domingo, 2 de mayo de 2010

Mi madre


Mi madre:
milenario sostén,
puré de guantazos,
acinética palanca
contra el cariz
del mundo.


Las hebillas de mi madre
metálicas como los
remordimientos,
los ojos de mi madre
rellenos de lagartos,
los lagartos rellenos de escorpiones,
los escorpiones rellenos de cajitas
de azafrán.


Mi madre:
culpable de no haber hecho
nunca nada malo,
mi madre culpable, por tanto,
de no haber hecho
nunca nada bueno,
mi madre culpable
de haberme hecho
dos veces
mal.


Mi madre presa;
el caudal de mi madre
de cincuentra y tres
antártidas por segundo.


Mi madre sentada
a la sombra de un sauce,
la sombra del sauce
igual a la silueta de mi padre,
mi padre con voz de revólver,
la ceja de mi madre
con forma de fusil.


Mi madre tectónica
de silencios explosivos,
mi madre querida
parida
por mí.


Mi madre
que no sabe de poemas
y los llora todos
por si acaso.


Mi madre,
parecida a la tuya
sólo que la mía
es mejor.


La madre,
la madre de mi madre,
la madre de la madre de mi madre,
la madre de la madre de la madre de mi madre,
la madre de todas las madres,
la multiplicación,
la consecuencia,
mi madre:
nosotros.

1 comentario:

Verónica dijo...

Siempre he querido escribir algo sobre mi madre. Pero no sé, soy incapaz. Supongo que se lo merece tanto que me asusta no estar a la altura.

Pero tu madre tiene que estar contenta. De ti, de tanto, de que la digas así.