parecía de una importancia brutal para entender este momento.
- ¿Saben… deberían ir ustedes a la zona de Duelo? Allí la gente aparca donde sea por tal de llegar cuanto antes al tanatorio a ver a su muerto.
- Tranquilo, ya hemos cubierto con varias patrullas ese lugar. Nosotros hacemos un bien a esa pobre gente, el llanto se les corta en seguida en cuanto todo el peso de la ley cae sobre ellos.
- Increíble. En fin… hay otro lugar… verá, el otro día fui al desgüace a ver si encontraba unas piezas para mi coche y ni se imagina cómo están las cosas allí. Que si un coche encima de otro, que si allí puestos de cualquier manera. Ojalá hubiera allí gente como ustedes poniendo orden.
- No dude de que pasaremos por allí. Muchacho… tiene usted visión. Debería ser policía.

La conversación quedó así en pausa pues un anciano que sufría un ataque al corazón acababa de llegar como pudo al lugar y estaba siendo interrogado por los dos agentes, reprochado por haber aparcado tan mal, el buen señor decidió morirse apaciblemente.

- Una muerte de las que ya no se ven.
- Ya firmaría yo por algo así.

Y ambos agentes autografiaron el lugar de los hechos.

Como antes siempre iba a mis cosas, ni deparaba en todos estos detalles pero con el tiempo he ido descubriendo que el ningunoide se está expandiendo. Y el hecho de haber consultado repetidas veces la portada de El Origen de las Especies de Darwin me permite decir que el ser humano sigue evolucionando; primero se ha preocupado en ir haciéndose esbelto, ahora se está preocupando en no tener pelo y ha conseguido preocuparse en no preocuparse. Al preocuparse en no preocuparse ha entrado en un bucle de preocupación por la no preocupación con lo que inventó el seguro de vida, el seguro del seguro de vida, y el seguro del seguro del seguro de vida, que es un seguro a terceros. Eso le permitió preocuparse de que no estaba seguro del seguro así que lo aseguró todo por si acaso pero sin asegurarse de si lo hizo. Pasaron siglos así hasta que el pre-ningunoide se dio cuenta de que lo más importante en la vida era cantar y jugar al fútbol, pero para poder cantar y jugar al fútbol era necesario ser guapo y como ser guapo consistía en estar muy delgado y dar pena, el ningunoide dio pena todo un siglo veinte. En cuanto pasó el siglo XX, que fue verdaderamente un siglo porno sobre todo al final del mismo, empezaron a aparecer los primeros especímenes ningunoideos. Tal era la fama que estos iban alcanzando que la humanidad entera empezó a imitarlos hasta que empezaron a surgir de forma natural y desde que nacen. Así que ahora, que son más del sesenta por ciento de la humanidad, podemos decir que estamos viviendo una era hermosa en la que no pasa nada, o mejor dicho: en la que pasa nada; y esto es algo a lo que los ningunoides dedican todo el tiempo de que disponen.

Uno de mis ningunoides preferidos es el telefonista de las compañías que ofrecen servicios de internet. Me llaman casi todos los días y adoro que lo hagan:

- Hola, ¿El Señor Pedro José Morillas Rosa, por favor?
- El mismo y tengo el gusto de hablar con…
- Le llamo desde Telefónica.
- ¿Y qué tal el tiempo por allí?
- Usted tiene el teléfono con otra compañía, ¿verdad?
- Pues sí, le he dicho a mi hermana que salga a pasearlo.
- ¿Sabe usted que con nuestra compañía usted podría pagar mucho más barato su servicio ADSL junto con la gratuidad de las llamadas nacionales?
- No me extaña, cuantos más seamos, menos nos costará a cada uno.
- ¿Está usted bromeando?
- En absoluto, estoy muy de acuerdo con usted.
- ¿Entonces quiere usted nuestro servicio?
- Realmente estoy muy contento con el mío.
- ¿Lo quiere entonces o no?
- Oh, sí, lo quiero mucho, amor del que no queda ya.
- Pero sus llamadas y el servicio le costaría la mitad.
- Ya, pero es que yo soy gilipollas y me gusta pagar más.
- Vaya… hubiera usted empezado por ahí.
- Quería retener la llamada, tenía usted una voz ciertamente hermosa.
- En otra ocasión quizá…
- No dude en llamarme de todas formas todos los días por si acaso.
- Eso haré.
- Hasta pronto.
- Hasta mañana.

Como digo son muchísimas las situaciones que he vivido con los hermosos ningunoides, yo no nací como tal pero intento integrarme con ellos pues su vida despreocupada me aporta aires de auténtica libertad. Me fastidió, eso sí, que, con el tiempo, prohibieran la poesía y la pintura, cosa que estaba muy mal vista a principios del siglo XXI, pero ésa es otra historia.

viernes, 22 de octubre de 2010

Suculento Anecdotario

Los viernes me arrastro, me digo es viernes y ya, hay que dar el último impulso y ya. Hay viernes más alegres que otros, el de hoy empezó bien; iba todavía pensando en el hecho de haber soñado si ayer verdaderamente Buenafuente comentara que dos poetas por primera vez habían asistido a su plató y que éstos fueran, no te lo pierdas, Ada Menéndez y su chico. Es más, el presentador leyó un poema de Abierta de piernas e incluso hizo alguna broma sobre el título del libro y vi a Ada entre el público. Me agradó mucho la verdad, parece que la poesía se va extendiendo como el virus que es y estuvo bien que Andreu le dedicara al hecho aunque fueran unos minutos. Luego salió Ken Follet y, de repente, lo vi tocando el bajo y cantando, para mi sorpresa, bastante bien. En estos hechos iba pensando en el coche de camino al hospital donde trabajo sin saber aún la que me esperaba. Ya digo que los viernes me arrastro y ya os podéis imaginar cómo son los ojos del viernes, mis ojos parecidos a higos, mis ojos parecidos a cortezas.

En cuanto entro al lugar y voy a buscar mi ordenador portátil y mis herramientas, me encuentro con el jefe de mantenimiento y me dice que espere, que no me vaya a mis centrales contra incendios todavía, que espere a la jefaza porque tiene que hablar conmigo. No me da ningún miedo porque soy bastante responsable con todo menos conmigo mismo (ya sabéis: anárquico, poeta) y mantengo el sistema con orgullo con una limpieza que es admirada en otras empresas de la ciudad; esto no lo digo por decir, lo digo porque lo sé (ya sabéis: egocéntrico, poeta). Resulta que el miércoles reventó una tubería afectando a dos plantas, inundando dos pasillos y jodiendo varias máquinas de gran valor así como al pladur de que están hechos estos edificios modernos de plastilina. Mis sistema funcionó a la perfección y, aunque no se trataba de un incendio, aparecieron averías de derivación a tierra y varios dispositivos ópticos se congestionaron por esa razón. Ello ocurrió en mi ausencia y, en cuanto llegué el miércoles actué siguiendo el protocolo que ha de mantenerse en estos casos. Por supuesto los días siguientes consistieron en buscar al culpable de que estallara una tubería de agua y, por supuesto el culpable siempre ha de ser otro, pero no tú. Hoy fue cuando se estableció la gran lucha entre el personal de seguridad y el de mantenimiento, perteneciendo yo a éste último. Esta lucha es centenaria y es muy bonita, como os contaré a continuación. Según me contaron, la entidad de seguridad del hospital escribió un informe en el que afirmaba que mi sistema no detectó nada ese día y por esa razón no se pudo detener a tiempo la gran cascada de agua que ha supuesto una gran pérdida de euros para el laboratorio del Puerta de Hierro. Menos mal que mis centrales guardan un histórico de eventos donde hay fe de que no sólo se detectó el problema sino que desde seguridad se vio y se silenció el zumbador que anunciaba el desastre. Es más, los de seguridad dicen que mi sistema no funciona nunca, que lo tengo desconfigurado y de ese modo nunca detecta nada. Menos mal que delante de ellos les he dicho que provoquen cualquier avería, la que prefieran, y verían, pues estoy seguro de que todo funciona perfectamente. Así hicieron y, en seguida, el sistema reaccionó dando el esperado aviso. Aún así el jefe de mantenimiento hizo fotos a mis documentos donde el histórico confirma que mis cosas funcionan perfectamente, no sólo eso, grabó una pequeña bronca que me echó delante suyo el jefe de seguridad donde reconoce que aquel mismo día yo mismo le avisé del problema y le dije los elementos que desconfiguré para que no sigan dando alarma hasta que se solucionen las cosas completamente. Total, que el viernes maravilloso que he pasado hoy ha consistido en mostrar más y más documentos que clarifican que tengo razón, y la tengo tanto que casi llegamos a la descalificación con los grandes jefes del hospital, los cuales y, como jefes que son, no tienen ni putísima idea de la cantidad de cosas para las que se supone que son jefes. Una vez han entendido que mi estabilidad y mi buen hacer en el caso es irrefutable no han hecho reparos en buscarme errores por todos los medios posibles pero como no tienen ni puta idea ni para eso tampoco, no han encontrado el modo de acorralarme. He salido mucho más tarde de lo que es habitual, cosa que, por supuesto, no piensan pagarme, pero definitivamente los he hundido en la misera y seguramente sea seguridad quien tenga que hacerse cargo del gravísimo error en su actuación y es que, cada vez que hay una avería, especialmente por la noche, lo único que hacen es silenciar el sistema y seguir durmiendo la siesta. A veces las averías no son importantes y puedo hacerme cargo yo de ellas cuando llego pero, en mi ausencia, como están acostumbrados a la debilidad de los eventos, simplemente los acallan y ya llegaré yo para solucionarlos, pero esta vez la cosa era grave y nadie actuó con la necesaria rapidez. Y, ahora, como hay mucho dinero en juego, las cosas están que arden.

Lo que me jode del caso es que se me intente culpar del caso cuando sé con toda seguridad que yo no he tenido nada que ver. Pero para mí las cosas han ido mucho más allá. Me he dado cuenta, por enésima vez, de la mierda de mundo capitalista en el que vivimos y en lo que lo único que importa es el dinero; porque, el hospital en el que trabajo es una auténtica maravilla para los ojos, es muy bonito, pocas veces me doy cuenta de que se trata de un hospital porque todo está impoluto y la tecnología es de ultísima generación, pero en cuanto empiezas a adentrarte en sus errores, te das cuenta de que está mal hecho de partida, de que se ahorraron montañas de pasta por tal de no hacer las cosas bien desde el principio lo que supone ahora mismo unos gastos en mantenimiento y seguridad desorbitantes; porque lo importante era crearlo muy rápido para generar estupendas sumas cuanto antes también. Eso sí, se han molestado en convocar a orondos jefes para dirigirlo, de estos que se eligen a dedillo; jefes que viven muy agobiados todo el tiempo porque como normalmente no pasa absolutamente nada, cuando ocurre se echan las manos a la cabeza y dicen: oye que yo soy el jefe y la culpa la tienes tú.

Así las cosas, los que no tenemos primos super potentes, lo llevamos claro. Hace tiempo, mucho, que sueño con montar mi propia empresa, una pequeña academia donde pueda enseñar como me salga de los mismísimos, ya que creo que he sabido absorber las mejores cualidades de mis propios profesores para hacer de mí mismo un cúmulo de todos ellos. Eso es otra cosa que sé a ciencia cierta que se me da muy bien pues no sólo tengo muchos alumnos sino que cada día tengo alguno más y ya, cuando me llaman, tengo que decirles que estoy desbordado; creo que llegar a casa a las 22,30 desde las 6 que me levanto es suficiente por ahora para mí.

Yo empecé a trabajar en una academia privada hace años de modo que muy pronto supe independizarme económicamente de mis padres. Por supuesto hice cálculos: mientras yo les generaba más de 6000 euros al mes, mi sueldo no llegaba a los mil. Tenían un profesor de inglés, otro de lengua y me tenían a mí, que daba clases de física, matemáticas, economía, dibujo técnico, biología, química y álgebra y cálculo de primero de carrera. Menudo partido habían encontrado conmigo. Me hacían el contrato cuando les apetecía y, mientras yo generaba unos sesenta euros cada hora, me la pagaban a menos de diez. Les dije que o me subían el sueldo o me iba, así que todos podemos imaginar que tuve que irme sin más. Con el tiempo volvieron a llamarme, supongo que les costó encontrar a alguien que fuera capaz de abarcar tantas asignaturas, pero ni les contesté las llamadas. Un día me encontré a uno de esos antiguos alumnos míos por la calle y me dijo que quería que le siguiera dando clase, ahí empezó todo. Acepté, pero pronto crecieron exponencialmente mis requerimientos. Este chico se lo dijo a otra chica que a su vez se lo dijo a otros cuantos y, desde entonces, no hay año que no esté desbordado de clases por las tardes siendo partícipe de la hermosa economía sumergida de este nuestro gran país. A esto ha ayudado que empecé a darle clases a la hija de la bibliotecaria de mi barrio y ha sido ella la que me ha conseguido más clientes; clientes que no cesan de llegar. Esto afirma que soy bueno en lo que hago, claro que lo soy, joder... me encanta dar clases, yo nunca he sido muy inteligente pero sí muy trabajador y sé buscar el modo de que me comprendan para que las matemáticas no lleguen a ser un caos. Yo hago que les guste a los chicos porque no me limito a relatarle las fórmulas como si fueran así porque así, yo les cuento cómo Gauss con 8 años sorprendió a su profesor con sus teorías sobre las progresiones aritméticas y geométricas o les cuento cómo Bohr acojonó a otros examinadores contándoles su historia sobre cómo medir la altura de un edificio con un barómetro: Señor portero, tengo un bonito barómetro, si me dice la altura del edificio se lo regalo. Eso alimenta su curiosidad y hace que las ciencias no les parezcan tan horribles como pensaban.

Ahora os contaré cómo decidí concienzudamente dedicarme al maravilloso mundo de la economía sumergida. Cuando me di cuenta de la cantidad de alumnos que era capaz de atesorar me apunté a Jóvenes Emprendedores, una propuesta de la Comunidad de Madrid y que, se supone, ayuda a jóvenes con ganas de crear empleo para que emprendan sus negocios. Pero esta entidad lo único que hace es impartir cursos gratuitos sobre el modo de crear sociedades y, aunque promete que si les interesa la propuesta, te ayudará a crear tu propio negocio, con avales y demás, al final sólo se dedica a alimentar ilusiones con gerencias inservibles gratuitas que no sirven para nada porque para saber cómo crear una empresa o el número de sociedades que existen, basta con leer un libro sobre el tema y ya está, vamos, que es una pérdida de tiempo. En cuanto reconocí que no me serviría para nada acudir a la torre Picasso, porque eso sí, los despachos desde los que te ayudan son la ostia, me puse a mirar locales por mi barrio por si alguno pudiera ser accesible para la futura empresa que por supuesto que no voy a montar en la vida. En total conté 57, ni uno más ni uno menos, locales vacíos y tapiados sólo en el llamado polígono H de San Blas, que es mi barrio, el mismo de la princesa de España. Me puse en contacto con el IVIMA (Instituto de la vivienda de Madrid) y me dijeron que todos ellos pertenecen a particulares y di gracias a Dios. O sea, que estamos es una magnífica época de crisis y todos esos locales pertenecen a particulares que los tienen ahí y es mucho mejor que sigan como están. Me planteé el hecho de alquilar alguno pero cuando me pidieron 2700 euros al mes deseché la idea; eso sí, el IVIMA tiene un listado de locales disponibles para su venta que se puede descargar de su página web para los que tienes que pagar en el acto el 25% de su coste más todo lo que supone restaurarlos y ponerlos al día; todo facilidades, vamos. Mi padre, que es el ser más salvaje y anárquico que conozco, me dijo: mira Pedro, si quieres, mañana mismo traigo una radial, abrimos una puerta en el ladrillo del local que tienes al lado de tu casa (un local de 90 metros cuadrados que ahí está más bonito que todas las cosas para nada), en cuanto estemos dentro llamamos a Miguel y Antonio (dos hermanos que se dedican a la construcción y que son amigos del pueblo) y nos ponemos manos a la obra y te pones a dar tus clases, creas dos o tres puestos de empleo y el que tenga huevos de echarte de ahí que venga. Y mi pobre padre tiene razón. La verdad es que me encantaría hacerlo así, hacerlo por huevos y punto. Pero no, ni siquiera hay opción para acceder a él, es más, todos los locales que me interesan y que el IVIMA sí está por la labor de venderlos, están por encima de los 100.000 euros, cosa para la cual los bancos te dicen: jaja.

En fin, que estoy quemadísimo con las grandes facilidades que se nos ofrecen a los jóvenes para llevar a cabo nuestras propuestas; es como si todo quisiera seguir tal cual está y, si se jode, echarle la culpa al más débil, al que tiene pretensiones, al que debe seguir ahí, en su miseria, en su nada, en su nadismo. Eso sí, en contra, seguiré participando del noble mundo de la economía sumergida, economía, la mía breve e insulsa, poquísima comparada con la de los grandes políticos que hacen lo que les viene en gana todo el tiempo sin que nadie se queje pues todos están comprados. He pensado en comprarme un gran aerosol que pinte el mundo pero eso, ni el gran neorrabioso es capaz de abarcar, aunque, quién sabe. Pero una cosa: que quede claro que mi sistema contra incendios también sabe del agua, mi bonito sistema electrónico, tan inútil para la vida que qué más da.

Y, ahora, vamos a lo importante, que esta noche la gran Bárbara Butragueño dará un recital de su poesía en Café Libertad 8, a las 20.00 y que vayáis todos; eso es lo único que nos queda y que, por ahora, nadie nos puede quitar.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Me regalan el Guernica hecho a punto de cruz


Mi prima Dama va y me regala el Guernica de Picasso hecho con punto de cruz. Se lo agradezco muchísimo ya que es una de las personas con menos tiempo libre que conozco. Ella es quien tiene más cuadros míos y su casa ya se parece a una exposición perpetua que pienso rellenar sin duda. Cosas como esta me hacen sonreír como un niño. ¡Gracias prima!

Espectrometría

El estado, como la luz,
de rojo a azul viaja
según longitudes de mondas
donde se descascara el día.

El peso pluma de la alegría
está molido a palos, a nados
por la tristeza campeona
de mi mundo.

La perpetua peonza
que gira igualmente sobre charcos,
sobre hielos, sobre arenas movedizas
que sobre los dientes
de muchachas hermosas
a las que hago el dolor,
me sube y me baja por los gráficos
irreconciliables del sentido.

Lejos del arriba
a mi extensa gama de emociones
llamo yo felicidad.

viernes, 15 de octubre de 2010

Ruptura

A veces quedo conmigo para dejarme,
me digo:
Vete,
me digo: vete allí donde las viudas iluminan
los paseos y ronda el mar,
vete específicamente de ti,
vete a la sombra de una estatua
hecha con la carne del poema,
vete a ese rincón que tienen los niños
y donde todavía no han sido infectadas
las paredes,
vete de una vez,
vete
.

Me dejo igual que se dejan las parejas,
en torno al adjetivo del café:
Lo nuestro no puede ser, me digo,
es mejor que cada uno tire por su lado,
como si pudiéramos tirarnos por los lados
de geometrías estables
donde han vencido ya las ondas.


Así como las incongruencias que hacen
que exploten los aparatos,
así yo.

martes, 5 de octubre de 2010

Barro

Soy mi único problema
y me habito
mientras afuera la noche,
palpitante,
convoca a los consorcios.

Mi carne, en defensa,
me subraya
y me desquiero de venas
a las noticias
y barrunto los milagros
del si acaso.


No hay trato
con las criaturas
que me denuestan.


Del barro
he salido
para enjalbegar
mi causa.

sábado, 2 de octubre de 2010

Recreo

Todos los días de las últimas semanas he ido a recoger a la salida del colegio a mis primos Miguelito y Dama ante la incompatibilidad de horario de sus padres para llevarlos a casa. En cuanto llega la hora, uno tras otro, los profesores van sacando de la mano a los niños, paran unos segundos cogidos de la mano del primer joven hasta que éste reconoce entre el gentío a alguno de sus familiares y, entonces, el maestro lo deja salir; luego agarra al siguiente y así hasta que todos quedan en brazos de quienes vinieron a recogerlos. Miguelito sonríe cuando me ve aparecer, me señala con una sonrisa maravillosa y se viene a mis brazos dándome su beso pequeñito y vergonzoso. Como Dama es mayor ya no salen los profesores para realizar tal ritual, así que Miguelito y yo la esperamos hasta que viene; entonces los llevo a casa y los malcrío, les doy de comer lo que les apetece y los dejo descansar media hora, entonces les hago ponerse a hacer los deberes antes de irme yo a mis clases de la tarde. A Dama no hay que decirle nada pero Miguelito prefiere hacer cualquier otra cosa, le grito siete veces hasta que me hace caso porque él prefiere dibujar casas vistas desde arriba, porque no sé por qué sólo visualiza las cosas desde la planta como si el pequeño fuera un pájaro y me hace hacerle planos con sus puertas y él los amuebla también e increíblemente con los atrezzos vistos desde el aire, es un caso este muchacho. Luego le enseño un poco de música, que es lo único que le interesa y, finalmente, me hace caso y se pone a sumar y a restar. Resta mejor que suma y esto es otra cosa que tampoco me explico. Luego les digo que no abran la puerta a nadie que llame ni respondan a ninguna llamada por teléfono, porque su madre llega al poco tiempo. Pero claro... los niños no te hacen caso y resulta que vino mi vecino, otro niño de seis años que sabe que dibujo y viene mucho a casa para verme dibujar y pedirme que le pinte a Doraemon, a un ratón de un cuento que le gusta o a Bob Esponja; yo se los trazo con mucho cariño y él los colorea. Cuando lo hace viene a llamarme a casa para enseñarme cómo le quedaron. Ahora va a mudarse dentro de veinte días y me da pena.

Toda esta historia con los niños viene a cuento porque hoy he estado con unos amigos en Puerta de Toledo, en una feria sobre el juguete antiguo y me ha traído recuerdos increíbles. Resulta que yo casi nunca he tenido juguetes en la infancia pero tenía un amigo que los tenía todos y nos íbamos a su casa a jugar con ellos. Hoy los he visto y me he acordado de aquellas tardes entre Juegos Reunidos, el Cinemaxim, las peonzas, los trompos, los muñecos de Máster del universo, de Los Caballeros del Zodíaco... En pocos segundos han venido a mi memoria recuerdos que tenía por ahí guardados y hacía multitud de tiempo que no me molestaba en sacar con la viveza de hoy. Me lo he pasado como un niño y me ha faltado que alguien me sacara del centro comercial de la mano para que yo señalara de lejos a mi abuelo para irme con él al olivo de mi infancia que allí quedó.

Y luego a La Latina de cañas, y luego charlar con los amigos de cada detalle, invitarlos a casa para el último cubata y escribir. Escribir como colorea el niño, escribir igual que se construye la cabaña inestable de los años primeros, escribir sabiendo sólo de sumas y restas, escribir hasta mirarme en los ojos mi propio infanticidio.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Vergel

Sin ánimo de pulcro
el arte se embebe,
se atreve, de leve
explora agasajos.

En la fuente del patio
los verbos copulan,
los nardos escuecen,
no teme la nieve
al fracaso.


El poeta se excusa
del semen, del basto
envilecer los hijos,
su garganta es una esclusa
donde acuden los vergeles.


Conserva una gota
de aljibe, de hueste
que luego muerde
y, entonces,
el poema.

Huelga


La imponente magnitud del verso
columpiado
en los ojos fríos donde salen
a tender los pescadores
tiene el agua inmóvil
y ése es su silencio.


El lago ahorcado en el cisne,
donde el timbre del poeta
sabe del bosque
vacío de generaciones
por negarse éstas al otoño.


Los retoños crecidos,
la poesía que muere
pues el verso es inmiscible
a la probeta.


De puro esteta
el poeta
está en paro.


Ni la huelga
da licencia
a sus deserciones.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Traslado

En mi casa de fogones apagados,
en mi casa de escarola transgredida,
nada hay valioso salvo el canto.

En mi casa sin cariños ni faroles,
en mi casa los niños mayores
se relevan las cuchillas,
en mi casa de cerveza los cajones
hay toda suerte e hipocresía
en el moho de la poesía;
en mi casa los portones
están abiertos para el pájaro.


En mi casa donde rondan las legañas
y escasos turnos hace la alegría
hay una orquesta en la plaza
tocando el himno a la desidia
y estatuas rotas por si ocaso.


En mi casa anochece el espejo,
en mi casa vive un hombre sin techo
que soy yo
y me traslado.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Sometido

Ahora ya sé, y me someto.

Un rayo de sangre atraviesa
mi ojo derecho
de par en par
porque la gente muerta
ha necesitado estudiar
siete años de carrera
para decir, pero no decir todavía,
pues la gente muerta
ha necesitado investigar
aún otras muchas madrugadas
para decir, pero no decir verdaderamente:
Te quiero,
pues es necesario, repito,
para decir cosa tan fácil
siete años de carrera,
un máster en cardiología
y palparse levemente el corazón.

Por eso
ahora ya sé, y me someto.

Porque la gente muerta
reposta en otra gente muerta
y es virgen aún para decir te quiero
pero largas colas en la gasolinera
advierten que la gente muerta
hará el amor pensando
que Dios se masturba
pero es la poesía la que
le hace el amor a las cosas
mientras la gente muerta
se arroja al onanismo.

Así como el relámpago
sale de la tierra
cuando no se soporta,
así,
ahora ya sé y me someto.

Porque toda la gente muerta
hace cola por el lado
por el que sangra mi ojo;
toda la gente muerta
aplaude al morlaco
pues a ciencia cierta
sabe lo cerca que está
de su condición.

Toda la gente muerta
expresa
su miedo a la soledad,
su miedo al abismo,
su miedo a la muerte
en la tumba roja
de mi ojo.

Por esa razón
ahora ya sé, y me someto.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Nuevo blog... ¡de música!


Mi colega Ángel y yo nos hemos decidido y hemos empezado a construir un blog musical, creo que va a estar interesante para quienes gusten de este arte


Para visitar al recién nacido sólo hay que pulsar en la imagen.

REM

También el rocío se agrupa en los cuerpos que no han dormido a la intemperie. Reserva su impecable capa de marzo para sucumbir a los hombros donde descansan las vanidades.

La noche crea valles en el omoplato.


Cuando la cabeza descansa entre el origen de tanta suerte de arroyo, la piel es el meandro donde empiezan a nacer tentáculos de metal que salen del cuerpo a toda prisa buscando en el pasado fotografías que se adhieren a los episódicos manantiales que vacacionan en el cerebro.


Las dendritas juegan por la noche al periscopio.


En cuanto se despierta, nadie avisa a las fibras que aún están chapoteando en los kilómetros de lo vivido y es posible retener el sueño siempre que éstas se hallen lo suficientemente lejos para que, a su regreso, haya sido cubierto el recordatorio de sus vísperas.


Casi todas las mañanas lloran por los codos.


También la intemperie se agrupa en los cuerpos que no han dormido en el rocío.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Irreflexión poética

Mido la poesía por los centímetros que me levanta del suelo, también por los centímetros que me mete hacia adentro del suelo, por las plantas que me hace bajar. Viajo en ascensor cada vez que leo poesía y es ella la que pulsa la planta siguiente. A veces me quedo durante horas en el mismo sitio con el motor estropeado, una avería silenciosa donde no saltan chispas, un error tranquilo e indefenso; entonces bajo del ascensor y me subo a otro y entonces nuevamente visito pisos llenos de gloria, pisos donde se pasa de una celebración inaudita a un infierno sin precedentes, un mensaje humano que me transporta. Eso es poesía. Todavía me fascina saber que los grandes compositores del mundo necesitaran del libreto y crearan sus maravillas sólo inspirados en él, como si fuera la clave, como si sin ello fuera imposible dar paso a la orquesta. Al servicio de la palabra la música, al servicio de la palabra el concierto.

Todos los días la poesía, esa palabra, se me mete en la cabeza, algo así como contar coches multicolores en la autopista. No hay casi ninguno pero entonces, ahí está, ¡uno!, dices uno después de un mes, dices dos después de tres meses y tiene que pasar mucho tiempo para decir tres, he visto tres coches multicolores, he visto tres poemas, ¡viva, viva! Es todo un acontecimiento porque es como encontrar una rareza en las tiendas de discos, un milagro. Por eso me parece imposible el poeta de oficio, ¿cómo un poeta que sólo es poeta puede escribir poesía? No quiero ni imaginar el desastre que sería levantarse y saber que lo que tienes que hacer ahora es escribir poemas, como si hubiera versos que operar, como si hubiera estrofas que enladrillar, como si ya alguien se haya molestado en traerte el material para ponerte manos a la obra; como si dentro de una serie de cajas ya tuvieras dispuestas las palabras para empezar a tapar la gotera del tejado. Hay que ser un sumidero muy grande para conseguir tal cosa. Supongo que habrá albañiles de la metáfora tan preparados pero es una idea que no me entra en la cabeza.

Y luego están, no te lo pierdas, los que se creen poetas. Y se lo creen en serio, los que conciben una idea más o menos trascendente o ni eso y le cogen gusto a eso de recitar y publicar libros donde ir acumulando sus basuras. Los hay que creen que si la cosa rima, ya está hecho y los hay que se creen super revolucionarios de la poesía si no lo hacen. Los hay que se pasan el ritmo por los mismísimos y nos cuentan el último polvo explícitamente puesto en sucesión de frases más o menos bien dispuestas gramaticalmente y separadas por la longitud que ellos deciden otorgar al verso. El problema está, creo, en que no han aprendido nada. Creo que todos los arquitectos del mundo han reunido una serie de conocimientos antes de atreverse a construir del mismo modo en que estoy seguro que para ser un poeta tienes que conocer, aunque sea un poco, el material que hay tras nosotros para seguir avanzando. Pero hay una tendencia demasiado exagerada a leer sólo lo que se escribe hoy y la verdad es que con eso no se aprende mucho. Los poetas buenos de hoy han tenido el detalle de engullir salvajemente lo que otros han hecho para encontrar su camino y es muy complicado encontrar una senda libre de naufragios cuando se parte sin nociones mínimas. Falta respeto a la labor, mucho respeto.

Estas ideas se me han venido a la cabeza cuando hoy regresaba a casa tras echar una mano a Alicia Roy a recoger su exposición en el hotel Lusso. Venía frustrada como cualquier artista que no ha vendido nada en varios meses de muestra. Me contaba que en la última exposición fotográfica en la que participó casi nadie prestaba atención a la obra de los demás cuando una compañera de facultad había puestos en grandes marcos algunas fotos de sí misma desnuda rodeada de un montón de actores porno con el pene en erección, una maravilla para los ojos. Alicia había trabajado en el movimiento y la mayoría de sus fotos cuentan una historia en dos posiciones remarcadas en la misma visión. Luego tomamos un café y hablamos de la sociedad marcada por el sexo, la muerte y el dinero. Alicia, que tiene mucho talento, está pensando en abandonar igual que lo ha hecho una amiga suya brasileña que se vino a España a comerse el mundo, otra muchacha con un talento increíble a la que le permitían desde el cariño trabajar gratis en importantes fanzines a las que aportó buena parte de su arte por nada. Tanto Alicia como esta chica son personas que, desde el principio, se lo han tomado en serio; de hecho Alicia trabaja mucho las ideas y es un torbellino de consejos en cuanto se le plantea cualquier situación. Cuando le di clases por amor al arte, sabiendo que yo vivo por Canillejas, se fue al lugar, tomó montones de fotografías e hizo un cuadro escueto que refleja con precisión la vida del barrio que habito. Del mismo modo en que, sabiendo que yo era andaluz, colocó un montón de situaciones mágicas e inesperadas para mí para regalarme el otro que me dio. Nunca me he sentido tan rico desde que tengo ambos colgados en el salón. El problema es que ni a Alicia ni a su amiga de Brasil se les ocurrió la genial idea de ponerse en pelotas en sus fotografías y así les va.

Del mismo modo creo que en la poesía hay que desnudarse, claro que hay que hacerlo, pero por favor, me importa muy poco el kamasutra poético, la anécdota inútil, la poesía underground que no le llega al pachangueo ni a la suela. Tomémoslo en serio de una vez, ya que hay una generación de poetas, ya que hay dos focos en este país, vamos a dejar el listón en algún sitio, que se mueva el ascensor aunque se encasquille, que alguien diga algo de una vez sin rascarse la entrepierna.

Lo que pasa es que antes los poetas se daban de ostias por tomarse un algo con Schubert para inspirarlo y ahora es Lady Gaga la que encabeza la lista de éxitos.

Lo llevamos claro.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Danza macabra

No entiendo la coronación del empacho,
el homenaje a la sobra en la despensa,
la necesidad de necesitar adornos,
las pieles que abrigan la calumnia.

Se han puesto demasiadas columnas
en los esbozos de los cuellos,
y en las mansiones se acumulan
pobrezas hechas de canica.


El mecenas dice arriba al rayajo,
arriba a la estría fulgurante del esteta;
nos hace buenas personas el tacón,
nos hace buenas personas la envidia.


¡Ciclotimia hay en el derroche, ciclotimia!
Mas todo callan los tapiceros,
todo callan los lampareros,
todo calla en el sillón.


Nadie es feo en el gimnasio,
nadie es feo si la joya
ha tapado las basuras
y a flores huele en el salón.


A fuerza de perfumes el vertedero
parece ahora una musa,
a fuerza de cloacas la excusa
tiene aires de secreto.


Y yo me pierdo en las esclusas
donde nada vale el verbo,
¡es el tiempo del cerdo, es el tiempo,
y, en el estiércol, qué guapas las rubias,


y, en las mejillas, qué hermoso el moreno;
somos la generación perdida del descanso,
la lija del acicate, el apagón del estruendo,
saldrá caro para el seso, saldrá caro!


¡Dancemos de forma macabra,
dancemos!

sábado, 4 de septiembre de 2010

Estatua

Hay camino que parece
derecho al hombre, pero
su fin es camino de muerte.

Proverbios 16:25


El brazo crudo de la estatua
caído al suelo en el intento
de la piedra por alcanzar
el ave
sabe demasiado
de lo quieto.

Por eso
la tortura
de los pliegues
del cincel.

La mano viva que se rompe
y hace añicos los anillos
donde descansaba
el aguacero,
alcanza en el éxtasis
de su palma
el rubor
de la caída.

Sangran
por la escultura
las arenas.

El hombre que intenta atraparse
se ha quedado en los hombros
y por el camino las arterias,
las mangueras
apuntan al espanto.

Por el lado del camino
que lleva a la muerte
el hombre permanece
por si ocaso.

Y a la venus
le faltan
los planetas.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Nada

Se ha convertido el muchacho
en un monstruo de tristeza
y por eso los higos de los ojos
y por eso la escalera de lo abajo;
tiene trabajo la carreta
donde transporta su pena
hecha siglos;
tiene trabajo el monóculo
que le enseña nada
en los rincones donde los árboles
transpiran niños
que fueron a pescar
a la arteria del muchacho
hecho trazos
de olvidar.

Se equivocan los trenes
en el túnel de su pecho,
de compararse con su arca
el otoño se ha alegrado.


Cuando el corazón se convierte
en una bola de cristal
y en la bola hay agua
y en el agua hay nieve
y nadie mueve la bola
y nadie mueve la nieve
y nadie mueve el corazón...
¡Nada,
nada,
nada!

martes, 31 de agosto de 2010

Viento

Viento.

Pienso continuamente en la palabra viento. Pienso en la palabra más que en el viento sin permitir que éste, en su forma escrita, evoque en mí lo más mínimo. Pienso en el viento, en lo que consigo lleva.


Digo viento sin aire.


En la muchacha hay un viento del que sólo ha sabido la escopeta, en el niño hay un viento justo, justito, en el pilar; en Granada hay un viento lorquiano porque alguien se ha empeñado en que lo haya mucho antes de que el viento exista.


Todo está soplando en el estanque menos el viento.


La amnesia del loco le ha hecho olvidarse únicamente de la palabra viento.


Y la ventisca se lo llevó todo, incluso a él.

domingo, 29 de agosto de 2010

Trampolín


Yo no tengo la culpa
de que los niños
salten de cabeza
a tu ojo,
a tu cloro,
confundidos de playas
según paseas por la guita
del tiempo;
ni mucho menos
del tiesto quebrado
en que quedo
según te aliño el moño
de leña;
ni de los perros blancos
que se despeñan
por verte la escalinata,
¡jarra de agua, parra!


De lo que tengo la culpa
es de nada
y, por eso, el complot del beso
y, por eso, la represalia de las dalias
y, por eso, este volar los suelos,
esta altura que no alcanza
lo subterráneo;
este mirar el mar en los ojos
y no en las playas,
este quebrarse los huesos,
los ecos
en los achiques del agua;
este no ser nada gigante,
este epicentro del que ha salido
tu brazo
para romperme las tibias,
esta adrenalina de lo parado.


¡Alto, alto!
¡Si me besas este hombre
se autodestruirá
en treinta segundos!


En la daga,
el hurto
de nosotros.


En la mambla,
el susto
de nosotros.


Y,
en el mar,
la piedra.

sábado, 28 de agosto de 2010

De vuelta

Cuando regresas a Madrid después de haber sabido lo que es el viento, después de haber sabido lo que es el verde, después, incluso, de haber sabido lo que es volver; hay una casa que no te ha esperado y por eso una luz en el dormitorio, hay un poema que no tenías y por eso el papel sobre la mesa, hay un mar que no suena y por eso nada, nada, nada. Pero entonces existe youtube y como has leído sobre Brahms, a ver qué tal la cuarta sinfonía, y como te has comido a Wolf, entonces a ver qué tal sus canciones, y como has sabido de Strauss y de Offenbach o del monstruo que era Wagner, entonces el Danubio Azul, entonces Barcarola, entonces Tristán e Isolda. Y las primeras muchachas que ves en el parque, pelo a pelo, no tienen en el pentagrama ningún compás parecido a Berlioz, ni asomo de la novena sinfonía, ni parecido con el réquiem de Mozart. Luego eres tú el que no tienes ni parecido a la clave y ya has regresado y mañana empiezan las clases y el míércoles el trabajo y vuelta a empezar sin poemas pero con todos, sin ganas, pero con sueño.

En la maleta las tres camisetas que te llevaste, el único bañador, la toalla y poco más y tú en un sillón diciendo hola a los muebles que no te han esperado, bebiendo vino por si acaso, bebiendo vino por si ocaso, bebiendo vino. Y en el caballete tres cuadros fantásticos llenos de arena y la cartera igual porque van y te compran dos cuadros en la playa y te encargan otro más por eso de la boina y la barba, por eso de la pinta de gitano que te echa en cara tu madre y tu abuela pero tu padre no, tu padre insiste en que te hundas más en la desgana del ojo azul para ser pincel siempre, pincel. Porque has quemado tantos cuadros en la leña que tres salieron bien, menos mal.

Y entonces llamas a la muchacha de tus dieciséis años diecisiete de la cual sabes, y ya era el momento de saberlo, que su madre le cortó las pestañas cuando era pequeña para que le salieran más fuertes y se le han quedado así pequeñitas para que a la vista no sean capaces de destrozar la dendrita única del chulo de playa, la sonrisa única del vigilante, el cerebro descuidado del poeta, la boina pajiza del pintor. Y te dices voy, y te dices venga, porque el único que te ha entendido en todo el verano ha sido el vendedor de camisetas heavys y banderas llenas de ideales, pero que no tiene ninguno, al que le cuentas que tu máxima aspiración es ser pastor de ovejas en Cantabria pues toda la teoría de la señal que aprendiste en la carrera es suficiente para medir, voltímetro en mano, el balido de las cabras y la flatulencia descarada de la vaca, cosa que te satisface mucho más que el viento, que el verde y que la música de Wagner pues has divisado, lápiz en mano, toda la poesía en un prado, todos los compases en una era, todos los pentagramas de las cabalgatas en el recorte rocoso de un acantilado cerca de Castro Urdiales. Pero luego el sueño, tus sueños. Y los sueños más convulsivos del mundo tienen lugar cerca del mar pues antes o después se te introduce en el oído la melodía triste de las olas y eso hace de lo onírico toda una orquesta de campanas y todo un horizonte de claveles lorquianos.

Te acuerdas de las discusión en Potes con un pintor paisajista del cual admiras su técnica. Le dices: vale, pintas muy bien pero eso que haces no sirve para nada desde que existe la fotografía y él, claro, se enoja. Y es que Coloma pinta unos árboles fantásticos muy parecidos a los que has divisado y unos montes increíbles casi tan altos como los picos de Europa pero le dices que no hay alma en eso, que sólo hay vista y él se descalabra y le dices la importancia del sueño, imposible aún de fotografiar, y le comentas lo salvaje que sería disponer tú mismo de su técnica y su tranquilidad para el caballete a la hora de cuadrar la fuga que hay en tus visiones oníricas porque tú eres muy mal pintor pero muy buen dibujante y le enseñas tus cosas y como no hay entendimiento os váis a tomar unos orujos que son máquinas infalibles para la tranquilidad de los pintores enojados. Entonces, al final de la tarde, os abrazáis porque brindáis por Velázquez y por Durero o celebráis los primeros trazos de Bacon, la locura de Picasso, la visión surrealista de Dalí. Y luego el río Deva que te baña la cabeza porque estamos de acuerdo en todo ya que el orujo así lo ha decidido, pero sigo pensando que lo que haces no sirve para nada igual que tú piensas que mis sueños son igualmente inútiles para todo. ¡Por nosotros, por nosotros! Y luego, más tarde, como si fuera poco, discutes con un poeta que escribe cien mil versos al día según le vienen sobre el paisaje maravilloso que contempla y, no conforme con ello, va y los publica y me regala su libro y le digo que es una basura y claro, va y se enoja, pero sabe un montón de la generación del 27 y sabe aún más de los descarriados del 50 y coincidimos en Panero y nos abrazamos por si acaso y nos tomamos otros cuantos orujos por si ha sido poco. Y entonces, ya por la noche, con el pintor pinto un cuadro a medias y con el poeta compongo un poema a medias como si yo fuera algo o alguien y ellos también lo fueran. Luego te acuerdas de tu madre y del panal de abejas que tiene debajo de los párpados, te acuerdas de tu hermano trabajando en verano, subiendo como si nada por una escalera de doce metros de altura con una bombona de sesenta kilos, te acuerdas de tu padre, tan salvaje que podría vivir en Cabárceno con los osos y desmadrarlos a todos hasta el punto de liberarlos de verdad. Y, finalmente, de Miguelito, que tal ha sido la influencia de mi padre para con él que ha decidido ser andaluz, tal cual. ¿Qué quieres ser de mayor Miguelito? Andaluz. Te cagas. Pero luego te acuerdas de tu perra Nadya, que se llama así por la niña rusa que venía a pasar los agostos con nosotros desde Chernobyl, y que ha parido de nuevo a siete perritos preciosos, o de la borrachera sin precedentes con el primo Jose, o de Sandra que te quita nueve años, nueve años siempre, nueve.

Y luego Madrid, el infierno otra vez. Te lees todo lo que ha escrito el neorrabioso, te cagas en la puta porque Verónica se va y entonces para qué Poekas, entonces para qué. Te cagas en todo porque en estos días has conseguido quitarte de la cabeza a la muchacha que jamás sabrá tocar tus composiciones y vuelves a pensar en la de tus dieciséis años diecisiete, que tiene un novio que se llama igual que tú pero al revés, que mola más y, no te lo pierdas, te pones a escribir esto como si tuviera alguna importancia. Maravilloso.

Llamas a tu padre para decirle que llegaste sin inconvenientes y él te cuenta sin falta de detalle la manera escabrosa con la que se ha deshecho, sin remordimiento, de cuatro de los perritos de Nadya. Lloras un poco, no por los cachorros, pues ya lo esperabas, sino por las musas que se han ido, por los verdes que se han ido, por el aire viciado que ahora te arropa; lloras porque finalmente no has podido encerrarte tres noches seguidas con Ángel frente al piano componiendo tus locuras, porque la poesía no ha sido para tanto, porque la pintura pudiera haber sido mejor. Pero sobretodo lloras porque te falta el abuelo, la calabaza, la regadera, las ocho gallinas, el gallo al que mi hermana ha querido llamar Batania, porque la cabrona lee más al neorrabioso que a mí, Sandra a la sombra de una sombrilla, Sandra a la sombra de una farola, Sandra a la sombra de un resquemor.

Y en cuanto pasa el llanto, ya estás de nuevo preparado para no hacer absolutamente nada en la ciudad. Nada de nuevo. Nada otra vez.

viernes, 13 de agosto de 2010

Paréntesis

Paro en Madrid unas horas para no hacer de golpe los mil kilómetros de viaje que emprendí ayer. He escrito mucho en lo que llevo de vacaciones pero, gracias a Dios, en los pueblos en los que medito no hay nada parecido a una conexión de ninguna clase, así que ya lo iré subiendo poco a poco. También he pintado demasiado, tanto, que siempre llevo fragmentos de gris en los dedos como si empezara a convertirme en uno de mis cuadros.

Hay demasiadas mujeres bonitas en Andalucía. De hecho Andalucía me parece cada vez más una cazuela donde se cocinan como en casi ningún otro lado los ojos más destructivos que cabe imaginar. No te destruyen realmente, lo hacen para renacer de modo súbito en una cabalgata de poemas que ya no saben qué más decir. Juro que he mirado cabelleras de pelo rizado y moreno entre las que hay escritas una por una todas las notas del quinto movimiento de la Sinfonía Fantástica de Berlioz y esto es algo que se ve todos los días en la costa de Granada. Y luego están las brutalidades de las gentes del lugar que me hacen reír como un chiquillo y volver a hablar con mi tono jiennense de siempre para encajar entre los pescadores y asumir sus ojos llenos de vino, los ojos más marítimos que hay en el mundo, los ojos donde la luz toda se llena de barcazas. La luz.

Con mi buen amigo Ángel comenzaré en septiembre un blog dedicado a la música, haremos más o menos lo que hace el Neorrabioso con sus anecdotarios de escritores y diversas muestras de lo que vamos escuchando. Puesto que cada vez estoy más seguro de que todas las formas de arte parten de la misma búsqueda, el objetivo será compartir cosas que sentimos interesantes y necesarias para que todo el mundo las conozca.

En cuanto amanezca salimos hacia Cantabria y yo, que me da igual el sitio siempre que tenga cerca lápiz y papel, seguiré leyendo como un bruto en Potes como en Comillas como en Santa María de Cayon, y seguiré diciéndole a la muchacha lo suave y negro que me parece su corazón, lo suave y negro que me parece todo. Y me perderé por entre cimas que desconozco, cuaderno en mano y llenaré de pentagramas las islas que divise a lo lejos. Y me plantaré cerca de una bonita iglesia para pintar, con precisión, un zapato de tacón para escrutinio de los andantes.

Me he dado cuenta en este tiempo de que ha habido una alineación de planetas que ha provocado un sinfín de rupturas sentimentales entre las que se hayan una de las más hermosas poéticamente hablando. También me he dado cuenta de que Nares cumplió un año más, cosa que brindé frente al Meditarráneo. También he notado que a mi madre le preocupan mis encierros y mis escapadas sin sentido, y mis madrugones para no escribir absolutamente nada y pintar aún menos frente a la playa, pero hacerlo cada vez con más entusiasmo, con más ira y con más inspiración. También he notado que a mi padre le da exactamente igual pero le molesta que ponga a toda voz la novena sinfonía de Beethoven mientras yo pinto y él recoge las berenjenas; o que ponga a toda voz los nocturnos, todos, de Chopin, mientras él ara la tierra. Mi padre me dice: pero hombre... escucha algo máh positivo... niño, eso qué pollah eh? Qué pollah eh eso? Y mientras pinto mi padre quema los escombros que entre todos recogimos y se enfada cuando tiro al fuego más de la mitad de los cuadros empezados: Niño, tú ehtáh gilipollah, entonceh pa qué pollah pierdeh el tiempo con esah cosah? Y es que no sé por qué, no es propicio lugar para la pintura Torrenueva pero yo me niego y sigo y destrozo la mitad de las cosas que empiezo hasta dar con lo que busco, hasta verme ahí, en los primeros trozos de lienzo que empiezan a volar aún ardientes por el aire.

Eso sí, luego duermo como un niño y tengo sueños maravillosos que me hacen despertar plácidamente y descansado para seguir la rutina del movimiento de caballetes y pinceles y versos y de todo a la vez, con música de fondo, con arena de fondo y más allá el mar, la ola y luego yo en una isla, y luego yo.

Por una parte tengo ganas de regresar a la rutina para contar todo, para reescribirlo todo, para perder ese maravilloso tiempo, para dejar constancia de nada, nada, nada.

Por eso he nadado tanto, por eso.

miércoles, 28 de julio de 2010

Sinfónico automatismo

Los goznes de las puertas serán abiertos
tan pronto como vengan las retinas a encerrarnos.

Hay una leña donde han crepitado los ángeles
cautivos de detenerse a decir sin embargo.


El ala ha venido a volarme, el ala.


Yo he subido a un invierno donde era posible
la náusea del termómetro y la nube estaba
encandilada con la forma de su costumbre.


El coro sabe lo que dice y por eso han llorado
en el pentagrama los recreos de las estrellas
que salieron a pasearse tal y como estaba
previsto.


Toda la leche del ojo del ciervo estuvo contenida
en el corazón de la albahaca los meses en que es normal
que lloren las estatuas.


Es más grande que el mundo el sinsabor del violinista
para la fuga que le fue concedida
por haberse portado bien en el tímpano.


Se ha encerrado la muchedumbre a escuchar nada
pues hay un loco suelto que les ha quitado
el sonido de las olas.


Y el loco está sordo y es eso lo que temen,
el loco está sordo.


La ventana se ha asomado a través de mí
y me ha visto tan poco tan poco y tan lejos
que habría jurado que yo era una ventana
desde la que se ve el viento.


Y es poca la altura de las catedrales
para ver el pentagrama, es poca
pues el loco ha sabido decirnos basta
hasta que llegó el tiempo con su comba.


De todos los ríos es sabido el huérfano
que han arrastrado hasta la cabeza,
de todos los ríos es sabido el hueso
en que se ha quedado la muchacha.


La lancha ha salido en busca del sentido
y ha pescado cuatro gabardinas
donde fueron a abrigarse las vírgenes
que quedaron tras el alféizar.


La lámpara tiene una alegría inexplicable
y la bombilla ha hablado con los astros,
pues ha imitado con tanto éxito el bostezo
de la estrella que se ha tumbado en la toalla.


¡Basta, basta!
Mi madre me quiere porque mi ojo machacado
en el mortero de la madrugada
se parece al eclipse de la represalia
donde han gritado las cocinas.


Se ha empeñado el erizo en empeñarme
los cabellos, ¡cosa curiosa!
Tienen sus esfinges la forma del pétalo
siempre que no nos ha querido la mujer.


Yo he querido al amigo tanto tanto
que al abrazarnos fue necesario separarnos
con los mordiscos diminutos
de tres hormigas que sabían tocar
el contrabajo.


Cuando pude viajar en el tiempo,
como es habitual en septiembre,
besé con tanta fuerza a Beethoven
que tuvo que escupirme una música sublime
antes de que mis ojos tuvieran los brazos
de la escopeta.


¡Melena el viento, melena!
La noche estaba tan triste que los nietos
de las brujas salieron a consolarla
con la poción del cenicero.


¡Y está cuerdo el regreso, está cuerdo!
Pues en cuanto vino hubo una estampida
de manos que sabían tocar con precisión
la pared donde nada había todo el rato.


Tan pronto como emigré de mí
supe echarme de menos con la fuerza
de cuatro manivelas.
Tras ellas estaba el parte que daba fe
de mi sábana y eso me hizo dormir
siete sillas hasta el verso siguiente.


¡Penitente, penitente!
Habremos de rezar siete calabazas
para que nos perdonen los excesos.


No pasará nada, no pasará nada,
hasta la ola,
no pasará nada.


Pero que vengan a despertarme los altavoces
donde han cantado los pájaros del adviento,
que vengan a susurrarme los latidos
donde el viento gritaba en alemán,
que vengan, pues más hermosa que la vida
es el genio, más hermosa,
y eso dice el bosque antes de echarse la manta
del testamento de la ubre.


¡Trampa el mundo, trampa!
Es necesario el esguince para ver el esqueleto
de la alegría en los tacones del bastardo.


Mas habrá un daño irreparable en la descarga
donde ha bebido el aquelarre
y la pena merecida tendrá el hambre de las siestas
cuando fueron interrumpidas con el credo.


¡Ceberos quiero, ceberos!
Pues no cabe en el mundo mi alegría
cuando el coro se ha callado,
¡no cabe!


Tanto he huído de mí y tantos saltos
he dado en evitarme
que me he encontrado llorando en la laguna
donde no flotaba nada,
salvo la trampa donde eran dignos
los acordes del talento.


Por eso espero la escotilla,
por eso espero.