jueves, 9 de diciembre de 2010

Isel, la inmigrante

Isel,
guapa sin límite,
demoníaco tazón
de leche tibia.

Isel,
depravada dulzura,
desproporcionada
ignición de sueños.

Isel
a los pies del mediterráneo,
resucitando a mis muertos
con su ojo-catamarán.

Isel
llorando a medianoche
por las faltas de ortografía
del mundo,
por las faldas y geografías
del mundo,
por la inmigrante Isel,
por la prejuzgada Isel,
por los puestos
de marionetas
del mundo.

El pecho de Isel,
comestible frontera,
donde no está prohibido
nada.

Los ojos de Isel,
selvático milagro de lumbre
donde el poeta asume
su carencia de palabra.

Isel,
guapa sin límite,
concupiscencia libre
de delitos,
culpable tan sólo
de la erección de mi alma,
del trueno del cadalso.

Isel, Isel, Isel…
Lo que me gusta decir su nombre…
Isel.

1 comentario:

Parentesis dijo...

Llevaba un tiempo sin leer por aquí (sin leer por ningún sitio). Pareces feliz y me alegra.

Yo, de momento, intento escribir alguna cosa que otra. En un sitio nuevo.

V.