sábado, 27 de junio de 2026

Trompo












Yo podría vivir en la mandíbula de Hegesias,

y echar mi cobertor sobre todos los abismos,

atrapar el vuelo de la golondrina con mi paño

y escarbar en los huertos vacíos del presente.


Despierto siempre la nuez dolida de mi boca,

hay en ello el temblor de una roca anhelante,

no hay sitio para el murmullo de mi cabeza:

renglón que cubre el espacio de mi cerebro.


La cuerda de todas las palabras que me grito

la envuelvo en el trompo de mis soledades

y así lanzo a rotar el pensamiento deseante

sobre el azulejo interminable de la bruma.


Hay un no dormir, una abolición del término 

en cada paso de mi chancla, un entender 

que no dejarán de perseguirme los caballos

que, constantemente, huyen de mi maleza.


viernes, 1 de agosto de 2025

Llamas rojas

 











Soñé con llamas cubiertas de estandartes,

sus cuerpos eran brasa domada por la honra,

marchaban con el silencio de los confines 

como el ejército antiguo de mis dolores.


Sobre ellas cabalgaban guerreros del sueño,

con pechos de escudo, rojos de coraje,

con ojos que miraban la sangre de los soles,

la sangre de sí mismos en los arroyuelos.


Yo llevaba puesta la única armadura 

que llevan los cuerpos de la desmemoria

al sitio donde el alma olvida su obediencia

y es hermosa e inevitable la riña.


Desperté, el pecho ardiendo como un campo,

el azor sobrevolando mi frente en la altura.

En mí, además del labio, algo vestía de rojo:

arúspice esparciendo llamas sobre las llamas.

sábado, 19 de julio de 2025

Casa da Eira













Hay piedras grandes hechas para abrazarlas,

caminos que llevan a caminos, nubes a nubes,

un tren atraviesa el cuerpo sosegado del río

por campos llenos del pico de los sinsontes.


Uno no debería marcharse del sitio encontrado

si en él abunda ya y rebota lo genuino,

¿Por qué huir de la batalla tranquila,

del tiempo fresco y de las casas viejas?


Si uno no se mira salvo en ciertos espejos

y vive generalmente hecho de ira y de trapo,

a qué regresar a la hoguera enardecida,

donde la piel no es sino grima y baluarte.


Abro las ventanas de la casa de la era

y desde aquí veo la vida puesta en terrazas:

a un lado el deseo, al otro, la caída segura

y en medio el camino estertóreo de lo manso.


Aquí cuelga de mi esternón la feliz aldaba,

mis ojos tienen siglos, mi pie pertenencia,

una sangre de anguila recorre esta entrada,

afuera amanecen dormidas las lucernas.


lunes, 14 de julio de 2025

En el lugar sin bordes











Hay una cosa que me alivia: no he nacido aún,

no soy hombre, ni esposo, ni padre;

no tengo rostro definido, ni el amor

me espera tumbado en las colinas melladas.


Aquí, donde me descanso no hay luna,

no hay soles que me señalen el camino.

La luz —si la hay— procede de lo oscuro,

de la pupila del gato y el limonero.


No ser el refugio de nadie me refugia,

no ser el abrigo me abriga, no ser nada 

me reencuentra con el viejo amigo:

ese uno mismo siendo otro para sí.


Floto sin orilla, en eso consiste llegar,

en mantenerse en el lugar sin bordes,

lugar de la geometría perversa, el filo

donde reside la paz de no tener historia.

viernes, 27 de junio de 2025

El umbral











No me habléis de avenidas ni de pactos,

yo vine a recordar lo que fui antes del verbo.

Cuando aún no sabía nombrar la sed ni el filo 

y bebía del hueco de mis manos la herida pura.


Kaspar guardaba un caballo en la memoria,

uno solo, galopando en la noche de su celda.

Yo también sueño con un encierro claro,

donde no entren las palabras ni los padres.


Ser la raíz que no sabe lo que el tallo pretende,

como Victor, que lamía la escarcha y los sauces

y no aprendió a conjugar las palabras grises

mientras dormía con los ojos abiertos al eco.


Amala y Kamala aullaban como quien reza.

Desnudaron de su nombre hasta el pelaje.

Y así, sin culpa, se tendieron en lo oscuro

como si la luna fuera madre y no adorno.


Yo también quisiera quedarme en el umbral

que es el rincón perfecto de los lugares.

Tendido allí he de encontrar la espesura

del niño salvaje que fui antes de obedecer.

viernes, 6 de junio de 2025

Surco











Carezco de familia y de identidad,

carezco de objetivos y de altura,

pero no cesaré en mi empeño de enaltecer

aquello que es silencioso y libre y salvaje,

tres cualidades que tiene mi sensación 

pero no mi cuerpo ni mi fecha.


Todo lo estertóreo me relincha 

y me mueve más por dados que por renglones,

recorro caminos con más hierba que sentidos,

caminos sin huella, caminos sin lindero

que conocen solo los lirios y los espejos

y las bastas higueras y sus zánganos y triles.


Nada arde tan lento como una bandera,

cuyo color no me es extraño. Hedor similar

a la muerte, similar al uñero, rancio

como la axila que es también frontera 

del cuerpo, un olor ahora inolvidable

como las pecas del vacío y la sepultura.


Carecer de anclajes tiene el peligro de la vela,

de llegar deprisa a una verdad de temblores,

comprender que la cabeza es un punto,

que la boca una raya, el oído un sumidero,

el planeta una casualidad azul, empecinado 

en moverse a imagen y semejanza nuestra.


Mis únicos semejantes son los pedruscos

y los pies llevados por la alpargata del tiento,

no tengo afines, no tengo guías ni amigos,

tiempo ha que mi objetivo es carecer de islas,

evitar la ristra, la encerrona, el advenimiento 

de algo que me sacuda y me haga recluso.


Esta soledad abismo es algo que se elige

cuando en derredor se pudren las azucenas,

es forma de carecer de patria y comprender 

que el cuerpo contiene el único surco arable,

que el mayor enemigo del tiempo es la hora,

que ser poeta es temblar y no guarecerse.


sábado, 17 de mayo de 2025

La deriva













Solo puede caminarse a la deriva.

Ya está bien del fin.

Hay afuera toda una vida sin propósito.

Tálate para sentir el pie descalzo

y riega aquello que antes era aurora.


Ese día sin relojes se percata:

las flores crecen ya de las brújulas

y rotos al fin gafas y alambiques,

guiaré mis pasos por la ruina verdadera.


Solo puede caminarse a la deriva.

Decir basta a la nueva oportunidad.

Criar a los hijos entre peligros e inventos.

Trepar tapias como forma de guarecerse.


Ya. Está. Bien. Del fin.

Me daré prisa moldeando sumideros

por los que escurrir los nuevos pálpitos.

Llamaré desequilibrio a la estabilidad.


Y ahora ya nuevo y funambulista,

caminando tras el rastro de los poemas,

sobre una cuerda hecha de serrín y espejo,

siento en mí el aire que ni estima ni sopla.

viernes, 9 de mayo de 2025

Olea











En un sitio verdadero llamado casa o trasluz,

en una montaña de vacas y monte y aldea,

rechinan las bisagras del mundo, cabras

miran muy fijamente el paso de la visita.


A veces llueve, a veces beben los terneros 

la leche caliente de la galaxia enmohecida.

Es hermoso llenarse el pulmón y decir basta,

y caminar con la fascinación del lustro nuevo.


Aquí puedo decir que soy algo como la hierba

que rumia muy lentamente el solar del camino,

algo como el deseo, nube que se desparrama  

y se lanza y llueve sobre el ombligo del prado.


No hay como asistir al nacimiento de los ríos,

para descubrir, de la ciudad, su insignificancia.

Aquí yo broto, allá soy lentamente absorbido

por aquella casa que hierve, cubil deshabitado.

jueves, 17 de abril de 2025

Las edades












El baúl entreabierto de las edades

André Breton


Ese sol de brumas interiores 

y esa perla aciaga de tinta y de veneno,

serán alguna vez mi casa derruida

y el colchón sensible de los temblores.


He subido algunas cuestas increíbles,

dotado más de enigma que de piernas.

La vida es cuándo, el amor es qué,

el mar, un hervidero de preguntas.


Si fuera por este torcerse de palmeras,

y por ese verde ahora repartido,

bastaría con clavar en mí la azada

y trazar un surco de baúles y poemas.


No puedo abarcar todavía mis edades,

que nacen y envejecen, resisten y se agrupan,

allá camino niño encerrado en una mano,

allí viejo asiendo el mar con una cuerda.


Estar a todas luces embriagado y oscurecido,

ansioso por saber adónde fueron las palabras;

quizá sea ese mi camino: buscar lo obtuso,

gritar como forma de abrir las envolturas.

viernes, 14 de marzo de 2025

Las manos de la abuela











Yo cogía tu mano arruga, tu mano raíz,

y árboles frondosos me rodeaban.

Tu vida ha sido ese desierto postergado

y el dolor de una lluvia sin oasis ni vera.


Yo cogía tu mano jengibre, tu mano violeta,

y vivía tus periplos de lonjas y hospitales.

De un gancho colgaba un conejo bocabajo

de cuya nariz goteaba la sangre y el tiempo.


Yo cogía tu mano de arroz, tu mano tubérculo,

y en ella viajaba a través de los surcos

que hace en la tierra el arado. Escucharte

era habitar el espacio, hacerlo destruible.


Yo cogía tu mano de pan, tus dedos espiga,

y mi corazón se volvía lejanía y murmullo,

mi niñez fue la de un verso vigilado,

y la del arroz amarillo vibrando en la olla.


No hace mucho que agarré tus últimas manos,

tus manos caídas como dos injertos de lirio.

Si mi vida se sustentó en caricias y aplausos,

qué son las manos cuando ya no se alcanzan.

sábado, 18 de enero de 2025

Huebra


Yo también fui joven en otro cuerpo

y reuní en torno a mí todas las señales,

mi corazón estaba solo y desatendido

como están generalmente los corazones

que aman sin reserva.


Era mío absoluto el don del aguacero,

fijaos, no era racional y de ahí mi compostura,

fijaos, yo más que un ser era una bestia

visible como el trino y no tanto como el oso

cuya zarpa miente y duda.


No recuerdo haber tenido frío o mancuerna,

tuve masa y volumen pero nunca cuerpo;

mitad película, mitad bruma, mitad tesoro,

yo era un salir de mí mismo hasta el punto

de no tener cirio ni puerta.


Y puesto que, además, mi vida era un secreto,

mantenido frío, concreto e incluso soslayado,

podía dejar de mirar, de sentir y de ser persona,

y así conseguía dibujar en cemento la huebra:

esa fila de pájaros y loanzas.


Y ahora que queda de mí este castillo atacado,

con su torre para el fuego, la ida y el poema,

recuerdo mirar por el esmeril —rojo, huidero—,

y preguntarme por qué no me alcancé cuando 

de un solo ladrido pude hacerlo.







domingo, 22 de diciembre de 2024

El ciclo de mi agua

He bebido de todos mis charcos,

chapoteado sobre mi sudor,

mojado mi camino con destierro

regado de ciencia y de poesía.


Soy el ciclo de mi agua, soy

el tumulto de mi antifaz,

me he prendido tantas veces

que no reconozco mi hoguera.


Carteles cuelgan de mi frente

para pedir mi búsqueda,

nubes con la forma de mi cara

llueven sobre el rostro de mi hijo.


Algunas palabras me piden

salir al trasluz de mis ventanas,

y esto ocurre los días dorados,

las tardes absurdas de neblina.


Volveré alguna noche a visitarme,

justo el momento en que no esté en casa,

ancha es la era por la que me pierdo

y basto el bastón sobre el que medito.

domingo, 15 de diciembre de 2024

Extraño en un tren












Hoy sí reconozco el fluido mundo de mis adicciones,

mi corazón es una orquesta de músicos febriles,

mi cabeza deja de sopesar el bien y el mal en su ahora,

no veo sino el paso siguiente del tren que descarrila.


Todo yo soy la vía que une mis sitios,

pero están estos perdidos, maniatados,

nadie sabrá nunca lo que estoy haciendo 

pues tampoco yo sé si algo va o llega.


Si pudiera elegir estación la llamaría huida,

sería ese lugar donde gritábamos despiertos,

allí sueño con estar algún día, en su bosque,

en la cima misma del apagón y la aventura.


Pero, puesto que estoy sobrio y duermen los niños 

y todavía los pájaros no discuten y hay sombras verdaderas,

viajo tan quieto como puede hacerlo una estatua,

tan malherido como el animal que he atropellado.

domingo, 1 de diciembre de 2024

Las noches extraordinarias


La noche canta lugares extraordinarios,

mete su lengua de luna en los cobijos,

mece mi sangre y la tuya, duerme en un sofá

grandioso donde se agolpan las cancelas.

 

En esta noche serán posibles los misterios,

paseará tu fantasma y tu isla y quizá el espectro de nuestros padres.

Yo diré algo inesperado:

 el azote de este azor será la última noticia,

vendrá a mi vena la entera obstinación,

cantaremos sinfonías mientras dormimos

abrazados sobre los truenos o, más aún,

esperaremos a la nueva canción,

al hielo cambiado para recordar aquellos cigarros,

aquella piel, aquella urdimbre.

 

Sí, la noche canta lugares extraordinarios.

Aletea su mano inquieta por los cuerpos solos,

humilla la tenue luz del cenicero,

hace que se besen bielas y bigotes.

Qué lugar aquel que todo lo colorea,

con el pánico y la emoción de la juventud y la algarada.

 

Se puede, pero no se quiere dormir

a la espera de los hechos extraordinarios.

Quizá en la siguiente canción algo suceda,

quizá me arrope un brazo nuevo,

quizá serpentee mi olfato faldas y cinturones...

pero siempre ocurre lo mismo,

nuestra soledad es la noche

y eso es lo extraordinario.

miércoles, 8 de mayo de 2024

Aires sin disculpa





Se arrasan todos los aires

sin disculpa...


Vicente Aleixandre 


Hasta la lentitud la he querido siempre 

de inmediato. Tu carne vieja, tu vida noble

son el secreto naranja de mi obstinación.

Todo lo que te dijeron imposible: ¡alarma!,

lo que no se podía hacer: ¡adelante sin duda!

Pero yo he ido más allá arrasando los lirios 

y las caras invencibles de la expectación.

Ha habido en mis aires languidez y ruina, 

y todo lo que he construido ha sido derrumbe,

pero voy con los ojos perdidos a las azoteas

desde las que diviso mi siguiente perdición.

Ese que veis allí seré yo dentro de un rato

intentando escalar la lluvia, romper el miedo,

rumiar la ira hasta convertirla en mecedora,

vestir de azul ligero el color del abrojo

y modelar poemas en el horno de fundición.





sábado, 27 de abril de 2024

Museo arqueológico













Sobre el cuello llevo una pecera 

llena de ídolos oculados, fíbulas,

ajorcas, ruidos, nombres, dudas

y cabezas llenas de equivocaciones.


Sufro los ataques repentinos

de flechas lanzadas contra el sílex;

camino, respiro profundo y cavo

la fosa profunda en la que duermo.


Tú me dirías: miente y pon almizcle

sobre el timaterio, luce el ámbar

de tu techo artesonado y distrae

la peste con téseras y fusayolas.


Pero yo ardo de verdad cuando grito.

Tú me dirías: cierra tu ungüentario

y esconde la hoja de tu falcata;

pero yo no sé hacer nada salvo sentir.

miércoles, 10 de abril de 2024

SOLO











Estaba solo el día que nací, salí solo

y vine al mundo solo, me abrazó mi madre

estando solo y solo me llevó a su casa

donde me crié irremediablemente solo.


A la escuela fui solo, aprendí solo,

jugaba solo con mis compañeros,

yo era el escondido, solo siempre, solitario,

rezaba solo y pedía a Dios por mí solo.


Crecí más solo que nadie, solo solo,

murió mi amiga y me quedé solo,

me vine a Madrid solo donde nuevamente 

y para variar me encerré y estuve solo.


De todo huí solo, de la soledad solo,

de la compañía, solo, no me gradué solo,

escribí y pinté solo, trabajé solo, enseñé.

Conocí a mi amor solo en la sola tarde.


Me casé solo, me dije: te quiero a ti solo,

y viví feliz solo, en mi casa solo, hablando

cada hora solo, conmigo solo, solísimo.

Decidí tener un hijo solo y solo así llegó.


Planté árboles solo, solo escribí poemas,

solo en las calles y en los bosques,

todos pueden asegurar que estuve solo

y bebí solo y comí frente a mí mismo solo.


Cuando te fuiste estaba solo, era marzo

y vi tus ojos solos mirándome solos, qué solos,

me fui solo y supe que debías marchar sola

y me dejaste solo justo como antes estaba.


Y ahora medito y pienso un miércoles solo,

en la cocina solo, en el parque solo, en la vida.

Me despidieron y estaba solo, me llamaron

y me quedé más solo, aún más todavía.


Me queda la esperanza al menos de lo solo,

de este silencio de uno mismo, el grito solo,

la mudez extrema, el ojo mirándose solo

y ya ni despedirse para quedar, ahora sí: solo.

Una extensa denuncia contra nuestro siglo











—Limpio un poco el polvo —explicó Ignatius al policía—. Además, estoy escribiendo una extensa denuncia contra nuestro siglo. Cuando mi cerebro se agota de sus tareas literarias, suelo hacer salsa de queso.

La conjura de los necios. John Kennedy Toole


Hoy quisiera escribir en los azulejos 

una extensa denuncia contra nuestro siglo,

pintar los bisontes del mañana

con la misma sangre de mi nariz.


Pero estoy callado en la orilla del mundo,

mojo los pies de mi hijo en este nuevo mar...

Hace un mes que la abuela tenía ojos

que me miraban aún desde su cuerpo vencido.


Hoy comprendí una vez más, ¡sorpresa!,

que solo esta belleza no será corrompida,

ellos seguirán moviendo hilos, runas, trizas...

y yo plantaré siete poemas en los bancales

y algo saldrá de ahí quizá mañana, a lo mejor

nunca: solo mi hijo, no nacido de mí,

será lo único que yo deje en la tierra.


Por eso digo que hoy ya he escrito

una extensa denuncia contra los necios,

pintaré las flechas invisibles del cazador

en la frente de la nube alta.


miércoles, 27 de marzo de 2024

La muerte











La muerte no es ni siquiera algo,

no está, no acecha, nada interrumpe,

no ronda ni pasea su hambre fija

por las pieles viejas del abecedario.


La muerte está a todas horas aparecida,

es un invento azul de los destructores,

enciende el candil de las calles y los pinceles

y duerme bocabajo sobre el aliento del niño.


No enseña nada a la persona a que se abraza,

su manto ni despide ni deja un rastro seguible,

su soledad es la soledad misma de lo humano,

creadora de girasoles en un lugar sin estrellas.


La muerte nunca ha estado en nuestros planes,

vino desfigurada en la caravana de los tuertos,

siembra en la boca su árbol naranja de mugres

y dice adiós su garza sin ni siquiera despedirse.


Te llevó una tarde de siestas y brisa amarilla,

a primeros de marzo cuando la flor se enturbia,

tenías los ojos tan abiertos como ella la panza,

te llevó su luna pero yo me quedé aquí contigo.

miércoles, 21 de febrero de 2024

La soledad es una especie de locura
















La soledad acompaña vehementemente. La soledad es una especie de locura.

Cruzeiro Seixas


Me gusta transitar lugares solitarios,

dejar el dolor en los riscos, vaciar

un cuartel de máscaras en el lindero

y esparcir la tristeza: serrín del alma.


Me gusta ir dirección al sol pensando

que en él está mi cabeza, que la luz

es aquello que desgrano, que unos pasos más

y al fin podré pensar de verdad: sin cuerpo.


Pero la realidad es esta ceniza que va cayendo

y voy colocando en almendros y madrigueras;

en algunos nidos encontraréis mi corazón:

altavoz hecho con dientes mellados de aves.


Me gusta, sí, transitar pasillos misteriosos,

mirar hacia atrás y comprender de repente

que Dios hizo inabarcable el universo

para que entrara en él completa mi soledad.